Una sensación de equilibrio
Columnista invitado

Es periodista y analista de datos. Ha colaborado en medios como Reforma, Chilango y Tec Review. Fue coautor del libro Ayotzinapa, la travesía de las tortugas, publicado por la editorial Proceso. También es hincha incondicional de los Leones Negros. Twitter: @ridderstrom

Una sensación de equilibrio
Foto: Pixabay

La pandemia desnudó las inequidades del planeta futbol y castigó particularmente a los malos gestores. Sin dinero para sanear sus cuentas ni emires que contengan su desangramiento, clubes que hasta hace poco gozaban de bonanza –como Juventus, Barcelona o Real Madrid– están pasando ahora por períodos de reconstrucción y se aferran a sus jóvenes valores –Federico Chiesa, Ansu Fati o Vinicius–. Ese desbalance en las cuentas de quienes la década pasada aspiraban cada año al gran título de la Champions League, ha hecho que esta temporada, la competencia de clubes más prestigiosa del mundo sea más vistosa y equilibrada en sus duelos.

Las primeras tres jornadas sirven de carburación para los equipos y comienzan a perfilar a los candidatos al título. PSG y Manchester City, esos clubes-estado que cambiaron la tendencia y a los que ahora, gracias a sus plantillas de altura y sus profundas capacidades económicas, se les exige la Orejona, han generado morbo al tener que enfrentarse en fase de grupos. 

Liverpool y Atlético han brindado un gran espectáculo en su encuentro directo y han minimizado a un Milán que regresó sin mucha suerte a la competición. El heroico Sheriff de Transnistria encabeza su grupo, donde un Real Madrid de marcados altibajos aguanta en segunda posición y el Inter, campeón de su liga, no termina de despegar (quizá por la desmantelación que sufrió en verano).

El Barcelona, tercero, es una tristeza que no logra encadenar dos partidos buenos, y el Bayern, que siempre es una amenaza latente y ha logrado rejuvenecer su plantilla con más éxito que sufrimiento, es una apisonadora que domina su grupo sin esfuerzo. El Chelsea, actual campeón, marcha segundo y pelea de cerca el grupo con una Juventus que parece trabajar mejor sin Cristiano. El portugués, por cierto, ha regresado con bríos renovados a comandar a un United que va primero de grupo.

Y al margen, pero trabajando con inteligencia, están esos equipos de perfil bajo pero destacables: por un lado, el Ajax de Ten-Hag, que ya le ha pegado una goleada de 5-1 al Sporting de Lisboa y otra de 4-0 a un Dortmund que ni aun con la capacidad goleadora de Haaland ha podido dominar sus encuentros; y por el otro, el Atalanta de Gasperini, que ha hecho sudar al United y al Villarreal y ha prendido una hoguera en el grupo F, que parecía asequible para los ingleses.

Parece que por un momento la táctica ha quedado aparcada en pos del espectáculo y de la hinchada, que, aún con cautela, ha vuelto a llenar el estadio. Los primeros tropiezos se han presentado y evidencian que ningún club es inmune a los estragos de la pandemia. Aún es pronto para determinar a los equipos que se clasificarán para los dieciseisavos, pero está claro que en este tiempo, de tanta pérdida, ya ningún equipo pequeño se hinca frente a los tótems, porque entendieron, por fin, que no hay tiempo para eso y que la rebeldía es la que hace que aún miremos este deporte.

Ojalá se extienda este breve periodo de futbol dulce.