“Adolescencia” es una serie de Netflix que causó gran polémica por poner sobre la mesa cómo es que los hombres lidiamos con el rechazo. A lo largo de 4 capítulos, se cuenta la historia de un puberto acusado de asesinato, ya que la víctima, su compañera de escuela, lo molestaba con que no era lo suficientemente atractivo para las mujeres.
Esta producción expuso diversos conceptos como “incel”, para describir a los hombres que se sienten rechazados de relaciones afectivas y sexuales. También se habla sobre la regla del “80/20”, donde el 80% de las mujeres se sienten atraídas por el 20% de los masculinos. Todos y cada uno de estos pensamientos son discutidos en la “manósfera”, espacios principalmente digitales donde se promueven las actitudes machistas para contrarrestar el rechazo.
Aunque en el primer episodio el joven protagonista de 13 años se muestra temeroso y desconcertado por su acusación de feminicidio, en el tercer capítulo explota sobre cómo se siente vulnerable ante el rechazo del sector femenino, lo cual hace que se comporte de manera violenta. Todo esto frente a una psicóloga que está haciendo un perfil mental y emocional del chico para el caso.
En el último episodio, aparece cómo el padre del menor lidia con el problema legal de su hijo. El señor reacciona de manera violenta contra cada uno de los ataques verbales, físicos y emocionales en contra el caso del chico. Esto nos da una muestra de cómo el niño puedo aprender a lidiar con la vulnerabilidad, teniendo a su papá de ejemplo.
De acuerdo con el ensayo de Octavio Giraldo en la Revista Latinoamericana de Psicología, el machismo “es una característica cultural hispana y particularmente mexicana. Es decir es un rasgo cultural que tiene el propósito de satisfacer una necesidad psicológica resultante del complejo de inferioridad de cada individuo del sexo masculino.”.
En el texto “El machismo como fenómeno psicocultural”, expone que los hombres aprendimos a superar las adversidades de manera violenta y con sentimiento de superioridad sobre las mujeres. También a resaltar la capacidad fálica y dominio sexual sobre ellas, viéndolas como una cosa que nos pertenecen.
Giraldo expone que este complejo de inferioridad fue antes expuesto por Samuel Ramos en 1934 con el ensayo “El perfil del hombre y la cultura en México”. Aunque dicha teoría se enfoca en proponer la figura del “pelado”, un arquetipo principalmente de las clases bajas que siempre se comporta a la defensiva por un complejo de inferioridad, Octavio lo redirecciona a uno de los orígenes del machismo.
¿Pero de donde viene ese sentimiento masculino de vulnerabilidad? El texto de Octavio Giraldo expone que proviene desde la infancia y el método de crianza hacia los hombres, cuando el padre o la figura masculina se comporta de manera agresiva y poco afectuosa contra los varones.
“El niño no sólo siente la inferioridad física natural sino además una inferioridad psíquica resultante del temor y la distancia de sus padres, particularmente del papá”, apunta el análisis.
Bajo esta premisa, podemos entender aún mejor cómo es que el protagonista de la serie de Netflix aprende a lidiar con el rechazo de las mujeres (u otras personas), es una conducta que se aprende desde casa, porque es ahí donde se conjuga nuestro rol de género: dependiendo de las características físicas que nos tocaron al nacer nos debemos de comportar socialmente de una manera.
La agresividad es una herramienta para contrarrestar el sentimiento de exclusión, un sistema aprendido y ejecutado por los mismos hombres. ¡Qué paradoja! El complejo de inferioridad que produce la violencia machista lo originan los mismos varones.
Ante el incremento de la fuerza del movimiento feminista y el empoderamiento de las mujeres, también se ha desarrollado una ola masculina que trata de contrarrestar estos esfuerzos a partir de la misoginia y el machismo. Hay varones que se sienten intimidados por la pérdida de sus sistema hegemónico y no saben cómo lidiar con ello.
Una vez más, el machismo afecta a los hombres. Nos enseña a enterrar nuestros sentimientos y emociones porque ellos nos haría ver vulnerables o débiles, “cómo las mujeres”. Pero cuando se ha sobrepasado el límite de pensamientos reprimidos, es casi inevitable que explote y de una manera muy desagradable: es por eso que tenemos varones golpeado paredes o agrediendo mujeres, ya que las ven como un objeto propio y no como un igual.
El texto de Octavio Giraldo fue publicado en el año 1972 en Bogotá, Colombia. Ha pasado más de medio siglo desde que se planteó esta idea y al parecer suena muy actual, aún con todos los movimientos progresistas de los últimos años. Esto nos deja ver que tenemos una tarea más difícil que aprender, sino desaprender y construir nuevas masculinidades, porque las víctimas del machismo no sólo son las mujeres o personas de la comunidad LGBT+, sino también los mismo varones heterosexuales.
¿Roles de género? Mejor de canela.