Sobreviviendo a las fiestas
Regresando al amor

Psicoterapeuta familiar sistémica, escritora, meditadora y activista por la equidad de genero. Su práctica está encaminada al reconocimiento de la herida emocional infantil para el desarrollo integral del adulto consciente. Instagram @rominalcantar

Sobreviviendo a las fiestas
Foto: Pixabay

Los rituales y tradiciones son parte importante de nuestra personalidad y nuestro sentido del ser. Estos crean nuestras creencias de lo que debe y no debe ser en ciertos momentos de nuestra vida. Hay fechas que tradicionalmente han hecho parte de nuestra historia y que han ayudado a definir nuestra realidad como la conocemos. Creemos, por lo que nos han hecho vivir, que momentos como las fiestas decembrinas deben ser compartidos en familia o con nuestro circulo familiar cercano. Pero, la verdad, es que para muchos estas fechas no necesariamente están conectadas a la ilusión que nos hicieron creer que son o simplemente no simbolizan el mundo perfecto que nos han dibujado. Hay tristezas, momentos difíciles, dificultades que muchos experimentan día a día y que aun con estas fiestas no dejan de existir.

Estos momentos que colectivamente se pueden mostrar como una ilusión de lo que todos deseamos vienen acompañados de fotos que nos aparecen en comerciales, en redes social, en nuestro círculo y en todos lados muestran personas felices, en familia, personas divertidas, llenas de gozo, alegría, paz, incluso con regalos, comida, viajes y mil cosas más que representan una realidad colectiva perfecta y forzada por todo esto que describo. 

Pero la realidad individual, y quizás en muchos casos la colectiva, es otra. Es una realidad donde todos estos preceptos sociales no son lo que parecen ser. Es una realidad donde nos encontramos con nuestras heridas, las cuales vivimos y sentimos constantemente pero que evadimos y ocultamos detrás de esas memorables fotos de gozo colectivo. 

Como seres en evolución, todos vivimos procesos de desarrollo personal que navegamos en nuestras vidas casi siempre sin las herramientas correctas –o mínimamente– y sin una guía clara para enfrentarlos y reconocerlos. Tener la capacidad de darnos cuenta de quiénes somos y aceptar que quizá en alguna de esas fechas importantes en las que “debemos” estar en familia simplemente no queremos hacer parte de la fiesta y mejor queremos dedicar nuestro tiempo para interiorizar y escuchar a nuestro yo interior también es valido y tan valioso como festejar.

Nuestros problemas no desaparecen por el simple hecho de dejar de pensar en ellos. Nuestro miedos permanecen latentes esperando el momento perfecto para salir y desencadenar momentos de angustia e inseguridad. Festejar por obligación social no es sano cuando aún tenemos que enfrentar a ese yo que necesita ser escuchado y reconocido. Es valido dedicar tiempo para que ese yo interior nos hable. Es importante reconocernos como seres imperfectos, incluir esa imperfección y transcenderla, para que así podamos seguir adelante en nuestro proceso de sanación. 

Por otro lado, es importante reconocer que lo más importante en estas fiestas y todo el tiempo eres tú. Aquí te dejo unas claves importantes para sobrevivir a estas festividades:

  • Es válido crear tus propias tradiciones.
  • Es válido poner límites a tus familiares, amigos y a quien necesites. 
  • Puedes decir que ‘no’ las veces que necesites. 
  • Está bien priorizar tus necesidades.
  • Puedes no dar ninguna explicación de tu vida.
  • Está bien hacer lo que tú creas que está bien para ti.

Sanar nuestras heridas nos hace más grandes y capaces de crear una vida plena, un espacio de constante comunión con nuestro ser interior que sea capaz de compartir todo lo que es, perfecto y en evolución.

Las sonrisas internas son manifestaciones de aceptación e inclusión que subyacen las capas de la inconsciencia colectiva que nos domina desde el momento que nacemos. Celebrar es justo y personal. Aceptar a los demás como son y entender que en muchas ocasiones sus propios problemas superan su capacidad celebrar, nos engrandece y nos ayuda en nuestro propio proceso evolutivo.