La enfermedad que se puede contraer por respirar el aire de California
La fiebre del valle está aumentando en el Valle Central de California a medida que la crisis climática crea un paisaje seco en el que prospera el hongo que causa la enfermedad. Foto: Mario Tama/Getty Images

La enfermedad que cambiaría la vida de Rob Purdie comenzó con un dolor de cabeza, un dolor espantoso que empezó cerca de Año Nuevo de 2012 y que persistió durante meses.

Solo después de varios viajes a centros de atención de urgencias, múltiples médicos y diagnósticos incorrectos –desde sinusitis hasta cefaleas en racimo– supo lo que le ocurría.

El residente de Bakersfield, California, padecía una meningitis causada por la fiebre del valle, una enfermedad originada por el coccidioides, un hongo endémico del suelo del suroeste de Estados Unidos. Le siguieron años de una enfermedad debilitante, luchas para encontrar tratamientos eficaces y otras dificultades.

“Se llevó todo, mi salud”, comentó Purdie. “Tuvo un gran impacto en mi familia. Perdimos todo, toda nuestra seguridad financiera, toda nuestra jubilación”.

El padre de dos hijos forma parte del pequeño porcentaje de personas que desarrollan tipos graves de fiebre del valle, la mayoría de las personas no se enferman después de la exposición y muy pocas presentan síntomas graves. Sin embargo, para aquellos que desarrollan la forma crónica de la enfermedad, esta puede resultar devastadora.

La fiebre del valle está aumentando en el Valle Central de California, como ha ocurrido durante años, y los expertos señalan que en el futuro los casos podrían aumentar en todo el oeste estadounidense a medida que la crisis climática haga que el paisaje sea más seco y caluroso.

El condado de Kern, ubicado justo al norte de Los Ángeles en el extremo del Valle Central, ha registrado un aumento sustancial durante la última década. El condado, donde vive Purdie, registró alrededor de mil casos en 2014. En 2021, hubo más de 3 mil casos, según los datos de salud pública.

Alimentándose de la crisis climática

Las pruebas y el conocimiento sobre la fiebre del valle han mejorado en los últimos años, y al mismo tiempo el condado ha crecido, lo cual ha provocado un mayor número de casos. No obstante, también se ha registrado un importante crecimiento de la enfermedad, señaló el Dr. Royce Johnson, director médico del Valley Fever Institute en Bakersfield.

“Actualmente existen muchísimos más casos de fiebre del valle. Me doy cuenta de ello simplemente por el trabajo”, comentó Johnson. “Creemos que la mayor parte está relacionada con el clima y las condiciones meteorológicas”.

El hongo que causa la fiebre del valle necesita condiciones cálidas y secas para sobrevivir, condiciones que proporciona el suroeste de Estados Unidos, explicó Morgan Gorris, científica del sistema Tierra del Laboratorio Nacional de Los Álamos quien ha estudiado la relación entre la crisis climática y la fiebre del valle, o coccidioidomicosis.

“Gran parte del oeste de Estados Unidos ya es muy seco. Cuando observamos las predicciones del cambio climático, se prevé que la mitad occidental de Estados Unidos siga siendo bastante seca y eso seguirá favoreciendo la fiebre del valle”, señaló Gorris.

El hongo crece en el suelo como un filamento, explicó Johnson, que se segmenta y se rompe y se transmite por el aire cuando se le altera, llegando a desplazarse hasta 120 km; incluso ha infectado a nutrias marinas. Las personas pueden quedar expuestas a la fiebre del valle al excavar en la tierra no removida o simplemente por respirar.

“Una persona que vive en Long Beach y viaja en automóvil hacia el Área de la Bahía y tiene la ventana abajo en la interestatal 5 puede contraer la fiebre del valle”, señaló Johnson. “Si estás llevando a cabo una excavación arqueológica en las faldas de las montañas al oeste de (Bakersfield) es posible… básicamente estás parado arriba de ella”.

Se cree que las personas que trabajan al aire libre corren un mayor riesgo. El verano pasado, siete bomberos que acudieron a los incendios registrados en los alrededores de la sierra de Tehachapi, al sureste de Bakersfield, sufrieron enfermedades respiratorias.

A tres de ellos se les diagnosticó fiebre del valle, según indica un artículo publicado por los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC).

Alrededor del 40% de las personas desarrollan una enfermedad respiratoria que puede ser muy leve, según explicó Johnson, y un 1% presenta consecuencias más graves. La mayoría de las personas no se enfermará después de la exposición al hongo, y entre aquellos que sí se enferman, los expertos calculan que muy pocos reciben un diagnóstico de fiebre del valle.

En Estados Unidos, principalmente en Arizona y California, se reportaron aproximadamente 20 mil casos de fiebre del valle a los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades en 2019 y un promedio de cerca de 200 muertes asociadas cada año desde 1999 hasta 2019, según los datos más recientes disponibles.

Las investigaciones realizadas por Gorris y otros han demostrado que la crisis climática podría expandir las zonas en las que se encuentra la fiebre del valle. En una hipótesis de calentamiento climático con altas emisiones de gases de efecto invernadero, la zona endémica de la fiebre del valle se expandiría hacia el norte, llegando a la frontera entre Estados Unidos y Canadá en el año 2100, explicó Gorris sobre la investigación.

En una hipótesis más moderada, con un menor calentamiento y menos emisiones, se produce una menor expansión de la enfermedad hacia el norte, señaló.

“Si se mitiga el cambio climático se podrían mitigar los efectos sobre la salud que produce la fiebre del valle”, explicó. “Es importante entender que no se trata únicamente del pesimismo”.

En California, conforme el clima cambie a periodos más intensos de lluvias y posteriores temporadas secas, condiciones en las que prospera la fiebre del valle, podría haber más casos, añadió.

Concientización

Purdie se enfermó después de un periodo semejante, un año húmedo seguido de un clima seco, recuerda. En aquel momento, vivía a unos cuantos acres en las afueras de Bakersfield, donde solía pasar tiempo al aire libre.

La fiebre del valle trastornó su vida. Purdie, que en ese entonces era asesor financiero, se esforzó por trabajar y tuvo que vender preciados recuerdos familiares para mantener a su familia mientras intentaba controlar la enfermedad.

Al final pudo encontrar el tratamiento adecuado, el cual requiere cuatro pastillas al día y medicamentos administrados directamente en su cerebro cada 16 semanas. Es un tratamiento difícil que le provoca fuertes vómitos, en ocasiones hasta el punto de casi desmayarse. Algunas veces, Purdie tiene dificultades para relacionarse con las personas y mantener conversaciones.

Sin embargo, se ha convertido en un activista de la concientización sobre la fiebre del valle y pudo retomar su trabajo. Trabaja para el Valley Fever Institute como coordinador de desarrollo de programas y pacientes.

“Padezco un tipo muy grave de fiebre del valle”, explicó. “La enfermedad puede ser muy aterradora y muy debilitante. Pero no quiero que las personas le teman. Quiero que las personas sean conscientes de ella”.