Sobre circo, presupuesto y máquinas de vapor
Tácticas Parlamentarias

Analista y consultor político. Licenciado en Ciencia Política por el ITAM y Maestro en Estudios Legislativos por la Universidad de Hull, en Reino Unido. Es coordinador del Diplomado en Planeación y Operación Legislativa en el ITAM. Twitter: @FernandoDworak

Sobre circo, presupuesto y máquinas de vapor
a Cámara de Diputados aprobó este miércoles en lo general el presupuesto federal de 2022 con 274 votos a favor, 219 en contra y tres abstenciones. Foto: EFE/Cámara De Diputados

Aunque pareciera un lugar común, no bastan las leyes o los aparatos para ejercer coacción si se desea gobernar: es necesario movilizar de manera constante el apoyo, para generar aceptación. Es decir, el poder tendrá siempre dos caras. El problema es que este hecho a menudo se suele pasar por alto, arrojando consecuencias indeseadas.

En 1868, el entonces editor de The Economist, Walter Bagehot, decía que el poder en el Reino Unido tenía dos caras: la dignificada y la eficiente. La primera era la monarquía, su pompa y ceremoniales, que eran necesarias para generar aceptación del régimen, aunque la reina estuviese obligada a firmar su sentencia de muerte si se la extendía el Parlamento. Por la segunda, se entendían las estructuras de gobierno y el aparato burocrático. También es común hablar de las dos caras del poder según el sociólogo Max Weber: las leyes y el aparto de coerción por una parte, y la legitimidad por la otra.

Bajo ese mismo tenor, podemos imaginar a un órgano legislativo como una gran máquina de vapor, cubierta por múltiples válvulas de escape que se tienen que abrir o cerrar en determinados momentos para que funcione. Si se abriesen todas de manera simultánea, no habría presión suficiente para generar movimiento. Al contrario, de estar todas cerradas, la presión se acumularía hasta hacerla estallar. Muchas etapas del proceso legislativo están diseñadas para abrir esas válvulas de escape: aunque no necesariamente cambien los resultados de un debate, ayudan a legitimar lo que se apruebe al liberar tensiones.

Un gran ejemplo ocurrió el fin de semana pasado, durante la aprobación del Presupuesto de Egresos para 2022, cuando se discutieron 1994 reservas del jueves a la madrugada del domingo. Desde el inicio se sabía que era muy probable que ninguna se aprobase, aunque lo importante era dejar que todas las personas legisladoras tuvieran la oportunidad para hablar a nombre de sus distritos. No permitirlo hubiera generado tensiones innecesarias, dando pie a cuestionamientos sobre el resultado.

Además, esa oportunidad se podría usar para que la oposición presentase una alternativa sólida y creíble, en caso que llegasen a ejercer el poder. Claro está, asumiendo que fuesen lo suficientemente inteligentes para aprovechar la oportunidad y representasen algo distinto a la mera reacción contra el gobierno.

Por desgracia, muchas diputadas y diputados opositores usaron su oportunidad para hacer circo, performance y teatro, restando la eficacia de compañeras y compañeros que tenían la intención de presentar planteamientos más sólidos, poniéndose al mismo nivel de quienes están en el gobierno. 

De inmediato Morena y sus aliados aprovecharon esto para convertir la maratónica sesión en una romería, con calaveras en tribuna, acusaciones de brujería, letreros insultantes y, claro, la celebración improvisada del cumpleaños del presidente. En breve, el acto de discusión terminó en un espectáculo más.

Lejos de ser materia de escándalo, es frecuente que haya circo en el pleno. De hecho, si no hubiese, nadie pondría atención en lo que ocurre al interior del Congreso, y nuestra clase política tendría mayor margen de maniobra para hacer lo que quisiese. Es decir, el espectáculo sirve para que nos demos cuenta que algo está pasando, lo cual merece nuestra atención.

Con lo anterior en mente, es nuestra responsabilidad conocer lo que ocurre detrás de ese espectáculo, si deseamos realmente incidir en la toma de decisiones. Es cuestión de táctica y conocimiento, no de apasionamiento.