Santa Claus son las mamás

Activista, luchadora social y promotora de los derechos humanos de las mujeres, niñas, niños, personas con discapacidad, comunidades indígenas y personas LGBTQ+. Presidenta de la Asociación Civil Rosa Mexicano. @catymonreal_

Santa Claus son las mamás
Santa Claus son las mamás. Foto: Envato Elements

Diciembre trae una energía diferente. La ciudad -siempre caótica- alcanza un nuevo grado de tráfico. En la Cuauhtémoc -donde vivo-, cada día se vuelve un volado adivinar cuánto tiempo te tomará moverte de un punto a otro en la alcaldía. El centro histórico, y los 39 mercados que hay en la demarcación, se desbordan de gente buscando pinos, regalos, nochebuenas, además de los productos del día a día. 

Para muchos y muchas, diciembre representa un descanso. Es una época para estar en familia, con amigos y amigas, y -al menos si se trabaja en oficinas- el ritmo de trabajo baja. Esto, claramente, no es cierto para las que tenemos la triple jornada de ser mamás. De acuerdo a INEGI, las mujeres que trabajamos una jornada completa, o sea 40 horas o más, dedicamos otras 32.7 horas a la semana a labores domésticas, de cuidados y de apoyo a otros hogares, contra 14.8 horas de los hombres. Sé que ahora muchos de los compañeros que me leen van a poner el grito en el cielo, porque ellos “si hacen su parte”. Pero la verdad, aún persiste la idea de que el hombre “ayuda” en el hogar. Como si no viviera ahí, o como si esos niños y niñas que hay que cambiar para la cena navideña no fueran suyos. La deconstrucción de la masculinidad implica afrontar esas responsabilidades: lavar la ropa, recoger los platos, peinar a los y las niñas, no es para que les aplaudamos, es parte de ser un adulto funcional.

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En este último mes del año, al estrés de tener una jornada de trabajo adicional, se le agrega el estrés de tener que planear y proveer las cosas clásicas de la época. Además de pensar en el gasto de las fiestas decembrinas, y administrar la cuesta de enero, debemos pensar en el gasto emocional. Esas posadas, esos adornos, no se hacen solos. En varias escuelas por estas fechas a los padres y madres de familia nos mandan un mayor número de actividades a proveer, que si el disfraz para la pastorela, que si hay que contribuir al nacimiento de la escuela, que hay que cocinar para la posada. Como las cifras de INEGI prueban, la carga de planear y ejecutar estas actividades cae en su mayor parte en las mujeres. Un poco en broma he dicho que es un terrorismo emocional encontrarme con el anuncio que nos pide “hacer a mano” un disfraz para mi hijo o hija, para la representación navideña. En muchas escuelas, las actividades escolares se vuelven deportes extremos, donde las otras mamás -y sí, nunca son los papás- hacen maravillas arquitectónicas y de construcción que bien les haría ganar la más draga. 

Hay un costo emocional en estas labores de cuidado. Porque no es solo hacerlo, es tener que estar balanceando los requerimientos laborales con los personales. Estar en junta y pensar te va a alcanzar el tiempo para ir a la papelería o el mercado a recoger las telas para el citado disfraz. No por nada el 42% de las inglesas han señalado que esta época del año es la más estresante. Es además un trabajo que no se reconoce. Se espera que como mujeres nos alegremos y demos lo mejor de nosotras en esta temporada. Creo todavía hay un tabú en admitir que estas fechas pueden causar picos emocionales y eso tiene que ver mucho con los estereotipos y roles de género.

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 No hay nada de banal en estos temas. Como dice constantemente el feminismo: lo personal es político. Las mujeres somos el corazón de las fiestas familiares y decembrinas. No puedo ni imaginar cómo lo hacen las 4.8 millones de mamás autónomas o los 33 de cada 100 hogares en nuestro país encabezados por una mujer. Mi respeto para todas ellas que literalmente son Santa Claus.

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