¿Te sientes profundamente solo aunque estés acompañado?
Regresando al amor

Psicoterapeuta familiar sistémica, escritora, meditadora y activista por la equidad de genero. Su práctica está encaminada al reconocimiento de la herida emocional infantil para el desarrollo integral del adulto consciente. Instagram @rominalcantar

¿Te sientes profundamente solo aunque estés acompañado?
Foto: Pixabay

Alguna vez te has preguntado porque si estás rodeado de amigos, familia y un círculo activo de personas, ¿te sientes solo? El abandono es una herida que esta caracterizada principalmente por un sentimiento de soledad profunda. Sentirnos solos es una de varias de las características que pueden estar presentes en personas en las cuales esta herida prevalece. Lo importante de todo esto que les estoy escribiendo es entender lo que significa, de dónde viene, las posibles razones por las que se pudo haber generado y los mecanismos básicos que nos ayuden a empezar a trabajar en resolver lo que sentimos. 

Este sentimiento de abandono es inconsciente y se forma desde antes de nacer. Las experiencias de tus padres previas a tu nacimiento hasta tus siete años de vida fueron el pilar de las emociones y las reacciones que tienes hoy, cuando algo te estimula y provoca que tu inconsciente se active haciéndote sentir esa soledad profunda que sientes. Algunos ejemplos de situaciones que motivan la creación de esta herida son episodios que vivimos de niños, donde nuestros padres, y en especial el padre del sexo opuesto, no nos dio suficiente afecto o simplemente mantuvo cierta lejanía física o emocional con nosotros. 

La falta de comunicación con el progenitor del sexo opuesto es una característica común en las personas que tienen esta herida.

El sentimiento de soledad que se genera con la herida de abandono surge por eventos donde nuestros padres se tuvieron que ausentar por algún tiempo (por ejemplo, cuando a un niño recién nacido lo tienen que dejar en el hospital antes de poderlo llevar a su casa). 

Físicamente las personas con herida de abandono carecen de tono muscular. Suelen ser personas lánguidas y encorvadas. Su cuerpo representa al niño que no se puede sostener por sí solo y necesita ayuda para poder salir adelante.

Estas personas tienden a ser manipuladoras y necesitan llamar la atención creando dramas para ser escuchados. Suelen utilizar las dolencias físicas como un mecanismo para ser vistos y escuchados.

Las personas que se sienten abandonadas generalmente buscan ayudar a los demás, aunque en realidad su motivación principal es la de ser admiradas y queridas. Son muy empáticos, por lo cual se sienten responsables de las felicidad o infelicidad de los demás.

Estas personas son muy sexuales y utilizan el sexo como un mecanismo para enganchar al otro y crear dependencias físicas y afectivas con sus parejas. 

Estas personas son propensas a desarrollar padecimientos respiratorios, depresión o enfermedades extremadamente raras. Además tienen una tendencia a la victimización y al rol de salvadores, lloran fácilmente y les gusta causar lastima.

Tienen también una necesidad muy apremiante de apoyo y reforzamiento, así como un sentimiento constante de que el otro no los quiere lo suficiente o sienten que nunca reciben todo el amor que necesitan. Buscan constantemente atención, con muchos altibajos emocionales. Viven con una ansiedad brutal la idea de ser abandonado por la pareja, que se ve reflejado en pensamientos obsesivos y conductas inapropiadas para calmar ese temor a volver a ser abandonados y, por lo mismo, tienden a ser inestables en sus relaciones afectivas. 

Ahora bien, si te identificas con lo que te acabo de explicar, ya disté el primer paso para sanar, y quizás el más importante. Aceptar lo que somos y trascender todo aquello con lo que hemos lidiado durante mucho tiempo es empezar tu proceso de integración. En el caso particular de las personas con la herida del abandono es importante trabajar en la autoestima.

El hecho de que nuestro inconsciente tenga grabadas escenas y experiencias que nos hicieron concluir o creer y sentir que no éramos suficientes no quiere decir que no podamos cambiarlo. Podemos trabajar en reafirmarnos, en encontrar mecanismos que nos hagan sentir capaces y valederos de nuestra propia aceptación y amor.

Si empezamos por querernos tal y como somos, lograremos empezar a edificar los pilares de una nueva personalidad. Una personalidad más segura y, ante todo, digna de comprender que no estamos solos, que somos parte activa y valiosa de la sociedad y que como tal podemos relacionarnos con nuestras parejas, con nuestra familia, con nuestros amigos y con cualquier otro, sintiéndonos plenos y acompañados.