CFE, un sueño y el control absoluto
Corto Circuito Paul es doctor en Políticas Públicas y cuenta con 14 años de experiencia en el sector energético donde destacan PEMEX, Brio Suministradora Energética y Ombudsman Energía México. Actualmente, es socio de Perceptia21 Energía y co-host de Corto Circuito. Adicionalmente, es profesor de la Escuela de Gobierno del Tec de Monterrey y el Colegio de la Frontera Norte, y ha sido investigador de NRGI, SEforAll y el BID. Twitter: @paulalejandros
CFE, un sueño y el control absoluto
Manuel Barlett, titular de la CFE. Foto: @CFENacional.

Esta es la historia de un sueño. Es la historia del director de una empresa que soñaba ser una secretaría de Estado, un regulador de mercado, un operador independiente del sistema, un monopolio, un monopsonio y controlar de forma absoluta todo, todo, el sector eléctrico del país. Para otros, este sueño es una pesadilla para todos los usuarios, quienes ven como el gobierno presenta una iniciativa para poner en el centro de la electricidad no a usted, ni a mí, ni a 50 millones de usuarios de energía eléctrica, sino a CFE. Es un sueño, o una pesadilla pues, no de libertades, sino de control absoluto.

El Ejecutivo federal presentó el viernes 1º de octubre su iniciativa de reforma constitucional en materia de electricidad. La iniciativa presenta una exposición de motivos que es, en sí misma, una guisa de verdades a medias y mentiras completas. La manipulación de los hechos y datos, la confusión sistémica de términos ya sea por ignorancia o por estulticia, llena páginas y páginas de narrativa con el único fin de presentar un sector energético en crisis, con altos precios de energía y cuyo único salvador puede ser CFE. 

CFE aparece con el disfraz de héroe, dispuesto a corregir todos los fallos de mercado producto de los avances de 30 años de liberalización paulatina, confundida con privatización, aunque la única prueba de que un activo de CFE haya sido privatizado es la entrega de hidroeléctricas, terrenos y edificios que se ha consumado en esta administración a una empresa privada del sindicato de Luz y Fuerza del Centro. 

CFE, el salvador, entonces tiene la respuesta en sus manos y la promesa de bajar los precios de la energía eléctrica a cambio de un pequeño precio. Así, como en el Padrino, CFE solo nos pide a cambio una pequeña cosa: sometimiento incondicional a nivel constitucional y el control absoluto. Que nadie más pueda vender energía eléctrica a los usuarios y que nadie más pueda comprar energía eléctrica a los generadores. Lo primero es un monopolio y lo segundo un monopsonio y, en el centro, como el protagonista de esta historia, CFE. Los usuarios son tan solo daño colateral.

La iniciativa no habla de eficiencia operativa dentro de CFE, no habla de retiro de activos obsoletos, no habla de cerrar plantas que operan con carbón o combustóleo, no habla de una cirugía mayor para mejorar los pasivos laborales, no habla de responsabilidad financiera, no habla de reestructura de deuda, no habla de empoderar a los usuarios y darles opciones, no habla de una transición energética, no habla del futuro, no habla de transparencia y rendición de cuentas. En fin, no habla de algún aspecto positivo para los ciudadanos.

Si la reforma no corrige una serie de fallas estructurales en CFE como la alta plantilla laboral de la empresa, el déficit de inversión en infraestructura de transmisión y distribución, la dependencia de subsidios federales, el exceso de asignaciones directa y el total desprecio por la regulación y la competencia, no hay forma, ninguna forma, de que los precios de energía eléctrica bajen, porque los costos no estarían bajando.

La única forma de que esto ocurriera es que bajaran de forma artificial, por medio de control de precios, pero si algo hemos aprendido del reciente fracaso en el control de precios de la gasolina, retirando todas las regulaciones asimétricas a Pemex o en el gas LP con el precio máximo y la creación de Gas Bienestar, es que estas estrategias no funcionan. No existe la energía barata por decreto.

Entonces, los precios bajos, si se reflejaran en nuestras facturas, solo se explicaría ya sea por un incremento en los subsidios a cargo de los contribuyentes cautivos o un incremento en las pérdidas de la empresa que requeriría un rescate en el futuro; o el despojo a las empresas privadas a las cuales condicionarían para aceptarles la energía un precio muy por debajo de aquel que les permitiera tener ganancias, lo cual es un efecto del poder de mercado de un monopsonio; o el incremento súbito de precios a las empresas privadas, las cuales no tendrían otra opción, lo cual refleja el poder de mercado de un monopolio.

De tal forma que, estimado lector, no existe una estrategia real para bajar los precios de la electricidad. Los precios bajos de energía no existen y es ahí donde está la gran falacia de esta iniciativa, pues no se trata de beneficiar al pueblo o a los ciudadanos, se trata del control absoluto que es el sueño del director de una empresa.