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The Guardian

Acumular vacunas es más preocupante debido al desastre Covid de la India

Gaby Hinsliff

La gente en Gran Bretaña con pocas probabilidades de morir recibe la vacuna a pesar de que los países en desarrollo están sufriendo.

Familiares y parientes realizan los ritos finales de una víctima que murió por Covid-19 en un crematorio abierto en Bangalore el 26 de abril de 2021 (Foto de Manjunath Kiran / AFP).

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La idea de que nadie está protegido hasta que todos estén protegidos ya se convirtió en un cliché de la pandemia.

Sin embargo, eso no lo hace menos cierto, ni clínica, ni moralmente. Mientras el virus siga activo en cualquier país, siempre puede mutar y esparcirse. Lo que es evidente ahora es que mientras otros experimentan horrores del tamaño del de la India, habrá en todos lados conciencias preocupadas. Las terribles escenas que vemos noche a noche en nuestras pantallas de televisión son lo que Gran Bretaña más temía pero que a final de cuentas no tuvo que padecer: hospitales sin oxígeno, gente muriendo en la calle debido a la falta de cama, familias que tuvieron que enterrar a sus muertos en el jardín debido a que los crematorios estaban saturados. La tragedia de la India sirve de recordatorio de la buena fortuna de Gran Bretaña, independientemente de lo duro que ha sido este año para muchos. Pero la suerte puede ser algo que moralmente te deje sentimientos de culpa.

El éxito del programa de vacunación de Gran Bretaña, ya con la mitad del país vacunada con por lo menos una dosis y con la NHS esperando llamar pronto a los de treinta y tantos a vacunarse, puede considerarse un sorprendente esfuerzo heróico. Pero eso no le pasa a la India, uno de los principales productores de vacunas, que con menos del 10% de la población vacunada ya cruzó las puertas del infierno Covid. Para los muchos británicos que tienen familiares en la India, estos tiempos son de gran ansiedad.

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Durante el fin de semana, salió a relucir que un asistente de Downing Street dio positivo a Covid después de haber viajado a la India, lo que propició algunos encabezados sobre la posibilidad de que pudiera contagiar a algunas personas en Whitehall con una nueva variante. Pero lo más terrible del asunto es que lo mandaron a tratar de conseguir más dosis de vacunas elaboradas en la india para Gran Bretaña, en momentos en que el gobierno indio, por razones tristemente evidentes, está tratando de quedarse con muchas de las dosis que anteriormente exportaba por millones, muchas destinadas a países en desarrollo. La misión británica aparentemente regresó con las manos vacías, pero uno se queda pensando de forma nada cómoda si fue correcto hacerlo siquiera. ¿Si no les salió el tiro por la culata a los países ricos por estar acaparando más de su cuota de recursos otra vez?

En cierto sentido, esta red de culpas globales y de resentimiento no es nada nuevo. El hecho de que algunos países ordenaran más vacunas de las que pueden usar, mientras que otros que son atendidos por la iniciativa Covax para procurar vacunas a los países en desarrollo tendrán que esperar a 2024 para conseguir la inmunización en masa, lo cual es más o menos igual de injusto que la forma  en la que los hogares británicos tiran cerca de 4.5 toneladas de comida perfectamente ingerible todos los años mientras que millones de personas en todo el mundo mueren de hambre. Es también más o menos igual que la forma en la que el 10% de la población mundial, que es cualquiera que gane 37.5 mil dólares en Gran Bretaña, es responsable de más de la mitad de las emisiones de carbón mientras que los más pobres están en el extremo más complicado de la crisis del clima.

Si con los de más de 50 años ya vacunados, Boris Johnson hubiera pedido a los más jóvenes británicos que esperaran algunos meses para que las dosis pudieran llegar a países que van rezagados, probablemente se habría enfrentado a protestas en la calle o en sus propias filas. Cuida a los tuyos, le habrían dicho. La caridad empieza en casa. La versión más sofisticada de esto habría sido que todo es muy triste, pero que los problemas de la India son culpa del exceso de confianza del primer ministro Narendra Modi al juzgar mal la gravedad de la epidemia en marzo. No es nuestra culpa. Es cierto que Modi tiene que responder por mucho. Pero hay algo preocupante en el hecho de que la India va en camino de llegar a los 500 mil casos diarios en algunos escenarios, mientras que los británicos que tienen casi cero probabilidades de morir por Covid se vacunan.

Yo fui una de ellas, hace una semana, y estoy profundamente agradecida. Pero como la mujer saludable de cuarenta y tantos años que soy, también me siento incómoda porque tal vez no estaba en riesgo y porque sólo un accidente geográfico de nacimiento me hace tan afortunada.

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Afortunadamente, los gobiernos extranjeros de todo el mundo están ofreciendo oxígeno, ventiladores, kits de pruebas y medicinas a la India en estos momentos de necesidad. Pero eso no resuelve las cuestiones más complicadas de la acumulación de vacunas, de la materia prima y de los derechos de patente en occidente, o el hecho de que Covax claramente no está trabajando tan rápido como debiera. No cambia el hecho de que nadie está seguro hasta que todos estén seguros. Nadie va a dormir realmente hasta que todos lo hagan.

Gaby Hinsliff es columnista de The Guardian.

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