Infodemia y Noroñemia
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Nacho Lozano es periodista y autor. Ha sido reportero y presentador de noticias para radio, televisión e internet desde hace dos décadas; editor y columnista en diversos medios impresos nacionales e internacionales. Es presentador de Noticias Telemundo. Twitter: @nacholozano

Infodemia y Noroñemia
Foto: Presidencia De México/EFE.

Y sucedió: el presidente Andrés Manuel López Obrador está contagiado de COVID-19. Espero que se recupere pronto, lo necesitamos todos.

Por eso hoy más que nunca es importante insistir en que la infodemia, las noticias falsas, pueden multiplicar los contagios y ser más letales que la COVID-19 mismo.

Acaso las más visibles han sido las propagadas por el mismo presidente y su Sancho en esta odisea pandémica, Hugo López-Gatell, subsecretario de Salud.

El 12 de marzo del año pasado, cuando la pandemia tomaba vuelo, el presidente dijo  frente a medios nacionales y extranjeros,: “Hay que abrazarse, no pasa nada”. Falso, sí pasa, mire cómo vamos con las muertes y contagios.

Días después, el 16 de marzo, López-Gatell, enemigo del cubrebocas, explicó por qué no se le aplicaba una prueba al presidente López Obrador: “No sirve de nada saber si es positivo o negativo porque la atención médica de una persona con Covid-19 es exactamente igual, se sepa que tiene o que no tiene el virus”. Ahora que sabemos de nuevas mutaciones, ¿en serio no son necesarias “pruebas, pruebas y más pruebas” como recomendó la Organización Mundial de la Salud? Para López-Gatell no y dijo el 27 de mayo que sería “un desperdicio de esfuerzo, de tiempo, de recursos”, okey, Juan Camaney. Las consecuencias nos tienen a todos con miedo.

Ah, pero como somos únicos, semanas antes, en marzo, López-Gatell se aventó esta perla negra: “La fuerza del presidente”, como si fuera un Avenger, “es moral, no es de contagio”, y mire usted, el Presidente ya se contagió.

Falso que una estampa religiosa evite contagios de Covid-19, como declaró el presidente en ese mismo mes:  “El escudo protector es como el detente… El escudo protector es la honestidad, eso es lo que protege, el no permitir la corrupción”, bajo esa lógica ¿el presidente se contagió por ser deshonesto y corrupto? 

La otra pandemia en el planeta y que pega particularmente a México es el de las violencias contra las mujeres.

Esta semana dos casos acapararon nuestra atención: el del diputado Noroña, que como político es un gran show, y el de Vicente Fernández, quien como feminista es un gran cantante.

El primero se tardó más de una año en aceptar haber violentado a su colega diputada Adriana DÁvila, del PAN. Y como el miedo no anda en Noroña, Gerardo Fernández acató a regañadientes la sentencia de la máxima autoridad electoral que le obligaba a disculparse o perder la posibilidad de reelegirse como legislador.

Y es que Noroña había dicho que Dávila era “más bocona que la chingada” y pidió que le hicieran llegar elementos para “ponerle una chinga la próxima vez que abra la boca”. Por eso publicó esto: “En esta disculpa pública acepto”, parece que voluntariamente a fuerzas, “la responsabilidad derivada de mis expresiones políticas y reitero, como lo hice desde el 8 de octubre de 2019 de manera pública”, suenan los violines llorones, pero hay algo en su tono de la voz que me parece falso, “mi solidaridad y respaldo a la integridad y seguridad, no solo de la diputada federal Dávila sino de su familia”

No son menores las palabras que empleó Noroña, porque son las palabras el germen de las violencias en México que pueden terminar en feminicidios.

Por eso también importa el escándalo de la semana que alcanzó a Chente. Hace tiempo lo evidenciaron en un video tocándole el seno a una mujer que se retrataba con él. El cantante dijo: “Yo vi la foto y efectivamente yo puse mi mano primero en el estómago y dije: ‘Se va a sentir ofendida’”, ¿y quién le dio permiso de agarrarle el estómago?, “y subí mi mano, y cuando la subo toman la foto”, ¿y por qué pensó que subir la mano al seno era lo mejor?

La cosa se pone peor cuando el charro dice en entrevista con Mara Patricia Castañeda que ofrece “una disculpa de todo corazón, pero no lo hice con intención”, ojo con lo que viene, “si lo hubiera hecho con la intención, no lo hago allí, la hubiera llevado a las caballerizas”, ¡¿qué?! ¿A las caballerizas a hacerle qué, con qué intención, por qué y con el consentimiento de quién? ¿Por qué sería lo mejor que se la llevara a las caballerizas?

Son los síntomas -la misogina, la falta de respeto a las mujeres, la ausencia de solidaridad con ellas- de una enfermedad -la violencia contra ellas- mortal.

Para ser franco, ni yo los entiendo.