‘Si nos dan la oportunidad de hablar, la aprovecharemos’: dentro de la vida de las mujeres nativas estadounidenses
'Tenemos una historia en la que hemos sido silenciadas'… una imagen de Women of the White Buffalo. Foto: Deborah Anderson Creative

El cartel de Women of the White Buffalo, un documental sobre el pueblo lakota y su historia, surge de un retrato que la directora Deborah Anderson realizó para crear conciencia sobre las mujeres y niñas indígenas desaparecidas y asesinadas (MMIWG). La foto muestra a una mujer lakota, Delacina Chief Eagle, viendo directamente a la cámara con una mirada herida, su cabello desordenado, una pluma colgando de un lado y la huella de una mano roja que representa a MMIWG pintada sobre su boca.

Esa imagen, que originalmente se exhibió en la Leica Gallery en Beverly Hills junto con otros retratos, resulta cargada, recurriendo a temas regularmente utilizados para el consumo de los colonos durante el siglo pasado. La Jefa Águila, superviviente de violación y abusos, está modelada con el aspecto del nativo estoico que lleva una iconografía indígena reconocible, desde la pluma hasta la huella de la mano empleada como pintura de guerra. La foto es provocativa de una forma en la que también cumple su propósito.

Podemos suponer que el público de la Leica Gallery no era totalmente consciente de la violencia ejercida contra las mujeres indígenas y de las innumerables formas en que son silenciadas hasta que se enfrentó a estos retratos de mujeres lakota. Las mujeres indígenas de Estados Unidos son asesinadas a un ritmo hasta 10 veces superior al promedio nacional.

Anderson admite que tampoco tenía conocimiento de estos problemas antes de embarcarse en el documental, el cual actúa como un complemento explicativo de esas imágenes al cubrir 530 años de genocidio contados a través de la historia del pueblo lakota. “Realmente no me di cuenta de la magnitud de este proyecto hasta que lo emprendí“, comentó Anderson a The Guardian a través de una llamada de Zoom desde su casa en el norte del estado de Nueva York.

Al principio de nuestra conversación, Anderson deja en claro que no es lakota, reconociendo que la autoría al contar historias indígenas es un asunto polémico. Creció en el Caribe y estudió en Gran Bretaña. Su padre es el cantante Jon Anderson, líder de la banda Yes. Su origen étnico es escocés, irlandés y antillano. No se ha realizado una prueba de ADN para verificar la composición negra e indígena de su ascendencia antillana, pero supone que hay un componente arawak, taíno y/o indígena caribeño.

Explica su enrevesado viaje para contar esta historia, que comenzó escuchando por casualidad a unos fotógrafos en una tienda de cámaras en Palm Springs mientras hablaban de fotografiar caballos salvajes y búfalos en una reserva. Surgió su curiosidad por la vida en una reserva. Así pues, Anderson, que se dedicaba principalmente a fotografiar campañas publicitarias para marcas de moda y a trabajar con famosos, se fue a casa y buscó en Google “Native American Indian Women”.

“Lo que apareció fue tan espantoso para mí”, comenta Anderson. “Las mujeres indígenas desaparecidas y asesinadas, la falta de comprensión acerca de por qué desaparecían estas mujeres y que en realidad nadie estaba haciendo algo al respecto. Y entonces comencé a ver estas imágenes de cómo vivían estas nativas. Y eso fue todo. Simplemente supe que eso era lo que tenía que hacer”.

Women of the White Buffalo resume a grandes rasgos el genocidio de los pueblos indígenas por parte de Estados Unidos mediante el incumplimiento de los tratados, la matanza de búfalos y los internados, en los que están excavando los restos de los niños. El filme ilustra posteriormente las formas en que el genocidio continúa en la actualidad en reservas como Pine Ridge y Rosebud en Dakota del Sur, a través de la adicción, el suicidio y la victimización, mientras los oleoductos de combustibles fósiles introducen la contaminación y los trabajadores del petróleo en las reservas indígenas. Justo el mes pasado, la congresista estadounidense Alexandria Ocasio-Cortez presentó la correlación entre los “campos de hombres” establecidos para la extracción de combustibles fósiles y la violencia cometida contra las mujeres indígenas.

“No te das cuenta del efecto dominó”, señala Anderson. “Realmente eso es por lo que rezo para que este filme le obsequie a la gente: una comprensión de la historia y cómo una cosa afecta a la otra“.

Anderson no es precisamente la primera persona que realiza un filme en Pine Ridge. La reserva es uno de los lugares más pobres en Estados Unidos. Y su proximidad a Wounded Knee, el lugar donde se produjo una masacre en 1890 y un enfrentamiento con el FBI en 1972, la convierte en un atractivo para las cámaras de los noticieros y los cineastas, siendo la más prolífica la ganadora del Oscar Chloé Zhao. La directora de Nomadland y Eternals filmó sus dos primeros largometrajes, Songs My Brothers Taught Me y The Rider, en Pine Ridge.

