A medida que la guerra se prolonga, los ucranianos comienzan a preguntar: ¿podríamos habernos preparado mejor?
Una mujer camina cerca de los militares ucranianos que vigilan una calle en Kiev el 24 de febrero. Foto: Ümit Bektaş/Reuters

Cuando la invasión de Rusia contra Ucrania comenzó en las primeras horas del 24 de febrero, con ataques masivos de misiles y el avance de una fuerza terrestre procedente de varias direcciones, muchos funcionarios importantes de Ucrania fueron aparentemente tomados por sorpresa. Algunos estaban profundamente dormidos.

Durante semanas hubo rumores de una posible invasión rusa, y la noche anterior los servicios de inteligencia estadounidenses y ucranianos recibieron información que indicaba que esa noche se produciría una invasión con casi total seguridad. No obstante, no se realizaron grandes esfuerzos de última hora para fortificar las ciudades cercanas a la frontera, ni para advertir a los ciudadanos de que se prepararan para lo inevitable.

El presidente Volodímir Zelenski se encontraba en su casa con su esposa e hijos. Numerosos funcionarios a cargo de regiones clave situadas cerca de la frontera, y alcaldes de ciudades que contienen objetivos militares estratégicos, contaron a The Guardian en entrevistas realizadas en las últimas semanas que se encontraban en la cama y se despertaron conmocionados por el ruido de los estallidos, en lugar de haber dedicado las últimas horas de paz a coordinar la defensa de sus ciudades.

Es posible que no hubiera marcado una diferencia de cualquier manera, pero ahora que la invasión rusa de Ucrania llega a la marca de los 100 días, algunos están comenzando a analizar el período de preparación de la guerra y se preguntan si se podrían haber tomado más medidas.

Se reconoce de forma generalizada, incluso entre los opositores políticos más acérrimos de Zelenski, que su liderazgo durante la guerra ha sido desafiante e inspirador. No obstante, junto con los elogios también hay preguntas sobre aquellas semanas previas a la guerra, en enero y febrero.

¿Por qué Zelenski se mantuvo escéptico ante las advertencias cada vez más alarmantes de los servicios de inteligencia estadounidenses de que Vladimir Putin estaba planeando una invasión a gran escala? ¿Pudo haber hecho más para preparar al país? ¿Habría producido un gran efecto?

“No queremos iniciar una investigación por el momento, pero no podemos evitarla en el futuro”, dijo Volodymyr Ariev, diputado del partido Solidaridad Europea del expresidente Petro Poroshenko. Señaló que su partido presionó durante semanas en el periodo previo a la invasión para que el gobierno tomara con mayor seriedad la amenaza de guerra.

Durante gran parte de enero y febrero, los estadounidenses afirmaron, tanto en privado como en público, que sus servicios de inteligencia indicaban que existía una gran probabilidad de que el aumento de la capacidad militar de Rusia no fuera un engaño.

Zelenski, por su parte, les recalcó a los estadounidenses que tenía que equilibrar los preparativos para la guerra con la inquietud sobre la economía, y les dijo a los ucranianos que no entraran en pánico. “Si todos piensan que habrá una guerra mañana, la economía estará en verdaderos problemas”, dijo en ese entonces un alto funcionario del gobierno.

Durante las primeras semanas del año se formalizaron las estructuras de “defensa territorial” de Ucrania, planeadas desde hace mucho tiempo, y muchos ucranianos comenzaron a buscar el búnker más cercano, mientras se hablaba de una guerra. Sin embargo, pocas personas realmente creían que la amenaza era real, y muchos millones de ucranianos no realizaron ni siquiera los preparativos elementales para el comienzo de un conflicto a gran escala y semanas de vida en búnkeres o sótanos. Para algunos, esta falta de planificación tendría terribles consecuencias cuando llegara la guerra.

Muchas personas se sintieron reconfortadas por los mensajes tranquilizadores de los altos funcionarios ucranianos. A finales de enero, Zelenski calificó como un “error” las frecuentes advertencias de Estados Unidos sobre una posible guerra. El 6 de febrero, su asesor Mykhailo Podolyak señaló que las posibilidades de resolver la crisis mediante negociaciones eran “sustancialmente mayores” que la amenaza de un ataque.

