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Lazos

El amor a lectura también se hereda

Beatriz Gaspar

Leer es un placer que también se puede heredar a los hijos. Un hábito que vale la pena cultivar.

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Foto: Maël BALLAND/Pexels

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Somos seres de historias. Nos encanta escuchar historias de otras personas, de nuestros familiares, de parientes que nunca conocimos, de nosotros mismos a veces de un pasado que no recordamos. Vemos historias en todas partes, en las películas, en las noticias, en internet y en las plataformas de streaming.

Pero también las leemos, tal vez en menor medida, pero al abrir un libro descubrimos momentos, escenarios, personajes y narrativas que nos cautivan, nos emocionan, entristecen, alegran e incluso nos hacen llorar. Somos capaces de identificarnos con ellas

– ¿Sabes qué día es hoy?, preguntó Natalia, de 10 años de edad, en la mañana de antier

– Es viernes, respondí rápido

– No, mamá, es el Día del Libro. ¿No que tú eres tan fanática de los libros? ¡Hoy es su día!

También lee: ¿Por qué el 23 de abril se celebra el Día del Libro?

A Natalia le gusta leer porque le enseña otras cosas, pero también otras que la inspiran. El escritor que más le gusta a esta pequeña es el mexicano Juan Villoro, el favorito es ‘Las golosinas secretas’, y sus ojos se llenan de asombro y se ríe mientras va leyendo. Los libros hacen magia.

El gusto por la lectura es una herencia. Cuando yo era niña, mi padre siempre llegaba a casa y en sus manos siempre traía varios libros. Durante la cena contaba historias, al principio creía que las inventaba pero después supe que nos hacía un resumen de los libros que leía. Era fantástico. Soñaba con poder leer tantas historias y deseaba leer sus libros.

Me regaló los primeros: El llamado de la selva y Colmillo Blanco, de Jack London, El país de las sombras largas, de Hans Ruesch, El diario de Ana Frank. De ahí comenzó un camino de conocer tantas historias y a agarrar el gusto propio. El ejemplo empuja.

Desde que Natalia nació le leía tantos libros como podía hasta que un día ella comenzó a leer por su cuenta. Ahorra su dinero para comprar los que más le llaman la atención ya sean físicos o digitales. Esta es una nueva generación de lectores. “Cuando termino un libro me quedo pensando, escribo una reseña en mi libreta y me pregunto si pudo haber tenido un final diferente. Después solo quiero leer el siguiente”, me dijo.

En una entrevista hecha por El País a Villoro explica que no hay que temer a los competidores digitales, cree que todo puede coexistir y generar vínculos.

“El libro es una posibilidad más y como tal tiene su lugar asegurado, aunque no ocupe el lugar dominante; una posibilidad que es una promesa de felicidad y que por eso mismo me parece irrenunciable: porque no se escribe ni se lee para torturar a nadie, sino que se escribe y se lee para ser feliz”.

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