Dormir a las 10 de la noche está asociado a un menor riesgo de enfermedades cardíacas, revela un estudio
El estudio no puede demostrar que dormirse temprano o tarde contribuya por sí mismo al desarrollo de enfermedades cardiovasculares. Foto: Alamy Stock Photo


Cuando se trata de dormir, Ricitos de Oro podría argumentar que el truco es encontrar una cama que esté “bien”, pero una investigación sugiere que también es posible que exista una hora óptima para dormirse, al menos en lo que se refiere a la salud cardiovascular. Ni demasiado temprano ni demasiado tarde, el mejor momento es entre las 10 y las 11 de la noche.

El estudio, basado en los datos de más de 88 mil participantes del Biobanco del Reino Unido, sugiere que dormirse a las 10 de la noche o poco después está asociado a un menor riesgo de desarrollar enfermedades cardiovasculares en comparación con dormirse antes o después en la noche.

El estudio no puede demostrar que dormirse temprano o tarde contribuye al desarrollo de enfermedades cardiovasculares, sobre todo porque el momento en que la gente se duerme puede estar vinculado a otras condiciones de salud o comportamientos, como salir tarde y beber, que pueden estar relacionadas con el riesgo de enfermedades cardiovasculares.

Además, el estudio no analizó con detenimiento la calidad del sueño de los participantes, sino únicamente la duración y el horario. Sin embargo, el Dr. David Plans, director de investigación de Huma Therapeutics y profesor titular en la Universidad de Exeter, coautor del estudio, señaló que una posibilidad es que el hecho de dormirse temprano o tarde implique que las personas no reciban señales importantes como la luz del día, que ayudan a reajustar el reloj interno biológico cada día.

Si el reloj biológico no se reajusta correctamente durante un largo periodo de tiempo, “ese desajuste entre los comportamientos y el reloj circadiano aumenta la inflamación y puede perjudicar la regulación de la glucosa, dos factores que pueden aumentar el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares”, señaló Plans.

En la revista European Heart Journal – Digital Health, Plans y sus colegas informan que 3 mil 172 de los 88 mil 26 participantes, reclutados entre 2006 y 2010, desarrollaron enfermedades cardiovasculares durante un tiempo promedio de seguimiento de 5.7 años, y que ninguno de ellos padecía la enfermedad, o un trastorno del sueño, al inicio del estudio.

Posteriormente, el equipo utilizó los datos de los dispositivos de pulsera que los participantes usaron durante siete días para estudiar si existía una relación con la hora en la que los participantes se dormían en la noche.

El equipo descubrió que de los 3 mil 172 participantes, en promedio mil 371 se quedaron dormidos después de la medianoche durante los siete días que usaron el dispositivo, mil 196 se quedaron dormidos en la hora a partir de las 11 de la noche y 473 se quedaron dormidos en la hora a partir de las 10 de la noche. Solo 132 se durmieron antes de las 10 de la noche.

Tras considerar diversos datos, como la edad, el sexo, el hábito de fumar, el tiempo de sueño, la irregularidad del sueño, si tenían diabetes, su presión arterial y su situación socioeconómica, los investigadores descubrieron que los participantes que se dormían entre las 22:00 y las 22:59 tenían un menor riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares en comparación con aquellos que se dormían antes o después.

De forma más específica, las personas que se dormían a medianoche o más tarde tenían un 25% más de riesgo de desarrollar enfermedades cardiovasculares, mientras que aquellos que se dormían antes de las 10 de la noche tenían un 24% más de riesgo. Incluso el hecho de quedarse dormido una hora más tarde estaba vinculado a una diferencia: aquellos que se quedaban dormidos entre las 11 y las 11:59 de la noche tenían un 12% más de riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares en comparación con las personas que se quedaban dormidas en la hora anterior.

“Puesto que también realizamos un ajuste para todos los demás factores de riesgo cardiovascular más comunes, es evidente que esta asociación es significativa de algún modo”, señaló Plans.

El equipo comenta que los hallazgos parecen ser más sólidos en las mujeres que en los hombres, aunque los motivos de ello siguen siendo inciertos.

El estudio tiene limitaciones, entre ellas que solo se basa en datos de adultos de entre 43 y 79 años, y que los participantes del Biobanco del Reino Unido, una base de datos con información genética y sobre el estilo de vida que los investigadores utilizan para investigar un sinfín de problemas de salud, son predominantemente blancos. Plans explicó que es necesario realizar más investigaciones, con un mayor número de participantes, para analizar los resultados, y añadió que, por el momento, no hay pruebas suficientes para recetar a la población una hora determinada para dormirse.

Sin embargo, comentó que el estudio refuerza la importancia de la higiene del sueño, es decir, los hábitos que contribuyen a un buen descanso nocturno.

“La gente suele suponer que las enfermedades cardiovasculares son una consecuencia de las influencias fisiológicas”, dijo Plans. “Mientras que en realidad, la influencia del comportamiento en el sistema cardiovascular como consecuencia de la alteración circadiana es enorme”.