¿Saul Goodman o it’s all good, man?
Perístasis

Director del Seminario de Derecho Administrativo de la Facultad de Derecho de la UNAM, socio de la firma Zeind & Zeind y miembro del Sistema Nacional de Investigadores.

Twitter: @antoniozeind

¿Saul Goodman o it’s all good, man?
Foto: Instagram

Como una de las más importantes series de los últimos años –considerada así por su creciente público y por la crítica–, Better Call Saul es la precuela de una de las mejores series de la historia: Breaking Bad.

Como es bien sabido, Breaking Bad narra una historia en las que se puede notar el proceso de involución personal y profesional de un profesor de química de secundaria llamado Walter White y conocido a la postre como Heisenberg, así como la directamente proporcional evolución que tuvo en el mundo criminal en el que se fue sumergiendo a la par de que destruía a su entorno.

Fue en Breaking Bad donde hizo su aparición el abogado de criminales conocido en ese ambiente como Saul Goodman, un representante legal sin escrúpulos que a través de estrategias legales agresivas y muy frecuentemente ilegales alcanzaba altas tasas de éxito en los asuntos que atendía y para cuya resolución contaba con una red de contactos robusta. La frase Better Call Saul se convirtó en el eslogan con el que este abogado se anunciaba.

De esta manera, la serie denominada Better Call Saul realiza, durante las cinco temporadas y media que se han transmitido, un relato de cómo un estafador común y corriente tuvo la posibilidad de convertirse en abogado al estudiar prácticamente por correspondencia la carrera de derecho y, de alguna manera, aprobar las pruebas establecidas por la correspondiente barra de abogados para poder ejercer la profesión en Nuevo México.

Ese abogado llamado originalmente James Morgan McGill, cuyo alter ego es Saul Goodman, va desarrollando desde sus inicios, como parte del personal que despachaba la correspondencia dentro de un prestigioso bufete jurídico, un especial instinto para lograr lo que se proponía defraudando a la ley y a las personas, incluso a aquellas que habían depositado su confianza en él o con las que tenía lazos familiares. 

Si bien los paralelismos con Walter White respecto de la inercia involutiva en la que se sumieron son a menudo mencionados, lo cierto es que en Saul Goodman ello era previsible, pues solo se encargó de perfeccionar los instrumentos de los que podía echar mano para seguir actuando como lo hacía desde niño, generando que inclusive personas cercanas a él lo vieran con naturalidad, lo imitaran o lo apoyaran potenciándolo a la par. De igual manera, los fines perseguidos por ambos personajes son distintos, aunque los medios son igualmente cuestionables y punibles.

Así, en los siguientes y últimos seis capítulos de la serie a estrenarse paradójicamente el próximo 12 de julio, día de la abogada y el abogado, traerán consigo el desenlace de una historia a la que le quedan diversas interrogantes por resolver, como el destino de Kim Wexler, el desenlace de lo sucedido con Howard Hamlin, el futuro de Lalo Salamanca (interpretado magistralmente por Tony Dalton) o la posible aparición de Walter White y Jesse Pinkman logrando unir así los universos de Breaking Bad y Better Call Saul.

Sin duda, en tiempos en los que la ambición puede llevar a las personas a hacer lo inimaginable, es importante recordar lo dicho por Howard Hamlin: “las ruedas de la justicia giran lentamente”.

Debemos tener la certeza de que, aunque lentamente, ellas girarán y no todo estará bien.