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Juan Carlos Baker
Sin arancel

El primer día en el nuevo empleo

Juan Carlos Baker

Es imposible no hablar del nuevo presidente de EU. A través de películas, libros y en general de la cultura popular, se ha retratado siempre al habitante de la Casa Blanca como un persona importante, sumamente poderosa, y cuyas acciones (buenas o malas) tienen repercusiones globales que, directa o indirectamente, pueden llegar a impactar nuestro entorno.

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Joe Biden firma sus primeras órdenes como presidente de EU. Entre ellas, los nombramientos de su gabinete. Foto. AFP

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Joe Biden asume la presidencia en un punto de quiebre para Estados Unidos. Durante la última década y media -aproximadamente desde la crisis financiera del 2008- se ha señalado la “decadencia” de ese país, a la vez que se ensalza a China como la siguiente superpotencia. Parecería como si un espíritu de derrota hubiera poseído a la opinión pública y académica, al punto de que -en mi opinión- Donald Trump ganó la presidencia en 2016, en gran medida, por ese sentimiento de angustia y abandono que se ha extendido hacia una buena parte de la sociedad estadunidense.

No nos detendremos aquí a discutir si eso es acertado o no; baste solamente decir que, después de la catástrofe que representó la administración Trump, esa angustia parece haberse transformado mágicamente en esperanza solamente por la elección de Joe Biden.

Ciertamente el cambio en las formas, la comunicación, el lenguaje y los protocolos del nuevo presidente son bienvenidos. También es muy reconfortante saber que la persona a cargo del mayor arsenal nuclear del mundo se apoya en gente preparada y toma decisiones (aparentemente) más racionales. Incluso, es un agregado escuchar que el presidente tratará de reposicionar a EU. en los debates mundiales, apoyándose en las instituciones que sustentan el sistema multilateral.

Pero no debemos de caer en el error de pensar que, solamente porque se fue Trump y llegó Biden, todo cambiará para bien, de forma inmediata, para EU y el mundo.

Para muestra, tres botones. Primero, los retos geopolíticos que representan Irán, China, Rusia y Corea del Norte no aminorarán solamente porque se fue Donald Trump. Por el contrario, si Biden quiere atender estos temas, antes deberá reconstruir puentes con los aliados tradicionales de EU (en Europa como en Asia), que resintieron profundamente los arrebatos de Trump.

Segundo, el combate al cambio climático y, en general, la protección del medio ambiente son un pilar muy importante de la agenda del nuevo presidente. No hay duda de que son temas fundamentales para el futuro de la humanidad pero, en estos momentos de crisis sanitaria y económica, cabe preguntarse ¿cómo se va a financiar esa agenda? Especialmente hoy, que la economía estadounidense está profundamente afectada por el Covid-19. ¿Y qué hay de la pérdida de competitividad temporal asociada a la transición energética de las tecnologías y las principales industrias generadoras de empleo? Además, con la cancelación del oleoducto Keystone, EU podría estar a las puertas de un nuevo conflicto con Canadá. 

Tercero, la agenda migratoria. Como en otros temas, se ha especulado mucho sobre el cambio que la administración Biden podría inyectar en este tema. Entre las primeras órdenes ejecutivas que firmó se encuentra el apoyo a los “dreamers” y un llamado al Congreso para trabajar en una reforma migratoria integral. Con cada cambio en la presidencia de EU hay renovadas esperanzas de que esta reforma, al fin avance. Seguramente Biden tiene claro que ese fue uno de los grandes pendientes de la presidencia de Barack Obama, y por lo tanto sabe que no ha sido posible, en casi cuarenta años, lograr avances significativos en esta agenda por razones e intereses enteramente políticos que siguen vigentes.

¿Y México? En nuestro caso, el presidente Joe Biden ordenó detener la construcción del muro en la frontera, tan identificado con la postura de Donald Trump y tan ofensivo para nuestro país. Además, de acuerdo a los reportes que se hicieron públicos, durante la llamada de Biden con el presidente Andrés Manuel López Obrador, se tocó ampliamente el tema migratorio. Una primera prueba de fuego será cómo se tratará a la caravana de migrantes que se dirige a EU en estos momentos. Aunque México, EU y Guatemala acordaron cerrar su fronteras, es ingenuo pensar que la caravana simplemente se disolverá.

En este tema, así como en la agenda económica, ambiental, social y de política exterior, el presidente Biden primero tendrá que conseguir el apoyo del Congreso. Aunque los demócratas controlan ambas Cámaras, eso no garantiza un respaldo absoluto y automático a todos los temas que presente Biden, quien tendrá que negociar cada propuesta. Y en esa negociación, naturalmente, se tendrán que reducir o modificar ambiciones, para llegar a compromisos.

Por lo tanto, creo que debemos ser prudentes respecto de nuestras expectativas de la presidencia de Joe Biden. No tengo duda de que será mejor que la de Donald Trump, y que hará su mayor esfuerzo para recomponer el rumbo de su país, pero no será fácil ni tampoco rápido.

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