Sobre el bloqueo económico que asfixia deliberadamente al pueblo de Cuba
Medios Políticos

Es un periodista especializado en el análisis de medios y elecciones. Tiene posgrado en Derecho y TIC, obtuvo el premio alemán de periodismo Walter Reuter en 2007, fue conductor en IMER y durante 12 años asesor electoral en el IFE e INE, editor, articulista y comentarista invitado en diversos diarios, revistas y espacios informativos. Twitter: @lmcarriedo

Sobre el bloqueo económico que asfixia deliberadamente al pueblo de Cuba
Foto: Alexa Herrera / La-Lista

Desde 1992, la Asamblea General de las Naciones Unidas ha votado 28 resoluciones que, año tras año, concitan el respaldo de casi todos los países miembro para condenar el bloqueo económico que mantiene Estados Unidos contra Cuba desde los años 60. La propaganda estadounidense y algunos fanáticos de extrema derecha justifican esas medidas inhumanas y las llaman con eufemismo “embargo”, como si todo tratara de un simple cobro por algún bien expropiado a empresas de nuestro vecino del norte, que habrían perdido negocios que la dictadura de Fulgencio Batista arropaba antes de la revolución de 1959 en la isla. 

Esa narrativa de un “embargo” que solo tiene que ver con resarcir algún bien perdido es un engaño que data de la Guerra Fría, el bloqueo ya se asume abiertamente como estrategia deliberada para influir en cambios políticos, que implica lastimar a la población cubana, generarle mayores carencias de las que ya tenga y con ello provocar que se genere o aumente el malestar social, para luego afirmar que la pobreza y falta de desarrollo económico nada tiene que ver con… el bloqueo económico sino con la ideología, con la forma de organización política y con las restricciones reales a la libertad de expresión.

Ni siquiera países como Brasil, que hoy tiene gobierno de ultraderecha, se atrevieron a respaldar con su voto formal ante la ONU el bloqueo que padece Cuba. La representación brasileña prefirió registrar una abstención sobre el tema y, así, los únicos que defendieron abiertamente asfixiar económicamente a las y los cubanos, consecuencia directa del bloqueo, fueron el propio Estados Unidos e Israel, quienes emitieron voto en contra de la condena que reitera la resolución de este 2021. Tres países se abstuvieron (Brasil, Colombia y Ucrania), el resto de los presentes, es decir 184 países, condenaron de forma contundente, el 9 de junio de 2021, lo que llamaron con todas sus letras un:bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por los Estados Unidos de América contra Cuba (resolución A/75/L.97).

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El gobierno cubano expuso a la asamblea que el bloqueo ha generado daños terribles a la población que habita en la isla, porque solo entre 2019 y 2020 habría significado pérdidas por 9 mil 157 millones de dólares y un acumulado que supera ya los 147 mil millones de dólares desde que comenzó el acoso comercial y económico.

La postura oficial de Estados Unidos no dejó duda respecto a que el bloqueo pretende influir en agendas distintas a lo comercial para que cambie el modelo político (sobre todo el económico). Eso no es ningún propósito de justicia comercial o “embargo” de nada.

El coordinador de la misión estadounidense en la ONU, Rodney Hunter, justificó sin pena ante la asamblea del organismo que el bloqueo seguirá pese al voto apabullante de condena mundial. Los argumentos fueron, en voz de Hunter, que: Las sanciones son una forma legítima de lograr la política exterior, la seguridad nacional y otros objetivos nacionales e internacionales, y Estados Unidos no está solo en este punto de vista (…) son un conjunto de herramientas de nuestro esfuerzo más amplio para promover la democracia” y “ayudar al pueblo cubano a ejercer las libertades fundamentales”. 

No importa que todos voten contra el bloqueo, el gobierno estadounidense ha dejado claro su desprecio y desafío impune a las resoluciones de la ONU desde hace 29 años, algo que ha generado inconformidad dentro y fuera de su territorio. Personajes relevantes de la política estadounidense, como la senadora demócrata Alexandria Ocasio, reconocen que detrás del bloqueo hay una estrategia para orientar el modelo político en Cuba desde Washington. Ocasio primero escribió en su cuenta de Twitter, el pasado 15 de julio, una crítica a la represión contra manifestantes a cargo del gobierno cubano que encabeza Miguel Díaz-Canel, pero, en la misma publicación, la demócrata reconoció que el bloqueo que llaman “embargo” es una estrategia más que reprobable. Lo explicó de manera elocuente: “El embargo es absurdamente cruel y, como muchas otras políticas estadounidenses dirigidas a los latinoamericanos, la crueldad es el punto. Rechazo rotundamente la defensa del embargo de la administración Biden. Nunca es aceptable que usemos la crueldad como punto de influencia contra un pueblo”. 

Estados Unidos, sin importar quien esté en la Casa Blanca o que todo el mundo condene el bloqueo, seguirá con la asfixia contra el pueblo cubano.

Lejos de su discurso que aplaude la democracia y el diálogo multilateral en el mundo, en este caso es evidente que desprecia las resoluciones de la ONU sin importar razones, las ha ignorado una y otra vez de manera escandalosa, pese a ser la sede formal de la organización y usar con frecuencia otras resoluciones, por ejemplo en las que se condena represión y censura en Cuba y otros países, para exigir que se atienda el llamado de las mayorías. Una evidente doble vara. 

La asfixia económica en contra de la isla es un método que desde la Guerra Fría buscaba orillar al modelo socialista a un fracaso rotundo, ahogar la economía de Cuba para luego gritar que la economía de Cuba no funciona y que la falta de insumos es prueba de que no hay más alternativa que modificar su modelo político y económico de tajo para transitar a uno donde libertad se asuma como sinónimo de libre mercado e inversión extranjera, aunque la pobreza o las restricciones a la libre expresión sigan siendo las mismas o mucho mayores con ese nuevo paraíso artificial que promete Washington, como ocurre en muchos otros países de América Latina.

@lmcarriedo / Especialista en medios y elecciones