Los jóvenes también tropiezan
Alioli

Es periodista y analista de datos. Ha colaborado en medios como Reforma, Chilango y Tec Review. Fue coautor del libro Ayotzinapa, la travesía de las tortugas, publicado por la editorial Proceso. También es hincha incondicional de los Leones Negros. Twitter: @ridderstrom

Los jóvenes también tropiezan
La selección de México perdió la oportunidad de acudir al Mundial sub-20 y a los Juegos Olímpicos de París. Foto: EFE / José Valle

Lo dijo muy bien Jorge Moreno, portero Sub-20 de Guatemala e indudable estrella de la noche luego de atajar cuatro penales (uno en tiempo regular y tres en tanda de penaltis) y dejar a México sin Juegos Olímpicos ni Mundial Sub-20: “Los mexicanos nos miraban de arriba abajo, más el capitán, pero las miradas se las comieron y se van a ir tristes a su país”. Un fiel retrato de la altivez del jugador mexicano actual, que sobreestima sus capacidades y demerita al rival.

La Selección Sub-20 daba por hecho su pase porque, en el papel, Guatemala era un rival asequible. Pero en el futbol hay muy pocos factores que se pueden predecir y los chapines dieron la campanada. Pero ¿de dónde viene esa creencia de que somos los mejores de la región? Quizá porque hasta hace 15 años no había mayor competencia en Concacaf, o quizá porque durante su formación alguien les vendió la idea de que eran muy buenos, aunque la realidad sea otra y el tiempo haya demostrado que los jugadores que nos representan no siempre son los que mejor calidad técnica tienen.

Aparte de la altivez de los jugadores jóvenes, otro factor clave es la continuidad. El ejemplo histórico son las dos escuadras Sub-17 que ganaron los Mundiales en 2005 y 2011. Muy pocos jugadores de esas camadas lograron afianzarse en primera división, y aun en la Selección mayor. Los procesos se cortan porque los jugadores no son tan mediáticos y así no se puede vender el producto.

El cambio de paradigma se dio con la supuesta generación dorada, que jugó su primer Mundial en 2010 y eran titulares en equipos europeos. Muchos vivieron de sus viejas glorias, pero pusieron el ejemplo de que se podía ser soberbio sin haber demostrado mucho en la cancha.

En los 90 gozamos de una Selección llena de jugadores comprometidos, criados en el campeonato local y con ímpetu de mostrarle al planeta futbol que eran tan valiosos como los que había al otro lado del Atlántico. Pero de a poco el futbol se volvió más metódico y las canteras nacionales comenzaron a criar otro tipo de jugador, con sus tácticas traídas desde las escuelas europeas, con sus entrenadores cada vez más teóricos, con su manera tan meticulosa de controlar cada aspecto en la vida de los jóvenes para después ofrecerlos en el extranjero. Y de repente ya no hubo tiempo para los futbolistas de barrio, de esos que se criaron con la ambición de debutar y luego representar a su país, como Cuauhtémoc, Palencia o “El Matador” Hernández.

Ya no somos la liga de la Concacaf que más jugadores exporta a Europa, porque la MLS ha encontrado los procesos adecuados para que sus jugadores emigren a ligas más potentes, a muy corta edad. Podemos presumir de todas esas Copas Oro que ganamos con aplastante ventaja, aunque Estados Unidos y Costa Rica han jugado cuartos de final en copas del Mundo y han acortado las diferencias en calidad, y nosotros no. Es tanta la falta de visión a futuro, que el futbol mexicano ha comenzado a ahogarse en su soberbia y se engulle a sí mismo.

La derrota ante Guatemala es una fortísima bofetada para la Federación Mexicana de Futbol; pero de lo que están seguros los aficionados es que nada cambiará, porque en el futbol mexicano importa más el sistema financiero que el deportivo.

Una vergüenza.