El hallazgo en el domicilio de Pence plantea una pregunta: ¿por qué se dejaron sin protección los documentos clasificados?
'Existen grandes diferencias entre la situación de Trump, por una parte, y la de Biden y Pence, por otra', señala un profesor de Derecho. Foto: Ryan M Kelly/AFP/Getty Images

El hallazgo de documentos clasificados en el domicilio del exvicepresidente estadounidense Mike Pence, después de incidentes similares en los que se vieron implicados el presidente Joe Biden y el expresidente Donald Trump, está provocando un nuevo escrutinio sobre los procedimientos del gobierno para manejar y proteger sus secretos más delicados.

El Departamento de Justicia y el FBI están investigando cómo una docena de documentos marcados como clasificados aparecieron la semana pasada en un lugar poco seguro de la residencia de Pence en el estado de Indiana, dos años después de que él y Trump dejaran sus cargos.

Mientras tanto, el fiscal general, Merrick Garland, designó asesores especiales independientes para que investiguen lo que se cree que son alrededor de una docena de documentos encontrados en la casa de Biden en Delaware y en su oficina en Pensilvania, así como muchos miles de documentos incautados por el FBI en el complejo Mar-a-Lago de Trump en Florida el año pasado.

Las últimas revelaciones han llevado a políticos y analistas a pedir que se refuerce la forma en que se manejan los documentos clasificados al final de una presidencia, y a exigir una mayor supervisión de la agencia federal responsable de protegerlos y transportarlos durante el traspaso de poderes.

También se plantean interrogantes sobre si Estados Unidos tiene un problema de exceso de material clasificado, dado el número de documentos descubiertos hasta la fecha en posesión de altos cargos electos y excargos electos.

“Es evidente que el proceso no funciona”, señaló el congresista republicano por Florida Mike Waltz, miembro del comité de servicios armados de la Cámara de Representantes, a la cadena Fox News.

“Tenemos que examinar detenidamente la GSA (Administración General de Servicios) y la forma en que ellos y la comunidad de servicios de inteligencia empacan estos documentos (y) los hacen llegar a dondequiera que vaya el presidente o el vicepresidente”.

Los republicanos que pretendían obtener un beneficio político del descubrimiento de documentos en el domicilio y el despacho del demócrata Biden, correspondientes a sus dos mandatos como vicepresidente de Obama, se vieron sofocados por la revelación de que Pence, el más reciente vicepresidente de su propio partido, al parecer también se llevó consigo documentos confidenciales.

En ambos casos, los políticos insistieron en que desconocían la existencia de dichos documentos e, inmediatamente después de su descubrimiento, sus abogados contactaron a los Archivos Nacionales, que a su vez alertaron al Departamento de Justicia.

Todo ello contrasta notablemente con el manejo que hizo Trump de más de 11 mil documentos, incluidos cientos de documentos clasificados y de alto secreto, que sacó de la Casa Blanca en enero de 2021 y guardó en cajas en su complejo de Mar-a-Lago, en Florida.

El expresidente opuso resistencia a las peticiones de que devolviera los documentos, que al parecer incluían secretos nucleares y militares de una potencia extranjera, a los Archivos Nacionales, lo que motivó la redada del FBI del verano pasado y, que en noviembre Garland designara al fiscal especial Jack Smith para que investigara el asunto.

“Desde el punto de vista cuantitativo y cualitativo, existen grandes diferencias entre la situación de Trump, por una parte, y la de Biden y Pence, por otra”, señaló Carl Tobias, profesor de Derecho de la Facultad Williams de la Universidad de Richmond.

“El FBI dice que Trump tenía 11 mil documentos, la mayoría en Mar-a-Lago, y varios cientos de documentos clasificados. Hasta ahora respecto a Biden es un número minúsculo comparado con eso, tal vez 25, y solo algunos eran clasificados, y parece aún menor en el caso de Pence”.

“También el comportamiento, si nos fijamos en Pence y Biden, podría ser negligente, o simplemente falta de cuidado. No hay ninguna idea de que tuvieran intención de hacer algo, lo que aparentemente es el caso de Trump. Esas diferencias son bastante importantes”.

El episodio, no obstante, es vergonzoso para Pence, quien insistió: “No lo hice” cuando la cadena ABC News le preguntó en noviembre si se había llevado material clasificado de la Casa Blanca.

Sus aliados políticos no tardaron en salir en su defensa. La congresista neoyorquina y partidaria de Trump Elise Stefanik, presidenta de la conferencia republicana de la Cámara de Representantes, comentó a los periodistas que Pence no hizo nada malo, al tiempo que afirmó sin pruebas que un FBI “convertido en arma” estaba implicado en un encubrimiento destinado a proteger a Biden.

Tobias señaló que estos episodios también indicaban un problema con la forma en que el gobierno decide qué debería ser clasificado.

“Cada año se generan cientos de miles de documentos clasificados, es difícil mantener un registro de todo eso y puede que tengamos un problema de clasificación excesiva. Quizás el Congreso pueda aprobar alguna ley para tratar de resolverlo”, señaló.

“Simplemente hay tantos documentos que no se puede esperar que se haga un seguimiento de todos ellos. Las personas deberían ser más cuidadosas con los documentos, pero tampoco deberían clasificar todo en exceso hasta el punto de no poder manejarlo”.

Los representantes de tres expresidentes vivos, Barack Obama, George W. Bush y Bill Clinton, comentaron a la cadena CNN que entregaron todos los documentos clasificados a los Archivos Nacionales antes de dejar la Casa Blanca, tal como lo hizo la oficina del difunto George H. W. Bush.

El analista jurídico Chris Swecker, exdirector adjunto del FBI, explicó a la cadena Fox que le preocupaba que tres ocupantes actuales y recientes de la Casa Blanca parecieran no haber hecho lo mismo.

“Estos políticos tienen que entender de dónde procede esta información. Simplemente no pueden llevársela a casa”, indicó.