De acuerdo con la cineasta lakota Razelle Benally, a pesar de su conflictiva historia, Pine Ridge es “una tribu acogedora”.

“Creo que es fácil ir a Pine Ridge solo para extraer historias de las personas”, comentó Benally a The Guardian en una llamada de Zoom. “Tenemos una historia en la que hemos sido silenciados. Somos pobres. Tenemos problemas de drogadicción, alcoholismo y abusos en general. Y obviamente esos problemas provienen de la colonización. Así que si se nos brinda una oportunidad, cualquier oportunidad, de hablar, generalmente la aprovecharemos porque es una oportunidad de ser escuchados”.

Benally, candidata a la maestría de bellas artes en la Universidad de Nueva York, que ha dirigido varios cortometrajes, expresó su cansancio respecto a los cineastas que no proceden de la comunidad y que cuentan la historia del pueblo lakota. Su temor general es compartido por toda la comunidad de cineastas indígenas de Estados Unidos y Canadá.

Las películas ya tienen un largo y tenso historial de tergiversar las comunidades indígenas, retratándolas como salvajes para justificar un genocidio. Esa tergiversación se remonta a los primeros westerns y al documental manipulado Nanook of the North, de Robert Flaherty, que tiene 100 años de antigüedad. En la actualidad, la ambivalencia podría estar dirigida a los cineastas colonos que se basan en temas o inciden en el trauma indígena para apoyar las narrativas de los salvadores blancos. Pensemos en Wind River, de Taylor Sheridan, que presenta a Jeremy Renner y Elizabeth Olsen como los héroes de una narración MMIW.

“Existe un aspecto salvador en el cine extractivo”, señala Benally. “Ahora todos quieren salvar al indio y (contar) nuestra historia porque es evocadora o porque creen que están descubriendo o desvelando algo más sobre nosotros, cuando hemos estado viviendo con las consecuencias de la colonización todo este tiempo“.

Benally, que todavía no había visto Women of the White Buffalo al momento de nuestra conversación, describe una tendencia entre los cineastas a fetichizar la lucha o la pobreza de los indígenas. Añade que Chloé Zhao realizó algo diferente al romantizar la lucha indígena en sus dos largometrajes. “¿Fue una auténtica visión lakota? No. Sus películas también pueden ser consideradas extractivas, porque utilizó una comunidad ajena a la suya en beneficio de su carrera”.

Existe un tejido conectivo entre los cineastas que llegan a una reserva para extraer historias indígenas y los colonos que llegan a las tierras indígenas para apropiarse de los recursos. Pero también existe una historia de películas que crean una conciencia crucial, como el documental de Michael Apted de 1992 Incident at Oglala, el cual expuso una injusticia cometida en Pine Ridge. La diferencia entre esa época y la actual es que hay más cineastas indígenas que encuentran la oportunidad de contar sus propias historias.

“Creo que en este momento hay muchos indígenas que realmente están dando un paso adelante y tomando el asunto en nuestras manos y mostrando al mundo que somos capaces”, expresa Benally, refiriéndose a una saludable comunidad mundial de cineastas indígenas liderada por Taika Waititi, Sterlin Harjo y Danis Goulet. “Cuando tenemos gente que hace estas películas por nosotros, nos infantiliza, como si no pudiéramos hacer las cosas por nosotros mismos, algo que claramente podemos hacer”.

Anderson comenta que es una gran fan de Reservation Dogs, de Harjo, una descarada comedia dramática sobre la vida en una reserva. Añade que entendió todos los chistes internos de una serie cargada de especificidad tras pasar cuatro años con las comunidades de Pine Ridge y Rosebud.

+”Realmente creé este filme con ellas”, comenta Anderson. Explica que la anciana Carol Iron Rope Herrera, ya fallecida, la invitó cordialmente a la comunidad. Añade que Herrera deseaba tener una plataforma para hablar sobre lo que estaba ocurriendo antes de morir. Herrera aparece en Women of the White Buffalo junto con otras mujeres lakota a quienes presentó a Anderson.

“Hablo con ellas constantemente, todavía”, dice Anderson. “Tengo una relación muy estrecha con la mayoría de las mujeres porque yo quería eso. No se trataba únicamente de ir y tomar una historia. Quería asegurarme de hacerlo bien desde el principio. No se trataba de decir: ‘Voy a entrar y entonces esta es mi versión de su historia’. Es su versión de su historia. Y a mí solo me pidieron que sostuviera esas historias de la forma correcta y que las uniera en una experiencia tangible y agradable por medio del filme”.
Women of the White Buffalo ya está disponible para renta en formato digital en Estados Unidos y próximamente se anunciará la fecha para Reino Unido.

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