Descubrimos un factor que predice qué países sobreviven mejor al Covid-19
'La confianza en otras personas es muy importante porque muchos aspectos de la lucha contra una pandemia –como el distanciamiento social– requieren una acción colectiva'. Foto: Maureen McLean/REX/Shutterstock

En 2019, el Índice de Seguridad Sanitaria Mundial publicó un informe que clasifica a los países según su preparación para las pandemias. Estados Unidos obtuvo la mejor puntuación, seguido de Reino Unido. Dos años después, ambos países figuran entre los que tienen más pérdidas de vidas por Covid-19. ¿Cómo pudo ocurrir esto?

Gran parte de la respuesta es la confianza. Países que parecían buenos en teoría en 2019, como Estados Unidos, Reino Unido, España y Eslovenia, descubrieron que carecían de esta capa de defensa intangible pero fundamental. Y esta cifra de nuestra investigación de los últimos dos años en el Oxford Covid-19 Government Response Tracker lo muestra con crudeza. A la izquierda (véase más abajo) se puede observar que una mayor puntuación de seguridad sanitaria mundial en 2019 no tiene correlación con un menor número de muertes durante la pandemia, al menos entre los países cuyos sistemas de salud tienen un umbral mínimo de capacidad.

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Foto: Blavatnik School of Government/University of Oxford

Pero a la derecha vemos que un indicador mucho mejor de cuántas personas morirían –o sobrevivirían– durante la pandemia es el nivel de confianza interpersonal en una sociedad. Esto no se refiere a la confianza en los gobiernos o en las instituciones: ambos han recibido mucha cobertura durante los dos últimos años, y sin embargo parecen tener poco efecto. Más bien se trata de un indicador de cuánto cree la gente que puede confiar en otro ciudadano que no conoce.

En cada etapa de esta pandemia, este tipo de confianza ha constituido un recurso fundamental. Después de dos años, ahora podemos ver claramente lo importante que fue, lo que plantea la cuestión de cómo podríamos reforzarla para hacer frente tanto a la amenaza actual que representa el Covid-19, así como a la próxima pandemia.

Los resultados de los dos últimos años muestran que las medidas extraordinarias que nos pidieron que siguiéramos para “aplanar la curva” realmente pueden funcionar para reducir o incluso erradicar las infecciones, sobre todo cuando son aplicadas durante el comienzo de una ola. Sin embargo, si profundizamos un poco más, observamos que estas restricciones funcionan mejor –y con frecuencia no tienen que ser tan severas ni largas– en los países de alta confianza.

Los países situados en los primeros cuartiles de confianza interpersonal en realidad pasaron un 30% menos de tiempo en un índice de rigurosidad superior a 70 –es decir, viviendo con órdenes de quedarse en casa, cierres de escuelas y lugares de trabajo, y restricciones similares– en comparación con los países situados en los últimos cuartiles. También experimentaron la mitad de muertes per cápita en 2020 y 2021. En otras palabras, las sociedades en las que la gente confía en los demás fueron capaces de obtener un mayor beneficio para la salud a partir de las restricciones más laxas.

Pero, curiosamente, este efecto solo es válido para la confianza interpersonal, no para la confianza en los gobiernos. No observamos ninguna diferencia en la rigurosidad de las restricciones aplicadas en los países donde los ciudadanos confían en el gobierno en comparación con los países donde la confianza en el gobierno es baja.

La confianza en otras personas es muy importante porque muchos aspectos de la lucha contra una pandemia requieren una acción colectiva. La única manera de romper una cadena de infección consiste en que todas las personas participen, por ejemplo, siguiendo las normas de distanciamiento social. Es mucho más probable que los individuos cambien su comportamiento si confían en que los demás también lo harán. Después de todo, si esperas que los demás incumplan las normas, ¿por qué deberías ser tú el inocente que sigue sentado en casa?

Además, la confianza puede ser especialmente importante en el caso de las medidas sencillas, como el rastreo de contactos y el autodiagnóstico, que probablemente seguirán siendo elementos clave de la “nueva normalidad” en muchos países. Si das positivo, ¿te aíslas y ayudas a identificar a quienes podrías haber puesto en riesgo? Si confías en que los demás harán lo mismo, es más probable que lo hagas.

Ahora sabemos que este tipo de confianza es inmensamente importante. También sabemos que es escasa. Y, lo que resulta peor, vemos pruebas de que ha disminuido en los dos últimos años. El más reciente barómetro Edelman Global Trust Barometer reveló marcados descensos en los niveles generales de confianza en países como Estados Unidos, Alemania, Australia y Corea del Sur entre 2021 y 2022. Estos resultados encajan con décadas de investigación que muestran la disminución de los niveles de confianza en las instituciones y la confianza en otras personas en todo el mundo. Estas tendencias constituyen una mala noticia para la futura preparación.

No obstante, hay esperanza. Uno de los hallazgos más sorprendentes del informe es que la confianza en los compañeros de trabajo y en los vecinos aumentó en todo el mundo. Muchos de nosotros podemos recordar anécdotas de los dos últimos años en las que las comunidades se unieron para ayudarse mutuamente, sobre todo durante esos primeros meses de incertidumbre. La gente organizó la entrega de alimentos para los vecinos ancianos y se asomó a sus ventanas para animar y aplaudir en apoyo al personal de salud. A través de su respuesta a la crisis, la gente demostró que podía crear confianza.

La lección clave es que la confianza no es un recurso natural enterrado en el suelo que algunas sociedades tienen la suerte de tener y que otras nunca podrán obtener. La confianza es algo que todos, de forma individual y colectiva, producimos a través de nuestras acciones, comportamientos, creencias e instituciones. Eso significa que se puede construir.

Los gobiernos y los legisladores deben preguntarse qué se puede hacer para aumentar aún más la confianza. Los académicos han identificado varias intervenciones clave que pueden promover la confianza analizando los cambios en los niveles de confianza en las sociedades a lo largo de las décadas: reducir la desigualdad de ingresos; luchar contra la desinformación en las redes sociales; confiar en las personas comunicándose con ellas con transparencia y honestidad.

Ninguna de estas cosas es sencilla, ninguna es una panacea y ninguna depende únicamente de los gobiernos. Sin embargo, las políticas y estrategias gubernamentales pueden mejorarlas, o empeorarlas. La investigación sugiere que los gobiernos deberían abordar esta cuestión con seriedad. Generar confianza puede ser tan importante como invertir en nuevas vacunas o camas de hospital. Mientras intentamos construir un mejor sistema inmune para el cuerpo político, las inversiones a largo plazo para construir la confianza serán invaluables.

Thomas Hale es profesor asociado de Blavatnik School of Government, Universidad de Oxford, donde dirige el Oxford Covid-19 Government Response Tracker. Rodrigo Furst contribuyó al análisis de datos de este artículo.

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