¿Las prohibiciones del aborto impedirán la formación nuevos ginecólogos y obstetras?
La proliferación de las prohibiciones del aborto en los Estados Unidos repercutirá en toda una generación de profesionales del sector salud. Foto: Allison Bailey/REX/Shutterstock

Era el momento que Dani Mathisen había esperado con ansia durante semanas. Ella y su esposo observaban la pantalla del ultrasonido mientras la varilla atravesaba la consistencia gelatinosa de su estómago. Como doctora, Dani podía interpretar ella misma las imágenes de la ecografía de la semana 20, e inmediatamente comenzó a ver los problemas de su embarazo.

Los pies de su hija no se estaban formando adecuadamente. Una operación de huesos puede arreglarlo, pensó.

Solo había un riñón. Pero solo necesitas un riñón.

Una pequeña burbuja en la base de la columna vertebral indicaba defectos del tubo neural. Un neurocirujano podría solucionar eso. La escoliosis encorvaba la columna vertebral. Un cirujano ortopédico podría arreglar eso.

Y entonces llegaron al cerebro. Nunca se había desarrollado; no había estructuras identificables.
Un cirujano no puede arreglar eso, pensó, inundada de tristeza. Nadie puede arreglar eso.

Dani siempre quiso ser dos cosas en la vida: una buena doctora y una buena madre. Ambas metas parecían ir por buen camino. Estaba terminando la carrera de medicina, y ella y su esposo compraron una casa con un dormitorio extra que sería perfecto para el cuarto del bebé. Llamaron a su feto en crecimiento Mini.

Sin embargo, al ver las imágenes de la ecografía, comprendió que ser una buena doctora y una buena madre significaba interrumpir el embarazo.

No obstante, Dani vivía en Texas, donde los abortos estaban prohibidos después de las seis semanas a partir de septiembre, el mismo mes en que le realizaron el ultrasonido. Finalmente pudo reservar una cita en otro estado, con un médico que no conocía. Su esposo no tuvo permitido entrar a la clínica con ella debido a las restricciones del Covid-19, y ella no pudo mantener su teléfono con ella. La intervención duró 14 horas.

Después de su experiencia, Dani, una tejana de toda la vida, se mudó lejos de su casa para hacer su residencia médica en un estado donde el derecho al aborto está protegido, en parte por si alguna vez vuelve a necesitar cuidados como este, pero sobre todo para poder convertirse en una “ginecóloga obstetra completa, que tenga todas las herramientas en su arsenal”, explicó. La revocación de los derechos reproductivos por parte de la Corte Suprema de Estados Unidos en junio no hizo más que reforzar la decisión.

Las prohibiciones del aborto afectan en primer lugar a las personas embarazadas que necesitan atención. No obstante, la proliferación de las prohibiciones en los estados de Estados Unidos también repercutirá en toda una generación de profesionales del sector salud.

“Va a cambiar la forma en que se practica la medicina”, señaló Kavita Vinekar, profesora clínica auxiliar de la Facultad de Medicina David Geffen de la UCLA y coautora de un estudio sobre la forma en que la restricción del aborto repercute en la formación médica. En lugar de ofrecer una atención basada en “la toma de decisiones clínicas, en pruebas concluyentes y en el conjunto de conocimientos que tenemos en medicina, nos veremos obligados a actuar en un entorno que realmente está marcado por la confusión y el miedo”.

La formación sobre la atención para el aborto no es obligatoria en las facultades de medicina de Estados Unidos, no obstante, algunos programas ofrecen conferencias u oportunidades para asistir a los médicos. Los programas de residencia de ginecología y obstetricia son los únicos que están obligados, por un consejo nacional de acreditación, a capacitar a los médicos en la atención para el aborto –incluyendo los procedimientos, la orientación y el manejo de las complicaciones–, aunque los residentes pueden decidir no realizar los procedimientos si así lo desean. Los programas de residencia de ginecología y obstetricia en los estados que prohíben el aborto podrían verse obligados a ofrecer opciones de capacitación fuera del estado o formación alternativa para mantener su estatus de acreditación, según las normas que se están actualizando tras la decisión de la Corte Suprema.

