Roberta Jacobson y sus paisanos invisibles en México
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Roberta Jacobson y sus paisanos invisibles en México
Roberta Jacobson. Foto: Sáshenka Gutierrez/EFE.
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Una de las gestiones más activas que tuvo la embajada de Estados Unidos en México fue la de Roberta Jacobson durante 2016 a 2018. Incluso, siendo una pieza clave del gobierno de Barack Obama, ella logró quedarse un año y medio más en su cargo durante la presidencia de Donald Trump. 

“Me encanta el país y empecé a conocerlo cuando me tocó ser directora de la oficina para asuntos mexicanos durante la presidencia de Vicente Fox. Es la zona más importante para Estados Unidos en el hemisferio occidental y yo comencé ahí en 2002 sin preconceptos, lo que fue una ventaja”, me contó poco antes de armar sus maletas y regresar a su país. 

Ella sí le quitó todo el almidón a su puesto, y se volvió una influencer en Twitter donde recomendaba platillos en puestos de toda la ciudad, bailaba en el Salón Los Ángeles o hacia colecciones de fotos de jacarandas de la capital.

Fue la primera embajadora en sumarse a las marchas del orgullo gay en Avenida Reforma. 

Durante su gestión en México una de las tareas más valiosas y humanitarias que realizó fue el proyecto ‘Documéntate’ (Get Documented!) junto con la Secretaría de Gobernación (Segob).

Fue un plan para darle la doble nacionalidad a niños nacidos en Estados Unidos pero que regresaron a vivir a México (ya sea porque su familia fue deportada o simplemente fueron enviados a ser criados por sus abuelos). 

No son pocos: según los cálculos de la embajada estadounidense serían unos 600 mil menores. “Ellos tienen el derecho a tener un pasaporte de Estados Unidos”, me contaba Jacobson poco antes de dejar su cargo a Christopher Landau. 

Bajo la doctrina de jus soli que aplica EU y la mayoría de los países de América, cualquier persona nacida en un territorio tiene derecho a la nacionalidad de ese lugar.

En medio de toda la confrontación con la que Donald Trump había llegado a la Casa Blanca, en medio de una nueva política migratoria donde aumentaron las deportaciones de indocumentados y la permanente amenaza del famoso muro fronterizo, Jacobson siguió adelante con esta cruzada de legalidad que debía ser del agrado de las políticas que imponía la administración republicana en Washington.

Muchas familias migrantes, por miedo o por no conocer el valor del nacimiento de sus hijos en Estados Unidos, no se acercan a las autoridades de ninguno de los dos países. 

Roberta Jacobson armó un plan con Segob y era su embajada la que se acercaba directo a las comunidades (en Oaxaca, Jalisco, Guanajuato, Michoacán y la línea fronteriza) para ofrecer esta oportunidad a los niños, todos ellos sus paisanos aunque no lo supieran. 

Este trabajo binacional sirvió para darles la doble nacionalidad y garantizar a estos niños el pleno ejercicio de sus derechos y el acceso a la salud y la educación en su país de nacimiento. Tener pasaporte estadounidense les daba la oportunidad de regresar de manera legal para estudiar y trabajar en el país donde nacieron, sin importar el estatus migratorio de sus padres.

Hasta que dejó su puesto en la embajada, Jacobson había logrado entregar hasta dos mil pasaportes por mes a los niños ‘invisibles’, sus paisanos. 

Esta anécdota, este trabajo poco conocido de Roberta Jacobson me da mucha esperanza sobre cómo tomará las riendas de la relación fronteriza con México y la enorme carga migratoria que quedó de este lado de la frontera con el programa Remain in Mexico que se acordó en 2019 en medio de las amenazas de Trump de poner aranceles a las exportaciones mexicanas si no solucionaba el tema de las caravanas migrantes. Se calcula que a diciembre de 2020 había 68,500 migrantes en el lado mexicano de la frontera norte.