Un futuro desgastante
Columnista invitado

Es periodista y analista de datos. Ha colaborado en medios como Reforma, Chilango y Tec Review. Fue coautor del libro Ayotzinapa, la travesía de las tortugas, publicado por la editorial Proceso. También es hincha incondicional de los Leones Negros. Twitter: @ridderstrom

Un futuro desgastante
Foto: Pexels.

El apretado calendario ha decidido que esta fecha FIFA de noviembre sea la tercera en tan sólo tres meses. Los jugadores han hecho un sobreesfuerzo para intentar clasificar a sus selecciones al Mundial de Catar y a varios el cuerpo les ha exigido parar ante la excesiva carga de trabajo. En medio de esa vorágine propiciada por la pandemia, Arsène Wenger -que como Jefe de desarrollo global de futbol de la FIFA ha demostrado ser todo lo contrario al empático y meticuloso entrenador que fue- propuso que después de 2026, el Mundial se celebre cada dos años en lugar de cuatro. La moción deberá ser votada el próximo veinte de diciembre y una de las razones que intenta justificarla es la de dar a los países pequeños más posibilidades de sumarse al mayor festejo del futbol.

El antecedente de los sobornos a Joseph Blatter y la crisis financiera global hacen pensar que el dinero es el motivo detrás de esa drástica propuesta. Los espectadores más jóvenes ya no tienen la capacidad de atención y retentiva de antaño, por lo que los puntos de audiencia de las transmisiones en vivo han disminuido sensiblemente y han supuesto pérdidas para las televisoras. Las ligas sufren la pobre captación de nuevos seguidores, y los actuales están tan embotados de información, que sólo se interesan por los clásicos y los “partidos grandes”, esos que se dan hasta el último tramo de temporada y enfrentan a lo mejor de las élites europeas. Por supuesto, recortar el tiempo entre un Mundial y otro, hará que los nuevos seguidores tengan más de esos “partidos grandes”, aunque, paradójicamente, pudieran habituarse a ellos y terminar por hastiarse del deporte mismo.

El otro argumento de Wenger es el reacomodo y compactación del calendario. Con ese nuevo formato, los jugadores no deberían hacer tantos desplazamientos intercontinentales y se minimizaría el riesgo de lesiones, que tanto preocupan a sus clubes de procedencia. En esta fecha FIFA, el PSG, a través de su director deportivo Leonardo, se quejó de que Messi viajara para concentrarse con su Selección y de que haya jugado más partidos con ellos que con su club. El rosarino estaba en proceso de recuperación por unas molestias en los isquiotibiales; pero hizo el viaje para aportar su peso específico en un par de encuentros que podrían darle a Argentina su boleto a Catar 2022.

¿Entonces el jugador debe más lealtad al club que paga su salario o a la patria que lo vio nacer? En el futbol actual, los clubes, con su propensión a pagar salarios disparatados, parecen haber ganado el pulso. Wenger va a lo suyo e ignora a quienes intentan rebatirlo. De entre las voces que se han sumado a la discusión, la de Thierry Henry es una de las más sensatas y empáticas. El legendario delantero francés (expupilo de Wenger) propuso pensar en el alto coste psicológico que supondría jugar tan seguido un torneo tan importante.

¿De qué sirve apresurar el espectáculo, si los protagonistas estarán fundidos física y mentalmente cuando suceda?