Orgullo y estridencia
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Es jefe de información en Imagen Noticias con Yuriria Sierra en Imagen Televisión. Ha colaborado en Nexos, Proyecto 40 y Dónde Ir.  IG y TW: @alanulisesniniz

Orgullo y estridencia
Personas integrantes de la comunidad LGBT+ durante una marcha en la Ciudad de México. Foto: Alexa Herrera/La-Lista.

Hace un par de días leí un tuit en el que el autor cuestionó la causa de colectivos e integrantes de la comunidad LGBT+. Si la industria cultural, los medios masivos de comunicación, los organismos internacionales, partidos políticos y hasta “los más ricos del planeta” muestran apoyo a la diversidad sexual, ¿por qué entonces señalamos exclusión? Para un politólogo y conferencista, como lo es el responsable de esta pregunta, la duda raya la pobreza de análisis, en la ignorancia.

La interrogante (escrita con dejo descalificativo) es con seguridad el argumento de grupos conservadores que apelan al “respeto a sus ideas” siempre que se comulgue y cumpla con ellas, pero es necesario exponerla y desnudarla con golpes de realidad, porque también es así como esto alcanza varias esferas: a los responsables de elaborar políticas públicas y a ciudadanos que pueden mejorar su entorno a partir de la apertura y conocimiento.

También hace un par de días, Veracruz se convirtió en la entidad del país número 27 en avalar las uniones civiles entre personas del mismo sexo. La iniciativa cambia la redacción del artículo 75 del Código Civil del estado, que ahora se leerá así: “el matrimonio es la unión de dos personas a través de un contrato civil que, en ejercicio de su voluntad”, ya no se imponen ni limitan identidades sexogenéricas cuando se trata de compartir un proyecto de vida bajo lineamientos legales. Estas breves palabras cambian el panorama por completo, al menos en papel, porque así como nadie queda fuera de la posibilidad de unión, sí se incluye a todos los que en algún momento querrán o quieren sellar su compromiso ante un juez. Sin embargo, esto no acaba con una causa, por el contrario. Ya veremos cuál es la reacción de ese pensamiento radical que ha convertido a Veracruz, por tercer año consecutivo, en el territorio nacional con más crímenes contra la comunidad LGBT+. Los datos los ofrece el Observatorio Nacional de Crímenes de Odio de la Fundación Arcoíris.

Nombrar, incluir, es un primer paso para el reconocimiento, pero una obligación del Estado que aún encuentra cientos de cuarteles en resistencia, por eso la causa está presente, por fortuna, cada vez con más espacios para la expresión. Pero aquí no termina, esta lucha no estará completa hasta que, por ejemplo, logremos contener la violencia que existe contra las personas LGBT+. El matrimonio igualitario es una deuda histórica, que aún no está escrito con todas sus letras en los 32 estados del país, pero también sólo una de las aristas, tal vez la más visible cuando se habla de derechos; pero hay más y más urgentes, como el acceso a servicios de salud sin espacio para la discriminación o la instrucción en escuelas de todos los grados que incluya educación respecto a identidades sexuales.

La realidad está plagada de desigualdad y escenarios de violencia que en su mayoría inicia de forma verbal, pero que tiene vía libre para la agresión física. Así que por más apoyo de la industria cultural, de los medios masivos de comunicación, de los organismos internacionales, partidos políticos y hasta de “los más ricos del planeta”, la comunidad LGBT+ sigue excluida y eso no cambiará mientras haya voces que cuestionen nuestra existencia. Este mes, no solo es de orgullo, este mes es y debe ser también de estridencia: por un entorno en el que se adelgace la ignorancia, madre de todos los odios y sus consecuencias.