Toc, toc… museos en casa
Archipiélago Reportera cultural egresada de la ENEP Aragón. Colaboradora en Canal Once desde 2001, así como de Horizonte 107.9, revista Mujeres/Publimetro, México.com, Ibero 90.9 y Cinegarage, entre otros. Durante este tiempo se ha dedicado a contar esas historias que encuentra a su andar. Twitter: @campechita
Toc, toc… museos en casa
Museo Soumaya (Wikimedia Commons)

“El cambio de costumbres es el único medio de que

disponemos para mantenernos en vida y rejuvenecernos.

Tal es el objetivo del cambio de aires y de lugar del viaje de recreo.”

Thomas Mann

En marzo de 2020, La colección Galas de México, en el Museo Soumaya se quedó solo con la compañía de las otras piezas artísticas. Así fue con otros tantos acervos y exposiciones, tal como “Otrxs mundxs” en el Tamayo, la colección del nuevo Museo Kaluz y más, muchos más. Permítanme mencionar que en la Ciudad de México contamos con 162 museos, de los 1.398 espacios que hay en la República Mexicana, recintos que posicionan a la capital del país al nivel de ciudades por demás cosmopolitas como Londres, París y Madrid.

Vivimos en una ciudad que tiene el ojo de miles de turistas amantes del arte. Bien, en estos meses de confinamiento hubo una tregua: el 12 de agosto de agosto del año pasado reabrió el Museo Soumaya con todas las medidas de seguridad y campaña en redes sociales para animar a todxs a reencontrarse.

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Fuimos y encontramos muchos turistas nacionales e internacionales, así como chilangos que animados por el impacto de un hashtag lo visitaron por primera ocasión. En total ese día fueron 598 personas las que llegaron al Soumaya, cifra alejada de las 3.000 que antes lo visitaban cada día.

El 19 de agosto la Secretaría de Cultura, a través del Instituto Nacional de Bellas Artes reabrió los museos Tamayo, Arte Moderno y la Sala de Arte Público Siqueiros, durante el horario de visita de 10 a 17hs. En total recibieron a 58 personas en el Tamayo, en el MAM a 44 y 37 en la SAPS. Pasaron cuatro meses y volvimos a semáforo rojo y sin chistar los museos de la Ciudad de México y demás recintos culturales, cerraron sus puertas y otra vez a echar toda la carne al asador con sus contenidos en línea, tal como hicieron al principio de la pandemia, así como en su momento lo hizo el Museo del Prado (Madrid) con El Prado efímero, que sumaba actividades, recorridos y sus propia historia contada por la infanta Margarita de las Meninas de Velázquez y el infante Francisco de Paula, pintado por Goya. 

Otros recintos, como el Museo Interactivo de Economía, en el Centro Histórico (y en línea en mide.org.mx) tuvieron que acelerar sus planes para tener lista su plataforma MIDE digital, otros como el Museo del Juguete Antiguo México (en la colonia Doctores), robusteció los contenidos de su página museodeljuguete.mx y además ha tenido mayor presencia en redes sociales, una labor titánica si miramos con lupa y descubrimos que es un espacio independiente que sin visitas físicas, tampoco tiene ingresos.

Esta misma situación que comparten el Papalote Museo del Niño, el Museo Jumex que desde el día uno del confinamiento ha generado proyectos y actividades para toda la familia, sabían que los domingos tienen sesiones vía Facebook que llaman “Mini domingo: nuestro museo”, donde niñas y niños son animados, entre otras cosas, a crear un museo en casa. ¿cuántos de ustedes las han seguido, han participado?

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Al final, son esfuerzos que no desean quedarse flotando en el océano como mensaje en la botella.

Recordemos que los museos son una invitación a descubrir que el ser humano ha sido capaz de generar obras que conmueven, nos dejan absortos, inspiran y remueven la entraña

Su presencia se vuelve más que necesaria en estos días, meses aciagos, ahí están esperando a que entre los pendientes del trabajo en casa, las clases en línea, las torres de trastes por lavar o esa serie que después de ver cuatro capítulos seguidos te preguntas si sigues ahí, hagamos un esfuerzo por visitar virtualmente un museo a la semana, si tienen hijas, hijos generen en ellos ese hábito y una vez que se acabe todo esto, vayan a tener ese contacto con las piezas.

No voy a olvidar nunca cuando mi hija, siendo adolescente, se paró frente al “Jardín de las delicias” del Bosco y lloró con una emoción que nos conmovió a todos en la sala.