Milei: un síntoma de nuestros tiempos II
Perístasis

Director del Seminario de Derecho Administrativo de la Facultad de Derecho de la UNAM, socio de la firma Zeind & Zeind y miembro del Sistema Nacional de Investigadores. X: @antoniozeind

Milei: un síntoma de nuestros tiempos II
¿Catalizador político o amenaza para lograr la estabilidad? Milei es un fenómeno político que refleja la crisis en Argentina. Foto: Juan Ignacio Roncoroni/EFE

Tal como escribí el pasado mes de agosto en la primera entrega de esta serie sobre las crecientes posibilidades de Javier Milei de resultar electo presidente de Argentina, finalmente el líder de la agrupación “La Libertad Avanza” triunfó en las elecciones generales celebradas hace menos de una semana en Argentina, esto luego de haber tenido un crecimiento en las preferencias electorales impensable hace 2 años y en contra de grupos políticos e intereses históricos en aquel país.

Lo anterior, supuso un duro golpe no solo para la izquierda argentina y latinoamericana sino también para la política tradicional más tendiente al cuidado de las formas y mucho menos disruptiva que la encabezada por quien se asume como un “libertario”. Lo sucedido en los días recientes deja claro que la radicalización en las posiciones políticas es un signo de nuestros tiempos, teniendo que gracias a ella personajes tan polémicos como Milei pueden aspirar y tener éxito para acceder a los lugares donde se toman las grandes decisiones, encontrando en el camino personas aliadas que en las condiciones habituales no se atrevían a salir a la luz.

La disyuntiva que le fue planteada al pueblo argentino al consistente en elegir entre un representante de la continuidad de un grupo que ha fracasado por muchos años en las altas responsabilidades que le han sido encomendadas y entre un personaje que desde la polémica y la provocación buscó ganar personas adeptas fue una en la que más allá que ganar, se les obligó a perder de maneras que si bien pudieron ser distintas, ambas tienen un alto potencial de dinamitar aún más las esperanzas de un grupo humano hastiado de un clase política que ha estado muy por debajo no solo de las expectativas de sus personas electoras, sino de la altura misma de la nación argentina.

Lo que se pudo notar con la pasada elección fue más que una decisión tomada desde el entusiasmo de alguno de sus sectores, una determinación realizada desde el hartazgo de una sociedad que demostró que su voto podría convertirse en una herramienta para castigar a la vieja clase política aun cuando con ella saltará a un escenario desconocido cuyos resultados se alejaran de ser predecibles y, de acuerdo con los vaticinios, puede derivar en un hundimiento mayor no solo de la economía argentina, sino también de aspectos tan importantes como el político y el social.

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Entre las lecciones que estos comicios han dejado al mundo se encuentra el evidente y franco debilitamiento de los modelos de representación en los que sectores amplios de la sociedad simplemente no se sienten representados, encontrando también que las posiciones moderadas se han ido desdibujando y aquello que conocíamos como “el centro” ha dejado de ser atractivo no solo para aquellas personas que buscan acceder a los cargos públicos, sino también para aquellas que con el ejercicio del sufragio participan de los procesos democráticos.

El previsible debilitamiento del aparato estatal en beneficio de “la libertad” pregonada por Milei muy probablemente implique “ajustes” tan radicales como potencialmente dañinos para aquel país, restando solamente que para los años por venir las argentinas y los argentinos orillen a su clase política a proponer opciones que vuelvan a despertar aquel entusiasmo que lamentablemente fue sustituido en los últimos días por esa intención de terminar de tajo con lo construido hasta el momento.

Los demás países habremos de tomar nota de lo anterior.

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