La supremacía blanca en la industria de la música frena a las artistas negras
VV Brown presentándose en Londres en 2014. Foto: Robin Little/Redferns/Getty Images

Recuerdo la primera vez que tocaron mi música en la radio. Llegué al top 10 de la encuesta de la BBC Music Sound, la cual predice quién podría tener éxito, y era común que una estación de radio nacional tocara la música de cada artista. Así que ahí estaba yo, acurrucada en el sillón con mi familia.

Pero la emoción duró poco. Inmediatamente después de que la presentadora de radio tocara mi canción, tomó una llamada telefónica de un tipo que dijo, al aire, que yo era fea y tonta. Su discusión luego se dirigió a una comparación vaga con otra artista negra, y la presentadora concluyó la llamada al acercarse al micrófono y susurrar de forma un tanto engreída que pensaba que Janelle Monáe era mucho mejor que VV Brown.

Mis hermanas y yo estábamos llorando. Me sentí tan humillada: los comentarios sobre mi apariencia. Mi ego había recibido una paliza.

Esa llamada sucedió en 2008 y he luchado contra ella a lo largo de mi carrera. Noqueó mi autoestima por seis. A pesar de esto, me dije a mí misma que debía dejar de ser tan sensible y concentrarme en la música.

Intenté superarlo, pero una de las cosas que se quedó en mi mente fue que, durante el programa, no recordaba que ninguna de mis contrapartes blancas fuera comparada con cualquier otra artista blanca en una forma tan polarizada: que las hicieran trizas por su apariencia, inteligencia o sonido. Entendía que esta crítica provenía del público, pero no esperaba que mi industria la alentara.

A través de mi carrera, he notado muchos otros ejemplos donde la industria musical de Reino Unido enfrenta a las mujeres negras contra sí mismas, haciéndonos creer que solo hay espacio para una de nosotras. No nos ven o escuchan de la misma manera que a las artistas blancas.

Contactar a las estaciones de radio para cobertura radial con regularidad provocaba respuestas como: “No hay espacio en la lista de música porque ya tenemos a esa artista negra. Sería mejor que intentaras en 1Xtra”. Y era común que la prensa perpetuara el lenguaje competitivo como si las artistas negras fueran rivales entre sí. El género de la música no importaba; solo se basaba en el color de nuestra piel. Odiaba que me categorizaran inmediatamente como R&B a pesar de que había escrito una canción pop-punk, y era frustrante que nunca me consideraban una compositora o una productora a pesar de escribir y producir el 70% de mi primer disco.

En 2020 comencé terapia debido a las incontables experiencias que habían dañado severamente mi autoestima durante mi tiempo en la industria. Me identifiqué con la experiencia de Laura Mvula, a quien su sello discográfico abandonó vía correo electrónico. Ella dijo el mes pasado que, después de cuatro años, “aun siente este tipo de resentimiento. Y, tú sabes, mi ego sufrió mucho”.

Era agotador tener que probarle a la industria que no era una diva atrevida y agresiva. Estaba cansada de preocuparme por sentirme aislada y ridiculizada en las sesiones fotográficas por tener cabello afro. Estaba cansada de ser estereotipada, estaba cansada de que los periodistas asumieran que era una cantante de soul y nunca una productora. Estaba cansada de que las tan llamadas feministas blancas desempeñaran un papel importante en el racismo hacia las mujeres negras dentro de mi industria de la música y sentirme incapaz de hablar sobre ello.

Veía incontables imágenes en redes sociales de conferencias de “mujeres en la música de Reino Unido” apoyando el progreso en cuestión de género en la industria, pero sin mujeres negras a la vista. Notaba redes estrechas exclusivistas de mujeres blancas en la industria apoyando a otras artistas blancas pero ignorando a las artistas negras. Fue inconsciente, involuntario, empaquetado cortésmente, y nunca se hizo de una manera que pretendiera causar daño. Sin embargo, estaba profundamente arraigado en la industria.

Las artistas negras son usadas, abusadas, rechazadas y maltratadas. Los patrones de desigualdad son innegables. Nuestras carreras tienen fechas de vencimiento más rápidas que las de nuestras contrapartes blancas y no nos promocionan ni nos tratan con la misma intención. En ocasiones parece haber una regla de una entrada y una salida tan desenfrenada que puede parecer una línea de fábrica de negrura desechable.

Mientras me quito los audífonos después de escuchar el último disco de Maura Mvula, Pink Noise, casi lloro por su genialidad. Estaba tan frustrada de que su sello discográfico pasado hubiera tratado a tal genia con tanta falta de respeto y espero que ella reciba en el futuro el gran elogio que se merece. Pensé en las músicas femeninas negras británicas que han llegado y se han ido a lo largo de los años, y cómo sus talentos nunca han salido a la luz de la misma forma que la de sus contrapartes blancas.

La artista Raye ha hablado de que no se le permite publicar su música y, a través de mis años en el negocio, han habido incontables artistas negras en exactamente la misma posición. Lo experimenté yo misma. Durante dos años no pude sacar música y me rechazaban por completo. Negocié mi primer contrato discográfico en un cibercafé abierto las 24 horas a la 1 de la madrugada.

Nosotros los músicos estamos entrenados para callar nuestras experiencias porque hay un pesado estigma de que nuestra rebeldía será categorizada como agresiva, amarga o desagradecida. Se supone que debemos aceptar lo que nos dan porque se cree que ser negro en la industria es un privilegio aún mayor para nosotros que para los artistas blancos.

¿Por qué la industria musical de Reino Unido no ha producido una estrella del pop negra como Rihanna, y por qué muchas de nosotras, en cambio, logramos nuestro éxito en el extranjero? Vendí más de un millón de álbumes en Estados Unidos y tenía una fuerte base de seguidores, pero mi disco fue ridiculizado como música para fiesta de niños por parte de NME, y habló con “descaro” como si fuera una cantante de soul que solo tomaría el micrófono y bailaría.

A las artistas negras no les falta talento, es la infraestructura blanca que las detiene de desarrollar su potencial. Nuestras carreras están en manos de personas que toman de nuestra cultura y la empaquetan para las masas a través de una mirada blanca, mientras que las historias de éxito de individuos negros con frecuencia surgen de plataformas independientes, de base y progresivas.

La próxima vez que veas a una artista blanca británica en televisión, cuenta el número de mujeres negras que están paradas detrás de ellas, apoyando la continuación de artistas blancas cantando música de nuestra cultura. La próxima vez que veas cualquier cosa relacionada con defender a las mujeres en las artes, cuenta cuántas mujeres negras están hablando. La próxima vez que veas un artículo en una revista de música, piensa en cómo tan pocas mujeres negras en la industria tienen el poder de tomar decisiones ejecutivas creativas. La desigualdad es obvia y necesita cambiar.

Hoy, con Spotify y los artistas independientes teniendo más poder, es emocionante ver a artistas negras como Little Simz tomar el control. Sin embargo, a menos que nos independicemos o derrumbemos las puertas forzando a la industria a acogernos, el mundo de la música en Reino Unido no permitirá a las mujeres negras alcanzar sus verdaderos potenciales. Es obvio ver que la industria musical deja de lado a las mujeres negras.

VV Brown es música y empresaria. Actualmente está trabajando en el festival Black Girl Magic, en apoyo a las mujeres negras en la música.