Como agua entre las manos
De Realidades y Percepciones

Columnista. Empresario. Chilango. Amante de las letras. Colaborador en Punto y Contrapunto. Futbolista, trovador, arquitecto o actor de Broadway en mi siguiente vida.

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Como agua entre las manos
AMLO en su mensaje por su Tercer Informe de Gobierno. Foto: Presidencia

Hace siete días, el presidente pronunció orgulloso un listado de hechos históricos que pretendían sacudir las mentes de los neoliberales más escépticos. Crear la percepción de que el camino ha sido exitoso. 98 de 100 compromisos logrados. La transformación va, nos ha cumplido y duerme tranquilo. 

Buscaba llenar las estaciones de radio de alabanzas, las redes sociales de emojis optimistas, las sobremesas de brindis y su corte de aplausos. Quería callar los vientos en su contra. Y provocar un terremoto en todos aquellos que dudaban de su proyecto transformador. 

Y lo logró.

Se afilaron las plumas, se buscaron las gráficas incómodas y se consultaron los datos en sitios oficiales. Una avalancha de argumentos desmintiendo lo dicho. Una contrarréplica que trataba de romper los espejismos que se viven en Palacio Nacional.

Se escuchó el primer reclamo: Las remesas no son un logro, son un fracaso de la economía. Son un éxito de los migrantes y no es tuyo. Cinismo histórico. 

Las voces hicieron eco y las críticas recorren los pasillos. La deuda pública creció. La violencia no da tregua. Los derechos humanos no se respetan. Las medicinas no llegan. La pobreza crece. Los migrantes son perseguidos. La militarización va. 

Los logros que existen quedaron atrapados bajo el descaro de las mentiras. La autocrítica no seduce al púlpito presidencial. Solo el ego y la soberbia son quienes lo tienen enamorado. Los hechos ya no son y las palabras sólo son palabras.

Decía Aristóteles que “no basta decir solamente la verdad, más conviene mostrar la causa de la falsedad”.

Y es que en este gobierno existen muchas causas para entender la falsedad que esconden los discursos. Desde el desprecio a lo técnico hasta la suma de resentimientos. Desde la falta de capacidad hasta la privatización de la verdad. Desde el dispendio de las asignaciones directas hasta la austeridad mal entendida que nos ha dejado sin presupuesto para buenos resultados. Ahí la tragedia. 

La segunda parte del sexenio se irá como agua entre las manos. Los precandidatos caminarán temerosos bajo la mirada del gran titiritero. La oposición deambulará borracha entre obsesiones de poder y una sociedad enredada de buenas intenciones. 

El presidente, por su parte, utilizará la revocación del mandato para mantenerse en campaña y conservar el discurso de promesas. De castigos al pasado sin asumir la responsabilidad del presente. Ensuciando la verdadera democracia participativa. Polarizando. Abriendo grietas. Y dando pasos cansados.

Y es que se respira la urgencia de endosar el futuro cuanto antes. De heredar vacíos y forzar los libros de la historia aunque las palabras le rehúyan a la tinta.