La banqueta más verde
Futuros alternos

Es escritor, periodista, locutor y productor en Aire Libre 105.3 FM y gestor cultural. Ha escrito para medios como Vogue, RollingStone, Esquire, Código, El Universal, entre otros, y colaborado en Imagen Radio, Ibero 909, Reactor y Bullterrier FM.  Twitter: @mangelangeles

La banqueta más verde
Foto: Arturo Ordaz/La-Lista

Mientras desayunamos algo salta a la vista: los automóviles pasan a velocidades más bajas que las que acostumbran en una zona como ésta. Lo comento con Galia (con quien desayuno) mientras ocupamos una mesa sobre la banqueta: a nuestro lado hay tres filas más, dos de las cuales están sobre la calle. Es la colonia Condesa, un domingo de estos que en pandemia nos hemos acostumbrado a surfear procurando estar afuera juntos pero con la distancia que promete perpetuar eso. 

Caminar por estos días en cualquiera de las calles de la ciudad ocupadas por restaurantes es garantía de encontrarnos con un cuadro singular que se repite cuadra a cuadra: las incontables macetas y estructuras que fueron improvisadas para poder ocupar espacio exterior y dotar a los comensales de más espacio entre mesas. 

Y con todo lo que se tiene que analizar sobre ello –es obvio que la invasión del espacio de las banquetas impacta directamente en el uso peatonal de éstas, vulnerando como siempre a quienes osan caminar las calles– una cosa es cierta: al menos de momento, tal respuesta trae consigo posibilidades buenas. 

¿Y si comenzamos a pensar la pertinencia de que una acción así, como responsabilizarse de espacios verdes, sea una obligación de negocios como los que hoy ya lo hacen? ¿Qué tanto de este verdor puede ser regulado, planeado y estructurado para bien de la ciudad? ¿Qué tanto impacta en la vida de quienes viven en esas colonias atestadas de restaurantes, lidiar ahora con menos espacio en las banquetas pero más espacios verdes que antes? ¿A alguien le molesta que los automóviles tengan menos espacio en las calles y transiten a velocidades menores?

Las ideas aquí vertidas apenas son producto del ejercicio diario de caminar y gestos que he podido apreciar: la manera en que, por ejemplo, muchos espacios ahora lucen más limpios. ¿La razón? Podría ser que la misma gente se esmera en mantener limpias las áreas o que quien pasea afuera, lo piensa dos veces antes de tirar basura en un espacio ahora con más ojos pendientes. ¿Será que podrían considerarse lugares más seguros por el mero hecho de estar ocupados? 

Mientras se analice o no, o se proponga o no, una cosa es cierta: el concreto no es progreso y una ciudad más verde es posible con una maceta más en un lugar donde ésta puede integrarse al entorno para beneficio de toda la gente.