Araújo, un hombre de fe
Alioli

Es periodista y analista de datos. Ha colaborado en medios como Reforma, Chilango y Tec Review. Fue coautor del libro Ayotzinapa, la travesía de las tortugas, publicado por la editorial Proceso. También es hincha incondicional de los Leones Negros. Twitter: @ridderstrom

Araújo, un hombre de fe
Foto: Instagram ronaldaraujo_4

Habían pasado solo 40 segundos del partido amistoso entre Uruguay e Irán cuando Ronald Araújo se llevó la mano al muslo derecho y pidió el cambio. Era el penúltimo juego de preparación para el Mundial y el central dio un susto mayor a su Selección y a su club, equipos de los que es un puntal. Lo que siguió fue la agónica espera tanto en Barcelona como en Uruguay, y luego la confirmación: la rotura del tendón del aductor largo derecho, necesitaba cirugía.

Centrado e inteligente, Araújo escuchó los consejos del área médica del Barcelona y decidió operarse de inmediato para no acarrear problemas futuros. Antes, envió un comunicado a través de su cuenta de Instagram para dejar en claro que su compromiso y amor por la Selección de Uruguay es íntegro y que agotará todas su posibilidades para intentar jugar el Mundial. Su seleccionador, Diego Alonso, dejó en claro que lo esperarán hasta el último minuto para incluirlo en el equipo final.

El caso de Araújo recuerda mucho al de Samuel Umtiti, que hace cuatro años dejó pasar una lesión en la rodilla que requería de intervención quirúrgica. El francés no hizo caso de las recomendaciones del cuerpo médico del Barcelona y se fue a jugar el Mundial (que terminó ganando). Esa decisión, a la postre, mermó su carrera. Umtiti había llegado a Rusia 2018 con 24 años y como uno de los mejores centrales del mundo. Estaba consciente de que las probabilidades de Francia para alzar su segunda Copa del Mundo eran muy altas, así que arriesgó y fue protagonista en el solitario gol que le dio el pase a la final a los franceses. Pero su regreso a Barcelona fue un calvario de recaídas, poco juego y el descontento acumulado de los hinchas azulgranas. Ahora, el francés intenta volver a sentirse futbolista en el Lecce italiano, al que llegó cedido por el Barcelona, luego de que varios equipos desestimaron su contratación por su endeble físico.

Por su parte, Araújo es un bregador. Corpulento, espigado, veloz y de una lectura del juego privilegiada, está llamado a ser uno de los grandes centrales de esta década. Cuando llegó al Barcelona Atlètic en agosto de 2018 procedente del Boston Rivers uruguayo, ya se le veían maneras de central de élite. Esa misma temporada debutó con el primer equipo y desde entonces comenzó a ganarse el puesto de titular.

Sus compañeros y técnicos han destacado que es muy maduro para sus 23 años. No es dado a involucrarse en mofas al rival, guarda un perfil bajo fuera del campo y es un hombre de familia. Destaca, también, su devoción católica. Antes de los partidos importantes siempre se encomienda a Dios y pide por él y sus compañeros. Esta temporada, en el partido contra el Cádiz de la fecha 5 de la Liga, disputado en el Nuevo Mirandilla, un aficionado local sufrió un infarto y obligó a que el partido se detuviera. Araújo, al ver la gravedad de la situación, se hincó a rezar y las cámaras se quedaron fijas en él.

El central uruguayo no parece atormentado por disputar el Mundial, aunque la cirugía fue exitosa y el periodo de baja se estima en ocho semanas, las suficientes como para llegar a Qatar. Dotado de esperanza y arropado por la gente que lo quiere, Araújo sabe que volverá con más fuerza y que el tiempo está de su lado.

Es todo un campeón de la paciencia.