Una selfie musical…
La terca memoria

Politólogo de formación y periodista por vocación. Ha trabajado como reportero y editor en Reforma, Soccermanía, Televisa Deportes, AS México y La Opinión (LA). Fanático de la novela negra, AC/DC y la bicicleta, asesina gerundios y continúa en la búsqueda de la milanesa perfecta. Twitter: @RS_Vargas

Una selfie musical…

Lo que pasa en Spotify, se queda en Spotify… Hasta que tu hija le echa un vistazo a tu cuenta.

Esta semana se dio a conocer el Spotify Wrapped 2022, ese resumen personalizado que la popular plataforma musical da conocer a sus usuarios año con año.

Camila me avisó el miércoles por la mañana que ese “selfie musical”, como lo llamó el diario español El País, ya había sido dado a conocer y su primera impresión fue de sorpresa al conocer mis géneros favoritos a lo largo del 2022: “¿Ranchera?”, misma pregunta que me hizo desde Twitter Clo, quien no concebía a este férreo detractor de la “música agropecuaria” con sombrero y montado en un caballo escuchando al Charro Avitia.

El único aporte de ese género a mi playlist de 2022 son Alejandro Fernández y Javier Solís, de quien me reconozco como absoluto admirador.

Spotify dice que durante este año, hasta el corte del conteo, escuché cuatro mil 331 canciones de dos mil 136 artistas y 60 géneros diferentes, en donde dominó el house progresive por encima del rock y el heavy metal. Mis 25 mil 289 minutos de música (poco más de 17 días) son más de lo que escucha el 83 % los usuarios mexicanos de la plataforma.

El trío británico de música electrónica Above & Beyond y las bandas de metal Kreator y Hatebreed, fueron lo que más escuché este año. Más allá de los números, me llama la atención poderosamente lo que han significado las 100 canciones que más escuché a lo largo de los últimos 11 meses.

No sé cómo funciona el algoritmo de la plataforma, pero no recuerdo haber escuchado 88 veces la canción que aparece hasta arriba en mi lista anual: “Que viva Changó”, una pieza de son cubano dedicada al orisha de la justicia, los rayos, el trueno y el fuego. O tampoco esa oda al desamor llamada “Broche de oro”, de la desaparecida banda tapatía El Personal. Recuerdo, sin embargo, que el “Tema de Nadia” y “Wicked ways”, de Becky Shaheen, me hacían recordar a la misma persona.

Mi despedida de tierras poblanas, durante abril, está plenamente reflejada en las canciones con las que, incluso, hice una playlist llamada “The Dirt”. Compartir vivienda con tres veinteañeros y un cuarentón regiomontano recién divorciado hicieron que durante mi estancia en Puebla regresara con todo a mi género favorito, el metal. Prueba de ello son las rabiosas “512”, de Lamb of God, “Hail to the Hordes”, de Kreator, “Destroy everything”, de Hatebreed, “Scourge of iron”, de Cannibal Corpse y “The years of death and dying”, de Exodus, con las que masacraba a mis roomies.

La tranquilidad de mis noches regresaba con Fleetwood Mac, The Eagles y algunas cosas de Cecilia Toussaint; también bailé con alguna cumbia de Los Palmera y Lila Downs, y me ejercité muchas horas con Above & Beyond y Armin Van Buuren.

¿Por qué nos gusta compartir con los demás lo que escuchamos o lo que nos recuerda tal o cual canción (como lo hago yo con esta columna)? “Estamos en una ‘sociedad confesional’, en la que se han difuminado los límites entre lo privado y lo público”, dice Julio Arce, profesor de Musicología de la Universidad Complutense de Madrid, en el citado artículo de El País. “Es la traslación de la cultura del yo, que ha permeado desde las redes sociales al consumo cultural”.

Con la herramienta creada por Spotify y la difusión de nuestra radiografía musical, muchos de nosotros queremos parecer unos melómanos eclécticos, originales e interesantes, aunque en el fondo seamos unos ridículos que disfrutamos lo mismo con los boleros que hacían llorar a nuestras abuelas, que con los potentes riffs del thrash metal californiano de los 80.

Buen viaje, Christine

Si en la adolescencia AC/DC fue el pilar musical de mi vida, de unos 20 años para acá Fleetwood Mac ha sido un referente total. El miércoles, mientras conservaba un ápice de esperanza de que la Selección Mexicana siguiera adelante en Qatar 2022, me sacudió la noticia de la muerte de Christine Anne McVie, la compositora e intérprete de algunas de las canciones más reconocidas de la banda.

Su inesperada partida me dejó lagrimeante y en un estado catatónico durante algunas horas y puedo decir que la sentí igual que la de Malcolm Young, en 2017… “…and I feel that when I’m with you, it’s alright, I know it’s right”.