#LeyCombustóleo
Corto Circuito

Víctor es doctor en ciencias, es un liberal apasionado del sector energético y de la lucha contra el cambio climático, es vocero de la Plataforma México Clima y Energía y socio de la consultoría especializada Perceptia21 Energía. Twitter: @vicfc7

#LeyCombustóleo
PFoto: Kristina Kasputienė/Pixabay.com

La refinación genera un residuo que en México, al ser crudo pesado, se genera en gran cantidad: el combustóleo. En promedio, el 42 % de lo que sale de las refinerías de México es combustóleo.

¿Qué se puede hacer con el combustóleo? Pocas cosas: se puede meter a una coquizadora para transformarlo en una especie de carbón fino, de manejo fácil y sin azufre. Se puede vender a refinadores para ajustar la “dieta” de las refinerías; o sea, mezclarlo con algunos crudos ligeros para mejorar el proceso de refinación.

O lo peor, se puede quemar para utilizar su poder calorífico y mover barcos o simplemente generar electricidad. El crudo mexicano es alto en azufre y el combustóleo que sale de su refinación resulta ser también alto en azufre. Al quemarse, genera emisiones causantes de lluvia ácida. Por esta razón a principios del año pasado dejó de venderse para el uso en barcos y México/PEMEX perdió parte de su mercado. Una de las soluciones para no saturar las refinerías fue quemarlo en las termoeléctricas de CFE.

Pero quemar combustóleo tiene complicaciones que encarecen su uso. Aún si PEMEX lo regalara a CFE, necesita mantenimiento, es necesario preparar el combustóleo, mantenerlo caliente, ponerlo a quemar horas para que pueda generar, y todo eso eleva el costo de generación por arriba de 1,600 pesos por cada megawatt-hora.

Hasta el día de hoy, en México se recibe la energía por orden de mérito económico; es decir que el operador de la red eléctrica recibe primero la electricidad cuyo costo de generación es más bajo. Conforme la demanda aumenta, se recibe energía cada vez más cara, pero sólo la suficiente para satisfacer la demanda con seguridad. Si hay cada vez más generadoras más baratas se reciben menos las caras como las de combustóleo.

Por eso las termoeléctricas se utilizan cada vez menos al haber cada vez más generadores baratos, como las renovables. Esto es bueno, excepto si tu objetivo es refinar más, sin invertir en disminuir la generación de combustóleo, pues se crea un cuello de botella en el proceso refinación-generación eléctrica.

¿Qué hacer entonces?

Fácil: cambias las reglas.

El cambio es sencillo: tienes que encontrar una forma de hacer que sí o sí se queme combustóleo. Ya lo intentaron hacer dos veces, pero la Corte les dijo que era contrario a la Constitución. Entonces propusieron un cambio legal, que igual será contrario a la Constitución.

De eso se trata la Reforma a la Ley de la Industria Eléctrica que mandó el presidente al Congreso. Y se maquilla diciendo que lo primero que recibirá el sistema son las renovables (hidroeléctrica y geotérmica) de CFE.

Me explico: la generación hidroeléctrica y geotérmica, suponiendo que se puede usar a toda su capacidad 24 horas al día 365 días del año (cosa que es totalmente imposible), aportaría como máximo y exagerando 25 % de lo que demanda el sistema. En realidad no pueden aportar más de 15 %. Eso forzará a utilizar los ciclos combinados de CFE y las termoeléctricas de forma constante.

¿Qué efectos tendrá? Primero encarecerá la energía, pero más importante, habrá mucha mayor contaminación.

La semana pasada, ante la indisponibilidad de gas, termoeléctricas como la de Salamanca se puso a operar a toda su capacidad, con combustóleo.

Eso causó mala calidad del aire de forma impresionante, tanto que la Secretaría de Medio Ambiente de Guanajuato puso en alerta a la población, para que evitara daño a la salud. Pues este será un estado normal de aprobarse la iniciativa del presidente, que hoy está en votación en el pleno de la cámara de diputados. Por eso se le puede y debe bautizar por su nombre: Ley Combustóleo.