La gran coalición ciudadana
Ciudadano Político

Provocador de ciudadanos, creador de espacios de encuentro y conocimiento. Exservidor público con ganas de regresar un día más preparado. Abogado y politólogo con aspiraciones de chef. Crítico de los malos gobiernos y buscador de alternativas democráticas. Twitter: @MaxKaiser75

La gran coalición ciudadana
Foto: Pixabay

Por años hemos dejado a los partidos políticos crear alianzas y coaliciones, con nombres ridículos y causas genéricas, que poco tienen que ver con los ciudadanos, sus problemas y sus necesidades. La causa real de todas y cada un de esas coaliciones ha sido la misma: quitar al partido que ocupa en ese momento el poder. 

Hemos escuchado a todos los partidos políticos acusar a otros de ser la encarnación del mismo demonio, para unos años después verlos en el templete electoral, agarrados de la mano, salivando en torno a un candidato, y la posibilidad de regresar al poder. Ejemplos sobran, como las alianzas de Morena con el Partido Verde, o las del PAN con sus eternos contrincantes, el PRI y el PRD. Los gobiernos derivados de esas coaliciones han sido de mediocres a malos: malos equipos, desorden administrativo, malas gestiones, malos resultados y mucha corrupción.

Dejo a un lado las alianzas para integrar los poderes legislativos federal y locales, porque creo que en todas las democracias del mundo son necesarios y normales los frentes legislativos para crear leyes incluyentes, con equilibrios y contrapesos. Ese es otro tema.

Pero los poderes ejecutivos federal, locales y municipales son animales muy diferentes. En estos se requiere de una cohesión y de un proyecto claro, integral, robusto y estable, que difícilmente se logra con coaliciones entre grupos de poder tan distintos entre sí. Los poderes ejecutivos, es decir, los gobiernos, requieren de equipos integrados por personas que confían uno del otro, que tienen intereses alineados y que aceptan la jerarquía y el liderazgo de quien ganó la titularidad del cargo. 

Una y otra vez hemos visto fallar a estos gobiernos de coalición artificial porque al integrar los gabinetes los cargos se asignan con base en las cuotas negociadas en las campañas, los equipos se integran por personas que jamás se habían visto a la cara, o peor, con personas que llevan años siendo contrincantes políticos, que se detestan entre sí. Son equipos armados por feudos y carteras de gobierno, para darle un premio a todo grupo que aportó algo a la campaña. Los conflictos empiezan desde la transición y se agravan conforme avanzan los meses y los años. Los titulares del gobierno en turno parecen más árbitros de una familia disfuncional, que líderes de un equipo político que quiere dar resultados. 

Hacia allá vamos para 2024 si no hacemos algo. Morena intentará hacer alianzas con quien se deje, sin importar nada más que mantener el poder, y los demás partidos intentarán hacer lo mismo, con el fin de ganarle a Morena. Esto para ganar la presidencia, pero también para ganar las gubernaturas y presidencias municipales en juego, que son muchísimas.

Y, nosotros, los ciudadanos, mirando frustrados como los mismos grupos de siempre juegan con nuestro futuro. Esto, a menos de que hagamos algo, desde hoy.

La gran coalición ciudadana es muy diferente a lo que acabo de describir. Se trata de una alianza en torno a causas y proyectos concretos, no en torno a personas y membretes. Tiene cinco pasos: 1) La descripción y explicación del fracaso de todos; 2) La creación de una visión de país integral, moderna, incluyente y justa; 3) La creación de una agenda mínima con base en esa visión; 4) La integración de líderes y expertos que expliquen y promuevan esa agenda; 5) Las alianzas con partidos para que esos líderes se conviertan en candidatos a puestos claves, con el compromiso de armar equipos sólidos y de empujar los temas de la agenda ciudadana. 

Con esta gran coalición ciudadana ganamos todos: a) ganan los partidos políticos que carecen de una agenda legítima y sustantiva, y que no tienen líderes con prestigio e integridad, b) ganan los ciudadanos que finalmente podrán colocar sus prioridades en la agenda política, y c) gana México porque se da la oportunidad, finalmente, de una necesaria renovación de la desprestigiada clase política.

De lo contrario, si volvemos a aceptar la misma fórmula de siempre, más nos vale aceptar que seremos corresponsables de obtener los mismos resultados de siempre.