Autos chocolatosos
Economía Aspiracionista

EManuel Molano es un economista con experiencia en el sector público y privado. Es asesor en AGON Economía Derecho Estrategia y consejero de México Unido contra la Delincuencia. Twitter: @mjmolano

Autos chocolatosos
Los 'autos chocolate' provienen regularmente de Estados Unidos. Foto: AFP

México, a pesar de tener una economía bastante abierta a las importaciones, es bastante proteccionista con ciertos negocios de servicios. Cada rato en México hay discusión, por una iniciativa de ley o por algún debate legislativo respecto a los autos usados importados desde Estados Unidos. La Asociación Mexicana de Distribuidores de Automóviles (AMDA) es la organización más vocal respecto a que se prohiban las importaciones de autos usados. Otras asociaciones, como la Asociación Mexicana de la Industria Automotriz (AMIA), normalmente toman una postura similar. A las armadoras de autos, negocios globales, les debería importar poco dónde se venden los coches, nuevos o usados. Sin embargo, hay un incentivo de las armadoras locales a cerrar filas con sus clientes locales (los distribuidores). 

Probablemente la distribución de autos nuevos en México es un negocio muy rentable tanto para armadoras como para distribuidores. Los planes de crédito son muy baratos, comparado con cualquier préstamo al consumo. Los coches sirven como garantía para el otorgante del crédito durante la vida de este. A pesar de que el crédito sea barato para el estándar mexicano, la tasa es mucho más alta que en Estados Unidos. El precio del coche es mayor que en Estados Unidos. Entonces, en una de esas, a las armadoras sí les conviene vender nuevos aquí, más que allá. 

Los argumentos más socorridos en contra de la importación de autos usados desde Estados Unidos es que compiten de manera directa con la venta de autos nuevos. También, dicen los distribuidores de autos nuevos, se trata de autos viejos, inseguros y contaminantes. Hay que desgranar estas cuestiones. 

Primero. Los usados sí compiten de manera directa con autos nacionales usados y con vehículos nuevos. Como en cualquier mercado, una mayor cantidad ofrecida resulta en una reducción en los precios. A los distribuidores de autos nuevos, que tienen que mantener estructuras costosas de atención al cliente y mantenimiento, la importación de usados les representa una reducción de utilidades importante, incluso les puede representar pérdidas. Dicho lo anterior, esto debería ser un incentivo para que tanto armadoras como sus distribuidores reduzcan costos. Las agencias automotrices, en espacios grandes y costosos en lugares concurridos de las ciudades, son algo del pasado, hoy que es posible hacer negocios de formas más baratas. 

El segundo argumento es que los coches importados usados son muy viejos, es un sinsentido, justo porque así están redactados los decretos de importación de usados, diseñados desde la administración del presidente Salinas para que los agricultores pudieran traer vehículos de trabajo a un costo competitivo. Solamente se pueden traer autos de al menos 10 años de antigüedad. Si queremos coches en mejor estado, tendría que permitirse la importación de modelos recientes. 

En resumidas cuentas: no tiene ningún sentido restringir la importación de autos usados para proteger a la industria automotriz mexicana. Mientras más autos usados importemos, generamos incentivos para que la industria automotriz sea más eficiente y exporte más. 

El asunto es que en México los coches nuevos son caros. Son costosos por el Impuesto Sobre Automóviles Nuevos, y también lo son porque normalmente tienen un atraso tecnológico de dos o tres años. Da la impresión que el mercado nacional de autos nuevos es donde se venden los inventarios de exportación que no se vendieron bien. 

En México, comparado con otros países de ingreso medio, es relativamente costoso tener un automóvil. No debería serlo. Se entiende que en ciudades congestionadas, el sector público nos haga costoso andar en coche privado. En la mayoría del territorio, este no es el caso. Permitir la importación de autos usados desde Estados Unidos, de modelo reciente, y sujetos a una inspección mecánica y verificación de emisiones, puede ser una de las pocas políticas públicas útiles del gobierno actual.