¿Quo vadis, América?
Enernauta

Especialista en política energética y asuntos internacionales. Fue Secretario General del International Energy Forum, con sede en Arabia Saudita, y Subsecretario de Hidrocarburos de México.
Actualmente es Senior Advisor en FTI Consulting.

¿<em>Quo vadis</em>, América?
Foto: Pixabay

La evolución de la producción petrolera en el continente americano será fundamental para futuro del mercado internacional. Si el motor de la demanda de crudo se ha desplazado a Asia, el de la oferta nueva se ha concentrado, más allá de los yacimientos de petróleo convencional de Medio Oriente, en los recursos no convencionales de Estados Unidos y Canadá, y en el crudo extraído de las aguas profundas de la costa atlántica de Brasil. Además, Guyana y Surinam se sumarán a este último como las principales fuentes de producción del Atlántico occidental. 

Un vistazo al comportamiento de la producción petrolera en América entre 2010 y 2020 permite apreciar por qué su importancia es creciente. Estados Unidos, Canadá y Brasil figuran junto con Arabia Saudí e Irak entre los cinco países que aportaron una mayor producción en este periodo (las cifras se desprenden del compendio estadístico anual de BP). Los tres países americanos agregaron al mercado mundial 11.4 millones de barriles diarios (MBD), considerablemente más que la de los países de Medio Oriente, cuya producción aumentó 2 MBD; de los miembros de la OPEP, cuya producción disminuyó 3.2 MBD; o de Rusia, que agregó 288 mil barriles diarios. 

Este aumento en la producción de Estados Unidos, Canadá y Brasil compensó de sobra la pérdida de producción de los otrora grandes productores de la región, México y Venezuela, que alcanzó 3.3 MBD. Ambos figuran, por cierto, entre los cinco países donde la producción cayó más, los otros son Libia, Irán y Nigeria.

Las proyecciones para la producción de crudo de Estados Unidos, Canadá y Brasil permanecen optimistas. Conforme a la Agencia Internacional de Energía, al final de esta década Estados Unidos podría expandir su producción a cerca de 16 MBD, Canadá a más de 5 MBD y Brasil a 5 MBD. Para dimensionar el tamaño de estos aumentos, vale recordar que México hoy produce 1.6 MBD y que, en su mejor época, alcanzó 3.4 MBD.

Guyana y Surinam todavía están por desarrollar a plenitud sus recursos petroleros. Sus perspectivas han llamado la atención de la industria desde que un consorcio liderado por ExxonMobil descubriera en 2015 grandes campos petroleros en aguas profundas. Si todo sigue como hasta ahora, para 2030 Guyana alcanzaría una producción cercana a 1 MBD y Surinam se aproximaría a los 650 mil barriles diarios.

¿Por qué crece la producción en Norteamérica y el Atlántico sudamericano mas no en el resto de la región? Porque la lotería geológica juega un papel muy importante, pero no es determinante. El ciclo económico, el precio del petróleo, el costo de extracción, las reglas de inversión, la estabilidad política, entre otros factores, cuentan y mucho. 

Venezuela, fundador de la OPEP (de hecho, su promotor original) y dueño de las reservas de crudo más grandes del mundo, aún mayores que las de Arabia Saudí, aporta el ejemplo más notable. El muy cuestionado manejo de su empresa nacional, la hostilidad hacia la competencia y la subinversión acumulada, agravada por las sanciones de Estados Unidos, resultaron en la última década en un desplome de su producción de 2.3 MBD, el más pronunciado de la OPEP y del mundo. En 2020 produjo 500 mil barriles diarios, casi seis veces menos que en 2010.

Casi todos los demás países del continente americano con potencial para aportar más producción han titubeado sobre el rumbo que quieren para su industria y han obtenido resultados igualmente titubeantes. Cierran, abren, vuelven a cerrar y abren de nuevo su sector petrolero con los vientos de la política y el precio del petróleo. En general, los precios bajos y los rezagos de inversión motivan hasta a los gobiernos de izquierda a repensar la conveniencia de la inversión privada. Cuando los precios suben y se han encontrado reservas suficientes, tienden a cambiar de opinión. 

La iteración más reciente encuentra este mismo año a Argentina, Ecuador y la misma Venezuela buscando facilitar más la participación privada. México y Perú, en cambio, dan pasos para evitarla. Colombia es la excepción: abrió desde 2003 y cosechó notables éxitos, sin embargo, una no muy buena fortuna geológica y su compleja situación política interna impiden el crecimiento de su producción.

Quienes más demoren en promover la competencia y expandir tanto la inversión pública como la privada para aprovechar sus recursos petroleros podrían encontrarse en un mundo donde el avance de la transición energética implique una menor demanda de crudo. El tiempo escasea.

¿Quo vadis, América? O mejor dicho, ¿quo vadis, América Latina?