La SCJN, lista para ser presidida por una mujer
Libertad bajo palabra

Periodista y abogado con más de 33 años de trayectoria. Reportero, comentarista y consultor experto en temas jurídicos. Premio Nacional de Periodismo José Pagés Llergo 2011. Especialista en el Poder Judicial de la Federación y analista político. Twitter: @jenroma27

La SCJN, lista para ser presidida por una mujer
Siete ministros de la SCJN rechazaron el proyecto contra la prisión preventiva oficiosa en los términos en los que se planteó.

¿Qué características deben tener quienes aspiran a encabezar el máximo tribunal del país y el Consejo de la Judicatura Federal? En un entorno tan adverso en el que las decisiones de los juzgadores son objeto de descalificaciones públicas sin precedentes desde la cúspide del poder político, será indispensable definir el reto antes de hablar de los nombres.

Durante la etapa en que Felipe Calderón integró a la terna en que resultó electo el ministro Arturo Zaldívar, hoy presidente de la Corte, la expectativa fue que el recién llegado, egresado de la misma escuela de derecho que formó a Calderón y al entonces titular de la Secretaría de Gobernación, Fernando Gómez Mont (amigo cercano de Zaldívar), mostrara compromiso y gratitud con quienes lo habían impulsado.

Después del trágico accidente aéreo en que murió Juan Camilo Mouriño en noviembre de 2008, Gómez Mont llegó al legendario despacho de Bucareli. Un año después, cuando se tenía que enviar la terna para cubrir la vacante de Genaro Góngora Pimentel, tras cumplir su periodo de 15 años, el entorno favoreció a Zaldívar, con una brillante trayectoria como abogado postulante, experto en derecho procesal constitucional.

Soy un convencido de que una de las virtudes más importantes de una persona es la gratitud, que denota caballerosidad y principios. Sin embargo, me atrevo a mencionar una específica excepción a esa regla de oro.

Lo que pasó después ya es ampliamente conocido. Desde la presidencia fue difícil asimilar la independencia mostrada por Zaldívar en los casos de la Guardería ABC y la liberación de Florence Cassez. Las recriminaciones y la fractura no fueron expuestas a detalle públicamente en ese momento, sin embargo en meses recientes el propio Zaldívar ha dado su versión sobre el enfado que despertó su desempeño jurisdiccional. 

Como saldo resultó herida de muerte una cercana amistad con Gómez Mont, a quien le tocó jugar el penoso papel de transmitir el malestar presidencial sobre la ingratitud que Calderón reprochó al ministro que 10 años después se convirtió en presidente de la Corte.

En esa época, este columnista era funcionario en el Tribunal constitucional, escuché de forma directa la entonces inédita relación de hechos que me confió Zaldívar, de la cual no revelaré más detalles porque así lo consagró la discreción en ese momento. Años después, el ministro narró ese contexto y lo convirtió en una explosiva anécdota que ya es pública por decisión propia.

Revivo este pasaje porque no tengo duda de que la respuesta a la pregunta que abre el texto debería enfocarse en la “sana ingratitud” de un integrante del pleno de la Corte hacia quien lo postula. Ese es el real compromiso de objetividad e independencia que se espera de quienes son nuestros jueces constitucionales, por supuesto que no es fácil honrar esa expectativa, pero es una condición sin la cual no podrán realizar su función con objetividad. 

Las ministras y ministros deben ser ingratos con el presidente de la República en cuanto a la autonomía de sus decisiones jurisdiccionales, sin que una relación cercana o personal se acuse traicionada. Por eso, la confesión sobre el arrepentimiento del presidente López Obrador por haber propuesto a cuatro de los actuales integrantes de la Corte, tres de ellas mujeres, en el ámbito de la impartición de justicia debería significar un halago.

Yasmín Esquivel Mossa, Juan Luis González Alcántara Carrancá y Margartita Ríos Farjat tienen potencial para desprenderse con firmeza de quien en su momento les favoreció, a pesar de las presiones que se actualizan desde Palacio Nacional cuando hay un tema electrizante que involucra los intereses del Ejecutivo federal.

Sobre el saldo de la presidencia de Zaldívar podremos hablar en los próximos meses. La carrera de la sucesión en la Suprema Corte está en marcha, viene un trimestre crucial para construir mayorías entre los integrantes del pleno. Por exclusión se puede descartar a quienes tienen muy disminuidas las posibilidades y obviamente a los que ya no son elegibles.

Entre 11 hay cuatro que jugarán con fuerza para tratar de construir una votación que sume la cifra mágica de seis en la sesión del 2 de enero de 2023. 

Los ministros Javier Laynez y Alfredo Gutiérrez Ortiz Mena podrían dar la sorpresa, en ese orden.

Las ministras Yasmín Esquivel Mossa y Margarita Ríos Farjat están en la ecuación final más consolidada. Es altamente probable que la Suprema Corte vea por primera vez en su historia a una mujer presidirla, entre ambas existe la visión de saber entender y aprovechar su oportunidad. Para ellas, la edad ni el periodo de su encargo son factores en contra, tampoco tienen limitaciones para acordar mutuamente la búsqueda de su mejor opción dentro de la coyuntura que les toque vivir, cuyo desenlace veremos dentro de 94 días.

EDICTOS

Tremendo patinón de estrategia jurídica han dado los operadores y consejeros de Américo Villarreal, ganador de la elección para gobernar Tamaulipas. Con el temor fundado de una decisión adversa por parte de la Sala Superior del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación y con el ánimo revanchista de Francisco García Cabeza de Vaca, horas antes del inicio de su tambaleante mandato ¿quién le recomendó consolidar la solicitud formal de reincorporación al Senado?

Al plantear el regreso a su escaño no midieron las consecuencias de su auto inhabilitación para asumir como gobernador, por el requisito que señala la Constitución estatal de no desempeñar ningún cargo a menos que se separe de él 120 días antes de la elección y con mayor razón después de la elección y antes de la toma de posesión. Lo que mal empieza…