Verde que te quiero verde
De Realidades y Percepciones

Columnista. Empresario. Chilango. Amante de las letras. Colaborador en Punto y Contrapunto. Futbolista, trovador, arquitecto o actor de Broadway en mi siguiente vida.

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Verde que te quiero verde
Logotipo del Partido Verde Ecologista de México. Wikimedia Commons/Dominoo Público

Gary Lineker, leyenda del futbol inglés, autor de la célebre frase: “El futbol es un deporte que inventaron los ingleses, donde juegan once contra once y siempre gana Alemania” nos dejó, sin querer, una lección que bien podría aplicarse al contexto actual de la política mexicana: Las elecciones las organiza el INE, donde se enfrentan partidos políticos contra partidos políticos y siempre sale ganando el Partido Verde.

El Partido Verde “Ecologista” de México ha logrado filtrase en el poder como la humedad que crece descontrolada y cada día invade más espacio. Ha capitalizado ser el aliado y cómplice silencioso del caballo ganador en turno, el sapo que todos los partidos políticos se han tragado, el elefante verde en medio del Congreso, el estafador que escapa sonriendo.

Aquí nadie se salva; el Partido Acción Nacional, el Partido Revolucionario Institucional y ahora Morena, le han vendido su alma al Verde, le han perdonado sus pecados, le han perdido el asco y lo han dejado crecer.

Hoy, gracias a sus casi cinco millones de votos y a la sobrerrepresentación que seguramente tendrán en el Congreso, el PVEM contará con 75 curules en la Cámara de Diputados y 14 en el Senado, pero más allá del número de asientos, contará con un enorme poder de negociación frente al gobierno:

Componendas, impunidad, nepotismo, favores y un largo etcétera en la cadena de antecedentes e ilegalidades que acostumbra esta organización política. Una pandilla de acomodados que pareciera no importarles que tan profundo caigan, porque siempre caen parados.

El partido verde es la rémora convertida en el atún más cotizado del mercado parlamentario, el parásito permitido que se alimenta de nuestros impuestos, el mustio que nada de muertito y saca medalla, el moho que decora la pared del patio y siempre sale en la foto.

Por eso, entre las distintas lecciones que nos ha dejado la elección del 2 de junio, está la permisividad que tenemos como ciudadanos para defender con nuestro voto a tantos y tantos impresentables de la vida política. Hemos ayudado a profundizar la institucionalización de la farsa, a encumbrar a una pasarela de personajes que se venden como líderes morales y no son más que un puñado de mercenarios traficando con el poder.

Como bien lo resumen Paula Sofía Vásquez y Juan Jesús Garza Onofre, “el Partido Verde es la herencia maldita de un sistema en el que no hay espectadores inocentes, todos los partidos políticos han sucumbido a sus encantos y todos son responsables del lugar que ocupa hoy en la política mexicana. Esta agrupación no es un partido político, es un negocio que evidencia el fracaso de la democracia en México”.

Los candidatos, candidatas y dirigencias de la coalición Juntos Haremos Historia, intentarán darse baños de pureza al recibir sus constancias como ganadores de la pasada contienda electoral, podrán hablar del compromiso con la verdad, la austeridad, la honestidad y la justicia, pero todos esos discursos tienen impregnada la marca de agua de un partido que los mancha.

Porque mientras en México el Partido Verde siga apareciendo en la boleta electoral, las elecciones serán un juego entre partidos donde siempre pierde la democracia.

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