El ‘efecto Silao’ en el comercio y el sindicalismo
Sin arancel

Académico de la Universidad Panamericana, experto en comercio exterior y relaciones internacionales, con énfasis en la relación México–Estados Unidos. Ocupó cargos en el gobierno como director general para América del Norte, jefe Negociador Adjunto para el Tratado de Asociación Transpacífico y subsecretario de Comercio Exterior. Twitter @JCBakerMX

El ‘efecto Silao’ en el comercio y el sindicalismo
Foto: @STPS_mx/Twitter.

Es innegable que cada vez hay más presión de parte de trabajadores, sindicatos, organizaciones de la sociedad civil y una buena parte del espectro político para que los tratados de libre comercio incorporen en ellos disciplinas obligatorias que ayuden a garantizar ciertos estándares laborales.

Por ello, el 19 de agosto se recordará como un día importante para los trabajadores y sindicatos en México, con repercusiones en el mundo comercial internacional. Ese día, los trabajadores de la planta de General Motors en Silao, Guanajuato, votaron por terminar la representación del sindicato que ostentaba la titularidad del contrato colectivo de trabajo.

El contexto de ese proceso es importante para entender sus implicaciones. En el nuevo T-MEC, México aceptó incorporar compromisos en materia laboral que van mucho más allá de lo que existe en cualquier tratado comercial en el mundo. Concretamente en la adenda del 10 de diciembre de 2019, el T-MEC incorporó un Mecanismo de Respuesta Rápida (MRR) que permite a Estados Unidos iniciar casos en contra de nuestro país por sospecha de denegación de derechos sindicales a los trabajadores en materia de representatividad y de negociación colectiva. Si esto fuera comprobado, las empresas que incurren en esas prácticas perderían su trato arancelario preferencial al exportar al mercado estadounidense.

Un evento de esta magnitud genera muchas opiniones: he escuchado que estas disposiciones son malas para nuestro país, ya que dan pie a una injerencia estadounidense en la vida sindical nacional. También he leído que estas disciplinas tendrán un efecto negativo en el atractivo de México como centro de inversión. Asimismo, algunas opiniones señalan cómo puede perjudicar a los empresarios, ya que los expondría a posibles chantajes e intimidaciones por sindicatos abusivos. Desde la visión de los trabajadores, he visto interpretaciones de estas disposiciones como algo positivo, ya que permitirán a los trabajadores tener mejores salarios y una verdadera representación sindical.

Pero es necesario recordar que la incorporación de esas disciplinas fue una condición de parte del partido demócrata de Estados Unidos para aprobar el T-MEC. Sin ellas, dudo mucho que se hubiera logrado el apoyo tan abrumador que obtuvo el tratado en el Congreso estadounidense, ya que una de las críticas que hirieron de muerte al anterior TLCAN fue precisamente que, debido a las prácticas sindicales en México, los salarios no se habían incrementado de manera sustancial, otorgando a nuestro país una ventaja competitiva artificial.

Eso no quiere decir que el sentido noble de estas obligaciones –sobre todo las relacionadas con la representación sindical y la negociación colectiva– no puedan corromperse o interpretarse de un modo negativo; es claro que existe la posibilidad de que existan abusos o que se conviertan en un vehículo para el proteccionismo comercial disfrazado.
Para evitar eso (a reserva de ser simple y obvio), lo mejor que podemos hacer en el país es cumplir con lo que dice el T-MEC. Esta tarea involucra, por igual, a gobierno, empresarios y sindicatos.

El primero, sin duda, no quiere enfrentar presiones de Estados Unidos por este tema, mientras que los segundos no desearán arriesgar la viabilidad de sus exportaciones a territorio estadounidense. Finalmente, los últimos deben tomar la responsabilidad de conocer las condiciones de estos nuevos procesos y de modernizar sus prácticas internas y el modo en que rigen sus asuntos, o serán desplazados por otros sindicatos que sí puedan demostrar compromiso con las disposiciones del T-MEC en materia laboral, así como adaptabilidad a las nuevas condiciones de trabajo y productividad mundial.

No conozco a nadie que no desee que la situación de los trabajadores mejore, estoy seguro que todos los empresarios de este país desean contribuir a ese objetivo. Pero eso implica que también los sindicatos adopten una visión cooperativa y en pro de la competitividad, sobre todo en una época de incertidumbre económica como la que estamos transitando actualmente.