En mi entrega anterior mencioné que, en Colombia, los tiempos del cólera están de regreso. El encarcelamiento -o venganza- en contra del ex presidente Álvaro Uribe, el atentado y posterior muerte del congresista Miguel Uribe, carros bomba, atentados a plena luz del día, violencia y polarización por doquier. Mientras todo esto ocurre, su presidente, Gustavo Petro, sigue en su agenda de cara a las elecciones del 2026 sin reparar en la ciudadanía colombiana.
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Y, -su agenda-, no es otra cosa que -a través del populismo-, enfrentar los comicios venideros. Petro confunde izquierda con extrema izquierda; izquierda con wokismo y; progreso con visiones acotadas. Una prueba más son los nombramientos de Juan Carlos Florián Silva, titular del Ministerio de Igualdad y Equidad, además de Charlotte Schneider Callejas como viceministra de las mujeres. El primero un actor para adultos que solo defiende los derechos LGBT y el titular de la mujer es una mujer transgénero con visión sesgada.
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El problema es que ambos defienden solo a un sector, el suyo y no a la sociedad. No hay igualdad ni equidad en sus nombramientos. Aquí reside la confusión de Petro, según Sussan Neiman, autora de “La izquierda no es woke”, la política identitaria -centrada en raza o género- se opone al universalismo de la izquierda, que aboga por la solidaridad más allá de las tribus. Neiman advierte que diversificar solo por identidad, sin considerar el uso real del poder, puede generar nuevos sistemas de opresión. También critica que se priorice la identidad sobre los derechos humanos universales.
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Así, está claro que a Petro, no le interesa el regreso de la violencia, los atentados ni, por supuesto, la igualdad ni la equidad entre las y los ciudadanos colombianos. También es evidente su confusión -incluso conceptual- entre lo “progre” y la izquierda, mucho menos sabe que así no se construye la igualdad. Colocar a un hombre (biológico) en la subsecretaría de la mujer, no son pasos hacia adelante, tampoco una acción afirmativa, es un retroceso para la equidad. Imponer agendas personales sin su debida comprensión es contraproducente para la sociedad.