Milei: un síntoma de nuestros tiempos
Perístasis

Director del Seminario de Derecho Administrativo de la Facultad de Derecho de la UNAM, socio de la firma Zeind & Zeind y miembro del Sistema Nacional de Investigadores. X: @antoniozeind

Milei: un síntoma de nuestros tiempos
Javier Milei, un síntoma. Foto: Juan Ignacio Roncoroni/EFE.

Javier Milei es un líder político argentino que encabeza la agrupación “La Libertad Avanza”, y el pasado fin de semana se erigió como ganador de las elecciones Primarias, Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO) en Argentina con una votación por encima del 30%.

Lo anterior fue considerado una hazaña pues en ningún momento se pensó que este político autodenominado “libertario” pudiera competir, y mucho menos ganar, contra los grupos políticos que han ocupado los altos cargos del gobierno argentino en las últimas décadas: “Unión por la Patria” y “Juntos por el Cambio”, la primera actualmente en el poder y con un origen peronista y kirchnerista y, la segunda, encabezada por el hace pocos años presidente Mauricio Macri.

Y es que la alicaída política argentina se ha caracterizado en los últimos años por parecer un vehículo sin rumbo que ha promovido una inestabilidad ya muy prolongada, siendo esta acompañada de turbulencia financiera extraordinaria y de un vaivén social que hace increíble que dicho país se mantenga a flote.

Durante el proceso electoral del que hemos sido testigos, tanto Patricia Bullrich del macrismo como Sergio Massa del peronismo – kirchnerismo, fueron los protagonistas de una elección que, si bien se consideraba muy competida, en esa ecuación no entraba Milei, que con los resultados del domingo rebasó a Bullrich y a Massa y se convirtió en el gran favorito para alzarse con el triunfo en las elecciones generales a realizarse el próximo mes de octubre.

Los resultados del pasado domingo se han caracterizado, de acuerdo con los principales estudios, por una participación importante de personas jóvenes y por haberse convertido prácticamente en un voto de castigo para los gobiernos peronista – kirchnerista y macrista, que han decepcionado a la sociedad argentina. Lo anterior, a pesar de tratarse Milei de un político radical de derecha que ha sido identificado con las ideas y el estilo de gobernar de dos políticos que han puesto en riesgo la democracia y los derechos humanos en sus países: Donald Trump y Jair Bolsonaro.

Es de llamar la atención que luego de vivir ya por más de dos décadas una profunda crisis económica, el pueblo argentino esté brindando posibilidades reales de convertirse en presidente de la nación a Javier Milei, pues se trata de un político que, a lo largo de su más bien corta historia en la vida política de Argentina, se ha caracterizado por sus posiciones radicales y polémicas propuestas que van desde la reducción del aparato gubernamental a mínimos hasta la eliminación del banco central, aparejada de la dolarización de la economía del país sudamericano; esto poniendo en manos del mercado buena parte de las grandes decisiones en las que el individuo es un protagonista absoluto y considerando al Estado prácticamente un obstáculo para la economía misma.

En tiempos en donde la brecha de desigualdad en países latinoamericanos persiste como una lacerante realidad, la irrupción de políticos que sostienen ideas en las que la solidaridad es sacrificable en beneficio de la libertad individual, sorprende que sean las juventudes quienes en un buen número apoyen ideas que van en contra de su propia esencia, convirtiéndose en la única razón posible el hartazgo de la política tradicional y el agotamiento de sistemas que han demostrado con creces no estar a la altura de los retos que plantea la realidad.

Como ya se ha visto, la radicalización de las posiciones políticas es un signo de nuestro tiempo que, contra todo pronóstico, da posibilidades reales de triunfo a personas que en condiciones normales jugarían un papel menor en la vida pública.

Resulta imperativo que ante una era de la desinformación sean precisamente las juventudes las que con su entusiasmo, pero sobre todo de manera informada, produzcan los cambios que requieren nuestras sociedades sin poner en riesgo la viabilidad misma de nuestra organización política por excelencia: el Estado.

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