Los funcionarios ucranianos se sintieron cada vez más frustrados por las advertencias públicas de invasión realizadas por Washington. Cuando los funcionarios de defensa estadounidenses informaron a los medios de comunicación que Rusia había trasladado suministros de sangre cerca de la frontera, acto considerado como una señal de acción militar inminente, la viceministra de defensa ucraniana, Hanna Maliar, negó categóricamente el informe. “El objetivo de esa información es sembrar el pánico y el miedo en nuestra sociedad”, comentó entonces a The Guardian.

Sin embargo, conforme avanzaba el mes de febrero, los funcionarios estadounidenses estaban cada vez más convencidos de que los ucranianos –y algunos aliados europeos– no estaban tomando la amenaza con suficiente seriedad. Hubo frecuentes conversaciones telefónicas entre varios altos funcionarios de Washington y sus homólogos de Kiev.

El 11 de febrero, la embajada de Estados Unidos en Kiev convocó a los diplomáticos de un gran número de embajadas de la ciudad. Los visitantes fueron llevados a una parte segura de la embajada, en pequeños grupos cada vez, y se les entregaron hojas en las que estaba impresa la información sobre la probabilidad y la gravedad de la acción militar rusa, según dijeron tres personas que tenían conocimiento de las reuniones. Se les permitió tomar notas, pero no se les permitió llevarse los papeles.

Poco después, el resto de los diplomáticos estadounidenses en Kiev fueron evacuados a Lviv. “No solo ha llegado el momento de salir de Ucrania, sino que ya pasó el momento de salir de Ucrania”, señaló un alto funcionario del gobierno estadounidense. Otras embajadas siguieron a los estadounidenses hacia el oeste.

Los servicios de inteligencia ucranianos también recibían su propia información, y alrededor del 17 de febrero recibieron noticias sobre una serie de órdenes militares rusas que habían sido aprobadas y que sugerían que se estaba preparando algo importante. No obstante, seguía existiendo la incredulidad de que esto pudiera significar que los estadounidenses habían estado en lo cierto desde el principio.

“La mayoría de las personas creían que se limitaría a algo en el Donbás y que los rusos no intentarían llevar a cabo una operación a gran escala”, señaló una fuente cercana a los servicios de inteligencia ucranianos.

Algunas personas de los servicios estaban mucho más preocupadas que otras. “Te podías dar cuenta, por lo que te decían y por cuán preocupados estaban, de en qué servicios de inteligencia extranjeros tenían contactos”, explicó la fuente.

Cuando llegó la invasión, Zelenski y su equipo ignoraron los ofrecimientos de los países occidentales de evacuación, y proporcionaron un liderazgo enérgico que ayudó a poner en marcha los feroces esfuerzos de defensa ucranianos.

Por el momento, esta valentía y determinación, así como la necesidad de unidad en tiempos de guerra, han evitado cualquier reacción negativa sobre posibles errores cometidos durante el proceso de preparación.

Serhiy Taruta, empresario y miembro del parlamento que en 2014 fue el gobernador designado por Kiev de la región de Donetsk, comentó que era demasiado pronto para plantear cuestiones relativas a la concentración de tropas, aunque más adelante sería necesario entablar un debate.

“Por supuesto hay muchas preguntas, los rusos ya estaban escribiendo la letra Z en su equipo y todos decían que se avecinaba algo, y nuestros muchachos aquí decían ‘no se preocupen’. Pero eso es un tema para después de la guerra. Este es el momento de la consolidación de la sociedad”, dijo en una entrevista.

En retrospectiva, tal vez el mejor argumento para explicar la razón por la que muchas personas de la élite ucraniana no creían que los servicios de inteligencia de Estados Unidos pudieran ser precisos se encuentra en el desastroso fracaso del intento de Rusia de tomar las principales ciudades de Kiev y Kharkiv.

“Simplemente, no cuadraba”, señaló la fuente cercana a los servicios de inteligencia. “¿La toma de Kiev y de todo el país en pocos días? Pensamos que sería un desastre para Rusia. Y lo fue. No creíamos que Putin pudiera ser tan tonto”.

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