‘Van a crear una generación de ginecólogos y obstetras que no han estado expuestos a este tipo de procedimientos en absoluto’. Danielle Jones

“Van a crear una generación de ginecólogos y obstetras que no han estado expuestos a este tipo de procedimientos en absoluto”, señaló Danielle Jones, ginecóloga obstetra y comunicadora científica que estudió y vivió la mayor parte de su vida en Texas antes de dejar el estado hace aproximadamente seis meses.

Los médicos que no se sienten capaces o no están seguros de su capacidad para ofrecer atención para el aborto también pueden ver limitadas sus habilidades en otras áreas de atención. “Gran parte de lo que aprendemos en la atención para el aborto abarca mucho más que la atención para el aborto”, comentó Vinekar. Muchos de los procedimientos son los mismos para otras complicaciones de salud reproductiva, como la gestión de abortos naturales o las evacuaciones uterinas. “Todas esas son situaciones que surgen independientemente de si el aborto es legal o no en tu estado, y los médicos tienen que contar con una buena formación y ser capaces de afrontar estos escenarios que, en ocasiones, son emergentes”.

En los estados que cuentan con la prohibición del aborto, el Colegio Americano de Obstetras y Ginecólogos (ACOG) “trabajará con aquellos estados de forma específica para abordar y garantizar una formación adecuada”, indicó la codirectora ejecutiva, la Dra. Maureen Phipps, en una conferencia de prensa sobre la decisión del caso Dobbs. No obstante, advirtió, “no es algo sencillo. Tendremos que trabajar mucho para garantizar esa formación”. La organización también ofrecerá recursos y responderá preguntas individuales de los miembros relativas al mosaico de leyes estatales, comentó.

El gobierno de Biden recientemente se comprometió a proteger el derecho al aborto cuando la vida de la paciente esté en peligro. Sin embargo, el embarazo, especialmente en Estados Unidos, ya es extremadamente peligroso. Los médicos temen que haya un entorno en el que tengan que esperar a que las pacientes se encuentren al borde de la muerte antes de proporcionarles el tratamiento que necesitan, sobre todo si tienen que pedir autorización en situaciones en las que unos pocos minutos pueden significar la diferencia entre la vida y la muerte.

En Texas, Dani vio cuán cerca de la muerte tenían que estar las pacientes embarazadas antes de que un médico pudiera intervenir. En sus rotaciones en la facultad de medicina, vio a pacientes con una presión arterial peligrosamente alta –lo cual las ponía en riesgo de sufrir derrames cerebrales y daños neurológicos– o que estaban desarrollando una septicemia evidente, una infección potencialmente mortal, pero cuyos médicos estaban obligados a esperar hasta que su estado empeorara antes de interrumpir el embarazo.

“¿Sabes las cosas malas que pueden ocurrir, y solo tienes que sentarte y esperar hasta que sean lo suficientemente malas? Eso es horrible”, comentó Dani. “Para mí, eso va en contra de ‘no hacer daño’ porque está ocurriendo, el daño está ocurriendo. Solo que no es lo suficientemente dañino”.

El hecho de permanecer embarazada habría expuesto a Dani a un daño potencial, mientras que el resultado de Mini habría sido el mismo independientemente de lo que sucediera. Todo lo que Dani podía hacer era aliviar el sufrimiento.

Un cerebro no desarrollado significaba que la bebé moriría antes del parto o poco después de nacer, porque no habría ningún estímulo respiratorio que le hiciera respirar. Si Mini sobrevivía al parto, se asfixiaría lentamente hasta morir, y no había manera de salvarla.

“No era realmente una decisión porque nadie elegiría que su hijo viviera y muriera así. Habría sido una muerte muy dolorosa en la que al final se habría quedado sin oxígeno”, explicó Dani.

Y el hecho de ver morir a Mini habría dificultado o imposibilitado que Dani trabajara como doctora. “No creo que hubiera sido capaz de regresar a la medicina después de ver morir a mi hija”, comentó. “No sería capaz de revivir eso cada vez”.

Los médicos que se vean obligados a ver cómo las pacientes soportan semejante peligro y traumatismo van a tener que luchar contra la caída de la moral y el desgaste, señaló Vinekar.

“No puedo pensar en nada que pueda hacer que las personas abandonen la atención médica debido a esa impotencia”, dijo Vinekar. “La razón por la que estamos en este campo es para ayudar a la gente”. Pero “obligar a las personas a sufrir el riesgo de un embarazo en contra de su voluntad quizás es una de las cosas más inhumanas que se pueden hacer”.