Me despido de la víctima
Espacio mindfulness

Es escritora –cuatro libros publicados y dos en camino–, periodista, cantautora –más de 160 canciones–, experta en respiración, yoga y meditación. Dirige el Yomu Institute, es mamá de tres hijos y pionera en el arte de materializar ideas innovadoras. Es la creadora y fundadora del sistema Enciende tu corazón para inspirar la alegría en el despertar de la conciencia. Instagram: @cynthiazakofficial

Me despido de la víctima
Foto: Cynthia Zak

Cultural, educativa y ancestralmente tenemos un código adquirido en donde la mirada reflexiva y la observación de nuestra mente, no es parte de lo que hemos aprendido.

Así, venimos de generación en generación perpetuando modelos de dualidad extrema, en donde nos victimizamos permanentemente al poner en el otro u otros las causas y efectos de cómo nos sentimos y, por consiguiente, de todas las decisiones que tomamos.

Al establecernos en este espacio, en donde los demás ‘me hacen cosas’, la responsabilidad de lo que pienso, siento, consumo y hago con mi cuerpo y emociones queda en manos de alguien que nos maneja y manipula.

Entrego el poder de cambiar, de analizar, de crear libremente y,  en definitiva, de gestionar mis emociones, al afuera, señalando siempre con el dedo lo que me hacen, me dicen, me mueven… me, me, me.

Como ovejas, meeee, meee, meee.

Los argumentos indican que las cosas “me suceden”, que las elecciones que hago de pareja, trabajo, amigos, relaciones, son ‘accidentes o casualidades’ y que si algo de estos vínculos no funciona, yo ‘no tengo nada que ver en eso’.

Siempre es el otro, el de afuera, el culpable o responsable de mis estados anímicos, de mi alegría o desgracia.

Ese camino es fácil pero tiene un alto precio, te pierdes la riqueza de asumir tu vida y todo su potencial en máxima expansión al empequeñecerte con un profundo nivel de queja improductiva.

Asumir la responsabilidad puede ser un hueso duro de roer, tengo que aceptar mi parte en todo, la interconexión total con lo que me rodea.

Mi invitación es a salir de ahí, a limpiar la cabeza de plásticos mentales y el clóset de la ropa de víctima que infantiliza y reprime, que nos retiene en una narrativa pesada y llena de desasosiego.

Mi invitación es a acceder a la inteligencia del corazón, que tiene la absoluta soberanía de la responsabilidad sobre cada uno de mis pensamientos, sobre cada uno de mis actos y que rompe cadenas que perpetúan modelos arcaicos de víctima y victimario.

A los hijos les pedimos que se hagan responsables, les exigimos que tomen las riendas de sus vidas, que asuman sus decisiones; también se lo pedimos a los demás. Pero olvidamos hacerlo con nosotros mismos.

Desde la paciencia y el amor, sin auto flagelarnos, es la hora de cambiar de narrativa.

Te dejo esta canción para que comiences a practicar el verdadero empoderamiento, lejos del papel de víctima y cerca de la inteligencia de tu corazón.

Es el momento.

Es el nuevo mundo.