Urge que llegue la marea morada a la Perla del Pacífico
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Reportero egresado de la UNAM. Antes Forbes y La-Lista. Derechos humanos, cultura, perspectiva de género y de todo un poco. Al frente de Revista Danzoneros. Twitter: @arturoordaz_

Urge que llegue la marea morada a la Perla del Pacífico
Las mujeres detenidas participaron en las manifestaciones del 8M. Foto: Bienvenido Velasco

Mazatlán es un municipio de Sinaloa con paisajes muy hermosos. Bien merecido tiene el apodo de la “Perla de Pacífico” por su gastronomía y atardeceres. Sin embargo, la última semana noté que se respira un aire más ortodoxo en materia de género, más machista. Un punto pendiente del mapa, de tantos, para acelerar la reconfiguración de nuevas formas y actitudes en este tema.

Durante una caminata por el Centro Histórico de la Ciudad de México se puede observar cómo han quedado imprengnados en las paredes y monumentos los avances del movimiento feminista. Son piezas que hablan por sí solas y dan cuenta que hay pendientes por resolver en materia de género. Un mensaje de lucha que persigue a cualquier transeúnte.

A más de 1,000 kilómetros de distancia está la ciudad del Paseo del Centenario. Como punto turístico supongo que los detalles estéticos están bajo la lupa, pero las actitudes machistas son más marcadas. Desde las bandas y camiones que tocan a todo volumen cientos de canciones donde se hipersexualiza y representa la violencia de género, hasta el desplazamiento que se le da a las mujeres en la vida cotidiana.

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La música, en todos sus géneros, no es el origen de la violencia, según me comentó la socióloga Ana Georgina Aldaba, sino una reproducción del entorno, del contexto que se vive día a día.

Como si se tratara de una canción, fui testigo de la llegada del “Ranchero y Gallardo” al lugar. Con chasquidos pidió la mesa de enfrente, la más cercana al grupo musical. Detrás de él, de la mano entró una mujer, quien sin escuchar una sola palabra hacía lo que se le indicaba. Se bailaba cuando él decía que se bailaba, se cantaba cuando él indicaba que era tiempo de hacerlo, se reía cuando él se reía. Una fórmula espantosa que se puede observar desde en machos con cadenas en el cuello hasta quienes tienen la camisa más austera.

La CDMX tiene demasiadas tareas pendientes en materia de género, pero la violencia machista es un lastre que desgraciadamente está en todos lados. Sin embargo, en el caso de esta ciudad al noroeste del país a veces es necesario que el hombre remarque su poder sobre la mujer para demostrar su masculinidad, para que todos vean que nadie es más rudo que él en esas tierras. Esta es una imagen muy diferente a la que han visto los cientos de capitalinos durante el último año cuando las colectivas decidieron apropiarse de los símbolos históricos, y con justa razón.

Sinaloa no es un foco rojo a nivel nacional en cuanto a violencia feminicida, a comparación del Estado de México; sin embargo, de enero de 2020 a mayo de este año se registraron al menos 45 casos, según el semáforo delictivo en esa entidad. Durante la emergencia sanitaria se elevó el número de reportes de violencia familiar, como en todo el país. El estado acumuló 7,677 incidentes en 17 meses, de acuerdo con la misma medición.

“Con ropa y sin ropa, mi cuerpo no se toca” gritaron decenas de mazatlecas el 8 de marzo de 2020 mientras le colocaron un pañuelo morado al monumento a La Mujer sobre el malecón. Esa tierra tiene sed de más Feministas Alteradas Sinaloenses, de más Perlas del Pacífico.

Es totalmente cierto que las más indicadas para hablar sobre la realidad que viven las mujeres en esos lares, y en todos lados, son ellas. Pero los hombres no podemos eximirnos de la responsabilidad que nos toca al decir que “no es nuestra lucha”. Debemos aceptar que somos parte del problema y de la solución. Urge que llegue la marea morada a la Perla del Pacífico y a todos los rincones del país.