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Hasta siempre, Vicente Rojo
Archipiélago Reportera cultural egresada de la ENEP Aragón. Colaboradora en Canal Once desde 2001, así como de Horizonte 107.9, revista Mujeres/Publimetro, México.com, Ibero 90.9 y Cinegarage, entre otros. Durante este tiempo se ha dedicado a contar esas historias que encuentra a su andar. X: @campechita
Hasta siempre, Vicente Rojo
Vicente Rojo. Foto: EFE/Mario Guzmán/Archivo

“Casi siempre me quedo inquieto, poco contento con lo que hago”-Vicente Rojo

Con la muerte de Vicente Rojo el mundo del arte, editorial y cultural en general se sacudió y cubrió de un sentido pesar, fue pensar en aquellos cientos de libros que no solo vistió con sus diseños y trazos, los cuales hay que decirlo fueron parte de la educación emocional y estética de muchos, sino que también impulsó como aquel primer título de Carlos Monsiváis en la legendaria Imprenta Madero, fue traer a la mente sus obras públicas como el “antimural” del Centro Nacional de las Artes, “País de volcanes”, la fuente ubicada en el recinto de la Secretaría de Relaciones Exteriores o el “Jardín urbano” del Museo Kaluz que nos han inundado la mirada en múltiples ocasiones, sus cuadros como la serie “México bajo lluvia”, “Navegación” o “Vieja señal”, conjunto de obra que la mayoría conocimos terminada, en exposiciones, estantes de alguna librería o biblioteca o in situ.

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Los procesos de producción se reservaron para sus más cercanos, uno de ellos fue el curador Cuauhtémoc Medina quien en una breve charla me contó cómo eran esas visitas a la casa de Coyoacán de Vicente Rojo…

“A algunos nos dejaba entrar a su estudio de manera continua, en esas visitas había siempre  una gran sorpresa ya que Vicente pintaba series, conjuntos de seis u ocho cuadros, generalmente de la misma dimensión cada vez y los atacaba con pintura, establecía una figura geométrica que era de una serie de relieves, de corchos, usualmente cortados de corchos de botellas de vino y esa estructura era algo que iba destruyendo y la experiencia de ver su trabajo, generalmente era la experiencia de ver cuadros que uno creía terminados y a los dos días ver que los había destruido de nuevo, que les había puesto otra capa de pintura de otro color, que había tomado otra dirección totalmente opuesta y se quejaba que los cuadros no llegaban al punto de armonía al interior del cuadro o entre los miembros de una serie que él deseaba que llegará a ocurrir.”

Para el editor Alejandro Cruz Atienza, la relación con Vicente Rojo sucedió en el proceso de re edición de “Jardín de niños”, libro objeto que recuperó el libro que Rojo hizo con su gran amigo José Emilio Pacheco, fue estar y dejarse invadir por un espíritu tan entregado e impulsado por sus fibras creadoras y vitales, fue muy dúctil y modesto, por eso logró atravesar diversas generaciones, entablar diálogos no sólo con sus contemporáneos, siempre abierto, vital y efervescente pero con una personalidad discreta sin afán de reflector, contó Cruz Atienza.

En esos procesos creativos cargados de ese imaginario y mirada de niño, Eduardo Vázquez, poeta y Coordinador ejecutivo de San Ildefonso relata que una vez en esas reservadas visitas de estudio, un día le preguntó a Vicente Rojo el ¿por qué su gusto por las letras?, a lo que Vicente Rojo le respondió que desde que le habían enseñado el alfabeto le pareció que las letras decían mucho más que lo que dicen unidas como palabras, que eran gestos extraordinarios y un diseño maravilloso que me fascinaron, es decir la primera visión la del niño frente a la letra lo acompañó todo el tiempo y la otra, las primeras formas geométricas, el triángulo, el  circulo las “T”, creo que con pocos elementos y una fascinación inmensa y una capacidad de recreación, de re significación fue capaz de construir una obra absolutamente singular, eso fue muy notable.

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Los ojitos chispeantes de Vicente Rojo se apagaron, pero como se suele decir de los grandes maestros, nos queda su obra, en el caso del artista originario de Barcelona, ese legado se coronará con una entrañable obra múltiple, la del memorial que diseñó para honrar a su amigo Octavio Paz en San Ildefonso, recinto que resguardará tanto los restos del Premio Nobel de Literatura 1990 y de su esposa Marie-José Tramini.

Al respecto, Eduardo Vázquez compartió como Vicente Rojo desarrolló con especial dedicación el memorial, el cual fue pensado como un aula para la lectura y difusión de la obra de Paz, desde las obras completas, la colección completa de Plural, facsimilares, primeras ediciones, títulos que irán acompañados de un bosque digital provisto de materiales audiovisuales con entrevistas, conversaciones, un paisaje fotográfico y la imagen viva de Octavio Paz. Por otro lado la fuente inspirada en el poema “Piedra de sol” del autor de El laberinto de la soledad,  se incorporará al acervo escultórico del inmueble universitario, se trata de una escultura ubicada en el “Patio de los estudiantes”, obra en la que domina el círculo, una helicoidal que recuerda la idea de lo perpetuo, de lo eterno, que Vicente Rojo conformó con triángulos que remata con un chorro de agua que bañará la fuente para formar un espejo de agua y dar la sensación de abismo.

Así el imaginario infinito de Vicente Rojo, el hombre que saldo la cuenta que tenía pendiente con su vida en España, esa teñida de tonos oscuros por la Guerra Civil y el franquismo, esa que baño de color al volver a nacer en México.

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