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Matria

La autoaceptación en el boom del Zoom

Romina Pons

Es inevitable pensar qué tipo de estándares de belleza tenemos arraigados como para querer cambiar nuestra cara por la imagen que vemos reflejada en un Zoom.

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Foto: Look Studio / Freepik.

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A todos nos ha pasado, te toca un reunión en Zoom y en lugar de estar poniendo atención al tema, te fijas en tu cara: según tú, no tenías tanta papada y esas arrugas no las habías notado antes. ¿A poco me brilla tanto la cara? Y cuando te preguntan algo ni sabes qué contestar porque estás clavadísima viendo esos defectos que antes no habías notado. 

Pues como suele pasar, somos muchas las personas –especialmente mujeres– que hemos sentido eso y algunas lo están llevando a otro nivel, haciéndose cirugías estéticas. Este fenómeno tiene el muy atinado nombre de boom del Zoom, y es otra de las consecuencias inesperadas de la pandemia. 

Digo, si lo piensas, una cuarentena es el momento perfecto para realizarte una cirugía estética pues tienes que estar, de cualquier manera, en casa. En Estados Unidos, la cirugía cosmética –especialmente la facial… ha visto un incremento del 10% desde que empezó la pandemia. En Francia un 20% y en México, se duplicaron de 2019 a 2020. 

Lee también: Rinoplastia al gusto: cómo la pandemia llevó a un aumento de cirugías plásticas

No tengo absolutamente nada en contra de las cirugías estéticas, si alguien va a sentirse mejor consigo misma con un arreglito y puede hacerlo, que le de vuelo a la hilacha. Sin embargo, es inevitable pensar qué tipo de estándares de belleza tenemos arraigados como para querer cambiar nuestra cara por la imagen que vemos reflejada en un Zoom

Limitar estos impulsos a Zoom es reduccionista. A mediados del año pasado platiqué con una cirujana plástica que me decía que antes, las mujeres llegaban con peticiones genéricas como adelgazar su nariz, o bajar papada, o cosas por el estilo. Ahora, la petición es mucho más específica e irreal: llegan mujeres muy jóvenes pidiendo verse como cierto filtro de Instagram. Eso es imposible: una cosa es afinar tus facciones y otra muy distinta cambiar tu fisonomía. Además pues ¡es un filtro! ¡No es real! ¡Ni siquiera se ve real! Pero eso no impide que cientos de mujeres y niñas idealicen estos softwares y quieran cambiar completamente su cara para parecer algo que no son. 

Después de platicar con esta cirujana, entrevisté a una psicóloga juvenil colombiana que me decía que los principales casos de ansiedad y depresión de adolescentes en su consultorio están relacionadas al mundo digital, especialmente Instagram y los estándares imposibles de belleza que ahí se exponen. Si una mujer adulta a veces puede caer en esa ansiedad, sabiendo perfectamente que la mitad –o más– de lo que ve es cirugía o Photoshop, imagínense lo que sucede en la mente de una adolescente que además está pasando por un cambio físico y hormonal sin precedentes. Y encima, se toma cientos de selfies con filtros que la hacen pensar que si tuviera una nariz más fina, unas cejas más pobladas, y unos ojos más grandes, sería más bonita. Algo que además no es humano pues las proporciones impuestas por muchos de estos softwares son físicamente imposibles de lograr. 

Tampoco quiero ser fatalista, creo que hay un contrapeso importante de mujeres reales que se salen del estereotipo de belleza y que están visibilizando el tema. Creo también que es un porcentaje muy menor y que la ecuación no está pareja. ¿Cuál es la línea entre mejorar algo de tu físico y la dismorfia? ¿Hasta qué punto es algo personal y consciente o algo inconscientemente impuesto desde afuera? Hablando de belleza, creo que no hay nada más atractivo que una mujer que se ama como es, pero no es algo tan fácil de lograr cuando hay toda una estructura diciéndote que no eres suficiente.

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