Újule y órale, don Bukele
Economía Aspiracionista

Economista el 95% del tiempo. Egresado del ITAM. Trabajó en IMCO desde hace 15 años. Hizo una maestría en economía agrícola en Inglaterra, pero no recibió un título nobiliario. Ha sido consejero: HR Ratings, CFE, Laureate International Universities, México Unido contra la Delincuencia, Consejo Empresarial Mexicano de Comercio Exterior, Inversión y Tecnología (COMCE), y México Cómo Vamos. Antes de la pandemia hablaba en eventos y conferencias; hoy lo hace por Zoom.

Újule y órale, don Bukele
El presidente salvadoreño Nayib Bukele ofrece una conferencia de prensa Los salvadoreños acudieron a las urnas el domingo para elegir nuevos legisladores y alcaldes en una votación que podría hacer que los partidarios del presidente Nayib Bukele logren la mayoría absoluta en el parlamento. (Foto de STANLEY ESTRADA / AFP)

La cuenta verificada en Twitter @nayibbukele, perteneciente al gobernante salvadoreño Nayib Bukele, lo ubica como “Dictador de El Salvador”. Interesante selección de cargo en esta era de corrección política. 

Simón Bolívar se ostentó en algún momento como el dictador de la Gran Colombia, que comprendía Panamá, Colombia, Venezuela, Ecuador, y un pedazo del territorio de Perú, en el primer cuarto del siglo XIX. La democracia directa no era más que un experimento. A Bolívar le chocaba la idea de llamarse a sí mismo rey, y por eso se puso dictador. 

Sin embargo, en estos tiempos, un dictador es alguien que arrasó con una democracia funcional. Ya existen formas de gobierno más eficientes y participativas que las monarquías. Notable el cinismo de Bukele al decir “sí, soy el dictador, díganme algo”. 

No disfruté ver las fotos de los ‘maras‘ vejados por su gobierno. Sé que los miembros de esa pandilla son violadores y asesinos que reclutan niños. Yo quisiera ver a la Mara Salvatrucha desmantelada, a partir de la aplicación de la justicia. Latinoamérica no necesita justicieros, necesita justicia y debido proceso. Eso no lo haría un dictador, lo haría un conjunto de demócratas y constructores de instituciones, en este caso, del aparato de justicia. 

El preludio sobre la antidemocracia de Nayib I es solamente el proemio del tema que realmente quería tratar: la decisión del soberano salvadoreño de usar bitcoin como moneda de curso legal en El Salvador. 

El Salvador no tiene una moneda propia. Utilizan el dólar. La razón para incluir bitcoin como segunda moneda de curso legal es interesante. Nayib I quiere que se use para que los salvadoreños puedan recibir remesas, y se ahorren la comisión. 

El bitcoin es un activo que tiene alta volatilidad de precio. No es recomendable como instrumento de ahorro. Una de las propiedades deseables del dinero es que sea almacén de valor. Su precio se mueve de forma impredecible, entonces no cumple con esa función.

Pero usarlo para las remesas es brillante. Rompe un duopolio hemisférico, y los monopolios locales de las casas de cambio. La comisión que cobra una institución como Bitso por las transacciones en bitcoin es mucho menor que la que cobran Western Union o Moneygram. Si recibo mi remesa en bitcoin y puedo usar esos recursos de manera directa para comprar bienes o dólares, mi exposición al riesgo bitcoin es mínima. 

Los gobiernos, desde 2008, han sacado a las economías de las crisis mediante emisión de dinero. Esto ha erosionado el poder adquisitivo de todas las monedas oficiales. El boom de los criptoactivos es una respuesta de mercado al abuso de la política monetaria. 

Un país pequeño, como El Salvador, debe aceptar la moneda de cualquier país con el que comercie, incluso monedas privadas, si son generalmente aceptadas. México debería hacer lo mismo. Deberíamos poder cerrar transacciones en euros, renminbi, dólares, pesos, bitcoin, ether o TUSD (un criptoactivo que sigue el valor del dólar). (Nota: el gobierno puede pagar los servicios de médicos cubanos a ese país con euros. Usted y yo no podemos pactar una transacción en ninguna moneda que no sea el peso). 

Eso le quitaría efectividad a la política monetaria para apropiarse de nuestros recursos. Cierto, hay una parte que hay que regular, para que los criptoactivos no se usen para fines ilícitos, como los de la “mara”o el de los hackers rusos que secuestraron el ducto de Colonnial en Estados Unidos. Hay que encontrar formas de supervisión, para que no se utilice para esconder dinero del fisco o para operaciones ilícitas. Pero todo eso se puede lograr mejor que con el dinero en efectivo, porque este último es anónimo. 

Bien por Nayib “El Hipster” por ayudar a la libertad económica de los salvadoreños. ¿La libertad política, y la construcción de instituciones, para cuando, dictador?