¿A qué hora cierran los obedientes? (Crónicas del micro-mundo mexicano)
Slap cada día
¿A qué hora cierran los obedientes? (Crónicas del micro-mundo mexicano)
Foto: Emir Saldierna/Unsplash.com

México a veces me pone en un lugar de incomodidad, es como que si no supiera en dónde acomodarme bien, en dónde estarme. Si bien tengo la fortuna de tener una buena vida, llevada entre dos, pues mis hijos tienen un padre y una madre que trabajan (y les dan todo lo que tienen) hay veces que a ellos (los dos hijos), quisiera sacarlos de ese mundo pequeño, en el que estamos viviendo.

Pero no sé como.

Tenemos techo, comida, ropa, tenemos mucho más que eso, y lo agradezco todos los días. Tenemos viajes y pequeños caprichos de vez en cuando, más nunca excesos; pero estamos rodeados de gente (que sí) que sí los tiene. Rodeados de gente que tiene amigos con “influencias”, amigos “corruptos” y van a sus casas y se llevan con sus hijos, y se suben a sus aviones y se acostumbran a que como son “buena onda”, no importa que hagan cosas fuera de la ley.

Ayer estaba en un restaurante de Polanco donde me gusta echar el aperitivo (también en otras ocasiones el digestivo); ese lugar además me encanta porque ahí son a todo dar, y porque estoy sentada en la calle y me gusta mucho ver pasar a la gente.

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Y por el semáforo naranja, a las 10:30 comienzan a cerrar, mueven mesas, reparten cuentas y a las 11 se apaga la luz.

Y así mismo, todos los locales vecinos de este mismo bar, pues además, ¿esa es la ley no?

Pero había un grupo de conocidos sentados en la mesa de a lado, que se iban “a seguirla”, ahí cerca, a otro bar que cierra a las 2 am.

Pues hay lugares que por alguna extraña razón no tienen la ley de las 11 pm, tienen otra ley, que no comparten con los “que se chingan” como ellos.

Los de “la ley de las 2 am” se dan el lujo de generar más ingresos, al tener más horas de servicio.

“¿Es clandestino?”, pregunté.

Me respondieron: “No, consiguieron el permiso, y hay varios más”

“¿El permiso de quién?” dije yo.

Pero ya no obtuve respuesta.

En mi mesa éramos cuatro y cuando se fueron estos chavos a seguirla, yo dije,

“Voy a reportar a los de ese bar, que les caigan las patrullas”

Y me metí a disqué mandar un mensaje. Estaba bromeando obviamente, pues ¿dónde se reporta eso? disque había antes un teléfono, pero yo jamás lo tuve.

Pero lo que más me llamó la atención es que en mi mesa, cada uno tuviera su reacción fuerte, ante mi acción.

El primero se puso fúrico: “Eres una cabrona, pobres gueyes, se están ganando la vida”

Yo le respondí: “Pues que abran su bar antes, que den cacahuates y papas y que cierren a las 11, como todos estos que están apurándose antes de que lleguen a clausurarlos”.

El segundo dijo: “Yo no los denunciaría, pero no pienso a ir ya nunca a ese bar, por principio”.

La tercera dijo: “Vamos con ellos”.

Cuatro personas que lo ven todo distinto. En este pequeño micro-mundo-fresa en el que lamentablemente me muevo.

Adoro a toda mi gente, mi familia y mis amigos, pero entre ellos, los que quiero, no se da lo de la corrupción, las tranzas y los chanchullos. Cuando se ha dado entre gente cercana, de alguien cercano a mí, tener el amigo que huye, el que lo cacharon, el que se chingó a los amigos… me quedo callada, pero me molesta mucho.

Está muy cabrón vivir en una ciudad donde haya tanta pobreza, tantos desiguales, y nunca levantar la mano ante lo que no es correcto, lo que no está bien.

Y ayer lo sentí así, desde mi bar obediente, que cerró a las 11.

Y pensé, “todos están chingándose, buscándose la vida, pero unos tienen más privilegios, ¿quién se los da?, ¿alguien se lo pregunta?”.

Es como cuando me dicen que llegó el hijo del presidente a repartir licencias de alcohol.

¿Y nadie hacemos nada?

¿Por qué no nos movemos?

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Porque eventualmente, si lo necesitan, tienen un amigo que conoce un amigo, y podemos conseguir alguno de esos permisos secretos también.

El micro-mundo, es un lugar oscuro y pequeño aquí en la CDMX, en nuestra cara, todos los días.

Es un lugar de gente privilegiada donde hay muy buenas personas y hay otras muy malas, es un lugar donde hay quienes observan lo que sucede y tratan de cambiarlo y donde muchos otros optan por la ceguera.

Tener cuidado con el micro-mundo es vital, no traicionar a los nuestros es imperativo, pero está bien de vez en cuando, detenernos a pensar, en lo que está bien, y en lo que está mal.

Por el bien de nuestros hijos, de los que pueden todavía mejorar la raza. La nuestra.