Un abrazo del alma, papá
La terca memoria

Politólogo de formación y periodista por vocación. Ha trabajado como reportero y editor en Reforma, Soccermanía, Televisa Deportes, AS México y La Opinión (LA). Fanático de la novela negra, AC/DC y la bicicleta, asesina gerundios y continúa en la búsqueda de la milanesa perfecta. Twitter: @RS_Vargas

Un abrazo del alma, papá
Foto: Pixabay

Durante nuestros últimos años de convivencia, los temas recurrentes en las pláticas con mi papá eran dos: futbol y política.

Es indudable el gran apoyo que significó mi padre en mis primeros años como reportero y editor. Jubilado apenas unos años atrás, mi viejo escuchaba radio gran parte del día y cuando yo llegaba a comer a la casa, antes de ir a la redacción de Reforma, me hacía un resumen de lo que había pasado en los campamentos de los equipos de primera división. Si había algún breaking news, lo sabía al instante. Durante los partidos, cuando no estaba con él, era frecuente que me llamara por teléfono para comentar algún gol o una expulsión; con la política sucedía algo similar.

Emocionado como tantos otros mexicanos con la llegada a la presidencia de Vicente Fox, el tiempo no le alcanzó para arrepentirse de haber votado por el guanajuatense y después de alguna desafortunada declaración del “presidente con botas”, me marcaba para decirme: “¿Ya escuchaste lo que dijo este animal?” Estaba tan pendiente de las declaraciones de Fox, que él bien pudo haber escrito el libro ¿Y yo por qué?, la recopilación de frases hilarantes que Andrés Bustamante sacó en 2004.

Los sábados, después de las comidas familiares, a veces nos quedábamos un par de horas en la cocina, cuba de Bacardí blanco en la mano, platicando las incidencias de la jornada futbolera. Los domingos, cuando regresé a la casa familiar después de mi fracaso “matrimonial”, nos íbamos a desayunar al Sanborns con la revista Proceso y El País Semanal en la mano, nos recomendábamos lecturas.

El día del padre de 1993, mi precaria economía de “estudihambre” solo me permitió regalarle No habrá final feliz, la tercera novela de la serie del detective Belascoarán Shayne de Paco Taibo II. Lo hice feliz. Leímos la saga completa y eso nos acercó aún más.

El último partido que vimos juntos en el estadio fue la final de ida de la Copa Sudamericana 2005, cuando Pumas y Boca Juniors empataron 1-1, el 6 de diciembre de 2005. No recuerdo cuántos partidos vimos juntos con mis hermanos en Ciudad Universitaria, pero para mi padre CU era un territorio natural.

Más de una vez me contó emocionado que estuvo en la cancha la noche del 2 de febrero de 1961, cuando el Necaxa derrotó 4-3 al legendario Santos donde jugaba Pelé. Aquel partido se convirtió en un referente para toda una generación. Además de mi viejo, Miguel Padilla me contó que su papá también fue testigo presencial de esa gesta. Como pasa con el Argentinos Juniors-Talleres (el debut de Diego Maradona) y el Argentina-Inglaterra del 86, si los que dicen haber visto en directo la victoria del Necaxa contra el “Peixe” hubieran estado en CU, tres Estadios Azteca no serían suficientes para meterlos a todos.

Los goles del Santos fueron de Pepe (2) y Coutinho; por el Necaxa marcaron Peniche, Ortiz y dos veces Dante Juárez, con quien el papá de Miguel Padilla conversó años más tarde cuando fue a comprar un auto y se encontró, sorprendido, con que el “Morocho” era el gerente de ventas de la agencia.

Mi viejo, necaxista de toda su vida, se hizo de Pumas cuando desapareció su equipo para dar paso al Atlético Español, al que siempre odió. A mis hermanos y ya mí nos hizo de Universidad.

No sé qué hubiera sido de la relación con mi papá sin ese vínculo con el futbol que se mantiene hasta la fecha. Por eso, el día más duro de mi vida no es cuando se fue, sino el primer partido de Pumas que vi en su ausencia. Al terminar, como siempre, tomé el teléfono para comentar con él el partido, pero al marcar me quedé con el auricular en la mano unos segundos… Después me fui al baño de la oficina a llorar. Hoy es una anécdota más, porque a mi viejo lo abrazo todos los días como si hubiéramos ganado un campeonato del mundo.

El otro “Día del Padre”

El “folclore” que rodea el futbol argentino está lleno de historias increíbles. Cada 8 de marzo, desde 1992, los hinchas de Newell’s Old Boys festejan un nuevo aniversario de lo que ellos denominaron el “Día del Padre”, en referencia a un clásico ante Rosario Central que el equipo rojinegro ganó con un gol de Cristian “Pájaro” Domizi.

Aquel equipo dirigido por Marcelo Bielsa debía jugar el lunes 9 de marzo contra la Universidad Católica de Chile por la Copa Libertadores y como los “Canallas” no quisieron postergar el encuentro, el “Loco” decidió ir al Gigante de Arroyito con sólo tres titulares: Llop, Domizi y el “Yaya” Rossi. El triunfo de la “Lepra”, con suplentes, fue una proclama de la “paternidad” (hegemonía) de Newell’s sobre Central, de ahí el nombre. Aquel gol de Domizi permitió que años más tarde comenzara una gran amistad con Adriano y Armando Di Leo, y con el mismo “Pájaro”. Para ellos tres, también, ¡feliz Día del Padre!

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