Somos puro corazón rusiente…

Archipiélago Reportera cultural egresada de la ENEP Aragón. Colaboradora en Canal Once desde 2001, así como de Horizonte 107.9, revista Mujeres/Publimetro, México.com, Ibero 90.9 y Cinegarage, entre otros. Durante este tiempo se ha dedicado a contar esas historias que encuentra a su andar. Twitter: @campechita
Somos puro corazón rusiente…

Foto: Bienvenido Velasco/Archivo EFE.

La rabia de las mujeres puede ser una extraordinaria fuerza revolucionaria;

por eso mismo tiende a ser suprimida y silenciada a través de la cultura,

que la entiende como desagradable, antinatural y monstruosa.

Liliana Colanzi, Revista de la Universidad de México (# 854)

No han sido pocas las conversaciones en las que hombres y mujeres dicen que esos tiempos ya pasaron, que ahora las mujeres somos escuchadas, ejercemos puestos de poder y hasta bebemos más que ellos, menudo triunfo.

Los derechos y libertades van mucho más allá de eso, pensemos en las niñas de la Mixteca que siguen a la sombra de alguien más, de vocecitas que en el ímpetu de su inocencia se apagan por no tener acceso a educación, salud y un futuro, futuro que sus hermanos por ser hombres si podrán perseguir al buscar el sueño americano o al menos seguir los pasos de sus padres… o qué tal en la Sierra de Durango, ahí donde después de kilómetros llegas a una casita de madera y descubres que una joven de 19 años es la maestra de la comunidad, porque sabe leer y escribir, pero también es madre de tres hijos de su propio padre.

Son niñas, adolescentes, mujeres a las que su destino no les corresponde y si acaso se animan a contradecir, se les augura un camino más que difícil. También están las mujeres y niñas violentadas en Cancún, Quintana Roo, otra entidad que sigue los pasos de Ciudad Juárez, Chihuahua o Ecatepec en el Estado de México, o esos constantes momentos incomodos que sin importar la hora del día se viven en las calles, donde da igual si vistes unos pantalones holgados o ajustados, si usas uniforme y peor si es escolar, de un supuesto piropo, mirada lasciva o manoseo no hay manera de librarse, situaciones que con solo escribirlas generan rabia por ser acciones que se han/hemos asumido y normalizado.

Infinidad de casos en los que pensamos, exigimos la necesidad de formular verdaderas leyes que nos protejan, mecanismos efectivos de acompañamiento en el caso de ser víctimas del pacto patriarcal, pero también es necesario inocular ese poder ser desde nuestro entorno más inmediato, darse cuenta de que esos gritos cargados de cólera y frustración no son solo un regaño, de que los comentarios ofensivos por parte de la familia no nos harán más fuertes, al contrario minaran la autoestima y años más tarde serán una nube gris que no será fácil de disipar. Qué decir de los tocamientos, acosos y abusos en el hogar que se quedaron en gritos sordos por el que dirán, porque el tío o amigo de la familia estaba borracho y no supo lo que hizo, ¡no!, claro que lo sabía y así como actúo contigo de niña, lo ha hecho y hará con otras tantas más.

¿En serio seguiremos siendo cómplices?… eso no puede seguir, debemos educar a hijas e hijos más conscientes del otrx, hay que aprender a escuchar, solidarizarnos, actuar en el momento que se pide ayuda o se percibe la primera alerta, no estamos solas, solo hay que enunciarlo y así establecer una cadena de apoyo que se extienda más allá de nuestra mirada.

Hay tanto por hacer y tan poca vida, ahora mismo pienso también en los amigos, parejas que se han enfrentado a sus propios demonios, que luchan por deshacerse de ese sello machista, pero en el peor momento sale y se vuelve su letra escarlata, a ellos también hay que extender la mano para empezar a curarse y reconstruirse, reconfigurarse.

Serie de realidades a las que se suma un factor atroz, una especie de  monstruo de mil cabezas y tentáculos que ha trastocado a mujeres, hombres, niñas y niños, ese ente despreciable que es el crimen organizado que, valiéndose de esas grietas familiares, hunde las garras y desangra.

Por todo esto gritamos ¡Ni una más! en las marchas, por muchas otras cosas nuestros espíritus marchitos piden justicia, es demasiado y más porque cuando parece que dimos un paso adelante se retroceden dos…

La revolución será feminista o no será, quizá sí, pero prefiero creer que ese acto libertario deberá carecer de género, si lo pensamos más inclusivo, si en ella tomamos partido todas, todos y todes, a lo mejor la historia resulta mejor, puede ser demasiado romántico, pero les invito a sumar y alzar la voz, el puño y codo a codo plantarnos fuertes, mirarnos a los ojos sin miedo y pensar en un futuro compartido.