No soy un robot, soy un ser humano
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No soy un robot, soy un ser humano
Foto: Pixabay

La capacidad de las inteligencias artificiales (IA) para crear y entender algoritmos está introduciendo un ecosistema digital muy complejo, que termina dificultando a los seres humanos el ser reconocidos en ambientes cibernéticos.

El crecimiento de la ciberdelincuencia para robo de identidad, datos corporativos y gobiernos para vulnerar sus sistemas informáticos, hackeo de información financiera y datos personales para realizar fraudes, robo de patrimonio y venta de productos apócrifos está acelerando nuestra entrada a un futuro muy controlado.

Según datos de la Comisión Nacional para la Protección y Defensa de los Usuarios de Servicios Financieros (Condusef), en México, cada hora se cometen 463 fraudes cibernéticos mediante banca móvil y comercio electrónico. Es un fenómeno en franco crecimiento y que cada vez se vuelve más sofisticado, debido a nuestra necesidad de hiperconectividad durante el confinamiento.

Empresas tecnológicas han reforzado la programación de sistemas de reconocimiento para el acceso a plataformas digitales, y así evitar que inteligencias artificiales suplanten a humanos. No obstante, estas pruebas de identificación se están volviendo tan rebuscadas que vamos a terminar resolviendo pruebas de coeficiente intelectual para poder acceder a sitios y hacer simples operaciones bancarias o búsquedas de información.

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Recordarás que antes en Google con que solo marcaras un recuadro confirmando de no ser un robot era suficiente. Ahora las pruebas se están poniendo cada vez más engorrosas: debes indicar en qué parte de la cuadrícula que se te presenta están los diferentes objetos que se te pide reconocer, mismos que ya no necesariamente son identificables a simple vista como una forma de reforzamiento y complejización, supuestamente para las máquinas dotadas con inteligencia artificial.

El principio informático de una IA consiste en una mecanismo que no solo imita el cuerpo y la mente humana, sino que aprende constantemente de cómo funcionan y evolucionan, con la enorme ventaja de que no solo tiene inmensas capacidades de almacenar información, sino analizarla y tenerla a disposición en cuanto la requiera, por lo que su nivel de aprendizaje, razonamiento y toma de decisiones es inmediata e infinita.

Los robots a diferencia de los seres humanos no tienen diversidad, complejidad cultural, ni idiomática. Se desarrollan y coexisten en código binario ultra desarrollado; su adaptación no está limitada como lo son las capacidades humanas. Para una inteligencia artificial es mucho más simple sobrevivir en un entorno digital.

Hoy nos puede resultar tedioso identificarnos como humanos en diferentes sistemas, pero más adelante, este fastidio se podría convertir en la creación de una base de datos biométrica universal, desarrollada por humanos, para que las propias máquinas sepan cada uno de nuestros pasos digitales y tengan control absoluto de nuestro ser y hacer.

Bienvenidos al futuro.