La paz perpetua
Enernauta

Especialista en política energética y asuntos internacionales. Fue Secretario General del International Energy Forum, con sede en Arabia Saudita, y Subsecretario de Hidrocarburos de México.
Actualmente es Senior Advisor en FTI Consulting.

La paz perpetua
Los talibanes tomaron el domingo el control de Kabul después de que sus combatientes entraran en la capital de Afganistán sin encontrar resistencia. Foto: EFE.

Entre las numerosas incógnitas que deja la muy accidentada salida de Estados Unidos de Afganistán figura el futuro del ducto de gas natural que conectará a Turkmenistán con Afganistán, Pakistán e India, conocido como TAPI. 

Hace casi 30 años se propuso su construcción. La idea original fue conectar a Turkmenistán con Pakistán a través de Afganistán. Turkmenistán exportaría gas natural, Pakistán lo consumiría y Afganistán cobraría por el derecho de tránsito a través de su territorio. Años después se sumó India como otro país consumidor, de modo que el ducto también cruzaría Pakistán. 

A lo largo de todo este tiempo solo se ha construido el segmento que va de la zona productora de Turkmenistán a la frontera con Afganistán. La inestabilidad política regional ha impedido generar la confianza para comprometer recursos en un proyecto cuyo costo asciende a 10 mil millones de dólares, involucra cuatro países y se extiende por más de mil 800 kilómetros.

El vocero del nuevo gobierno Talibán ha declarado que TAPI es un proyecto prioritario y, al parecer, los gobiernos de los demás países involucrados están dispuestos a continuar con las conversaciones para concretarlo. Representantes del gobierno de Estados Unidos han expresado su apoyo al proyecto desde su concepción.

Para algunos, el ducto puede ser un instrumento para promover la paz en Asia Meridional. La idea está fincada en el efecto esperado de la interdependencia. Puesto que el ducto tiene un solo uso y sus beneficios solo pueden obtenerse mediante la cooperación de los cuatro países, fomentaría una relación más armoniosa entre ellos.

Suena bien en principio, salvo que la experiencia con ductos que atraviesan países de tránsito, como lo sería Afganistán, es mixta. Las relaciones entre Rusia, Ucrania y Europa se han vuelto ríspidas cada vez que Ucrania, el país de tránsito, ha buscado renegociar los términos de su relación con Rusia interrumpiendo el flujo de gas natural hacia Europa. Irak tendió en la década de los 50 un ducto para llevar crudo al Mediterráneo a través de Siria y Líbano, pero se encontró en desacuerdos continuos con estos países obre las cuotas de tránsito. Después construyó otras rutas de acceso atravesando Turquía y Arabia Saudí, enfrentando problemas similares. Arabia Saudí, Jordania, Siria y Líbano fueron parte de otro proyecto para llevar crudo desde el Golfo Pérsico hasta el Mediterráneo, que también derivó en fricciones. 

Si la interdependencia no es suficiente para evitar conflictos, ¿qué haría falta? En 1795 Immanuel Kant propuso tres condiciones definitivas para alcanzar la paz perpetua: (1) “La constitución de cada Estado debe ser republicana”, (2) “El derecho de las gentes debe sustentarse en un federalismo de Estados libres”, (3) “El derecho cosmopolita debe ceñirse a las condiciones de hospitalidad universal”. 

En términos modernos, los teóricos de las relaciones internacionales han traducido estas condiciones como sigue: los países, además de interdependientes, deben ser democráticos y respetuosos del derecho internacional. La convivencia democrática acostumbra a los políticos a resolver los problemas sin violencia y conforme al derecho. Por eso dos democracias no irán a la guerra para resolver sus diferendos.

Está documentado que, en efecto, las democracias rara vez van a la guerra entre ellas, pero una democracia puede estar dispuesta a ir a la guerra contra un régimen autoritario, y es más fácil que dos regímenes autoritarios recurran a la guerra.

Una controversia por un ducto no es una guerra, y no sugiero ni por asomo que una guerra está a la vuelta de la esquina entre el no tan demócrata Afganistán y sus no tan demócratas vecinos.

Pero las circunstancias que rodean a TAPI sugieren que pasarán todavía años antes de que veamos su construcción terminada. El ducto cumplirá con la condición de fomentar la interdependencia y acaso la de respetar acuerdos internacionales. Sin embargo, conectará a países muy dispares, de la misma manera que el ducto que cruza Ucrania conecta a Rusia con la Unión Europea. Afganistán tendrá más urgencias económicas y buscará aprovechar su condición de país de tránsito para extraer más beneficios de sus vecinos. Y dado que no negociará con democracias de larga tradición, es difícil afirmar que será el ducto de la paz perpetua.